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FUKATSU - Capítulo 17

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  4. Capítulo 17 - 17 ¿TU QUE CREES
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17: ¿TU QUE CREES?

17: ¿TU QUE CREES?

Ren no cayó.

Eso fue lo primero que entendió.

No había viento, ni velocidad, ni impacto.

El vacío era el mismo que había sentido aquel día.

El mismo silencio imposible.

El mismo lugar donde el mundo parecía haberse rendido antes de existir.

El trono estaba allí.

Solo verlo hacía que el pecho le doliera, como si su corazón recordara algo que su mente había decidido olvidar.

Ren avanzó.

No porque quisiera, sino porque quedarse quieto era peor.

Cuando sus dedos tocaron la superficie del trono, el suelo dejó de ser suelo.

Se volvió líquido.

Pero no lo tragó.

Ren se hundió… flotando.

Su cuerpo descendía mientras la sensación era la opuesta, como si el universo se invirtiera solo para burlarse de él.

El vacío se abrió, inmenso, interminable, tan grande como el espacio entre estrellas muertas.

Entonces apareció el piso.

Una habitación.

Normal.

Demasiado normal.

Paredes gastadas.

Una cama desordenada.

Posters de The Beatles pegados por todos lados, algunos torcidos, otros rotos, otros tan viejos que los colores se habían rendido.

Ren sintió un miedo visceral, ilógico.

No entendía por qué, pero su cuerpo sí.

Debajo de la cama había un niño.

Encogido.

Temblando.

Los ojos abiertos, clavados en la puerta.

El sonido de una cerradura rompiendo el silencio fue como un disparo.

La puerta se abrió de golpe.

Un hombre entró tambaleándose, el olor a alcohol llenando la habitación antes que su voz.

—¡¿DÓNDE ESTÁS?!

—gritó—.

¡SIEMPRE LO MISMO CONTIGO!

Una mujer apareció desde el fondo.

—¿Por qué volviste así?

—dijo, cansada, no asustada—.

Te dije que no volvieras borracho.

El golpe fue seco.

La boca de la mujer se rompió contra la pared.

La sangre apareció de inmediato.

El hombre la sostuvo del cuello, demasiado cerca, demasiado familiar.

—Te extrañé —murmuró—.

No puedes dejarme así.

Ella intentó huir.

Alcanzó el teléfono.

No llegó.

El hombre la agarró del brazo y miró hacia la cama.

—Ren —dijo—.

Ven.

El niño salió.

Temblando.

—Prepara comida —ordenó el hombre—.

Ya sabes cómo me gusta.

Ren dio un paso al frente.

—¡Alto!

—gritó.

Nadie lo escuchó.

El mundo se dobló.

Ren cayó otra vez.

Regresó al vacío.

Y allí estaba él.

Sentado en el trono.

La figura monstruosa.

Humanoide solo de forma aproximada.

Miembros demasiado largos, sombras que no obedecían a la luz.

Los ojos dorados apagados lo miraban con una calma insultante.

—¿Qué pasa?

—dijo la cosa—.

¿Te doy miedo… o es que lo que eres lo hace inevitable?

Ren tragó saliva.

—¿Estoy muerto?

—preguntó.

La figura ladeó la cabeza.

—¿Tú qué crees?

El vacío se desmoronó.

La oscuridad se convirtió en una biblioteca infinita.

Estanterías hasta donde alcanzaba la vista.

Libros viejos, rotos, manchados.

El ser tomó uno al azar, lo abrió… al revés.

—No sé qué hago —dijo—.

No sé leer.

Cerró el libro de golpe.

—Pero lo que sí sé es que estás en un pequeño problema.

Caminó entre las estanterías sin mover realmente los pies.

—Esos niños —continuó— te causaron bastantes inconvenientes.

Molestos.

Ruidosos.

Heroicos.

—Suspiró—.

Pero bueno… un alma será suficiente.

Se giró hacia Ren, sonriendo.

—Te tengo que controlar.

Pero no seamos aburridos.

Chasqueó los dedos.

—Te las daré todas.

Ni una menos.

Ni una más.

Una jaula apareció en el aire.

Dentro, pequeños pájaros revoloteaban desesperados.

La figura abrió la puerta.

Los pájaros salieron… y se incendiaron.

No ardieron.

Se transformaron.

Fuegos azules flotaron por la biblioteca, silenciosos, observando.

Uno a uno regresaron a la jaula, entrando solos, obedientes.

La figura la sostuvo frente a Ren.

—Mete la mano.

Ren dudó.

La jaula vibraba.

—Vamos —dijo la cosa—.

Ya sobreviviste cosas peores.

Ren metió la mano.

El fuego azul lo envolvió.

Y entonces empezó a sentirse consumido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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