FUKATSU - Capítulo 2
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2: TERROR 2: TERROR El rugido del Sokuryu adulto sacudió el aire, como si la isla misma temblara ante su furia.
Ren no Tsuki quedó paralizado, incapaz de respirar.
Sus piernas temblaban tanto que apenas podía mantenerse en pie.
Frente a él, entre los árboles destrozados, emergió la criatura: una masa de músculos, escamas y garras, con ojos como brasas encendidas.
Medía al menos veinte metros de altura, y cada paso hacía que el suelo retumbara como un tambor de guerra.
Ren retrocedió instintivamente.
El instinto de supervivencia gritaba en su interior: “Corre, corre ahora.” Y sin pensarlo, obedeció.
Se adentró en la espesura, apartando ramas que le arañaban la piel y tropezando con raíces ocultas bajo la tierra.
El Sokuryu rugió detrás de él, y aunque no lo alcanzaba aún, el simple sonido de su respiración lo hacía sentir que la muerte estaba a centímetros.
El joven apenas entendía qué estaba ocurriendo.
Su corazón golpeaba con tanta fuerza que pensó que se le saldría del pecho.
El aire le quemaba los pulmones.
Pero entonces, un nuevo rugido resonó más cerca, más feroz.
El Sokuryu había olfateado algo.
Ren, confundido, miró su torso: su pecho estaba manchado de sangre.
La sangre que salpicó de la cría al morir.
Esa misma marca de muerte lo delataba.
El Sokuryu adulto gruñó, bajando la cabeza para seguir el rastro como un depredador implacable.
—No… no, no… —balbuceaba Ren entre jadeos, con lágrimas en los ojos mientras corría a ciegas.
De pronto, el suelo cedió bajo sus pies.
El joven cayó varios metros en la oscuridad, golpeando contra tierra blanda y húmeda.
Una nube de polvo lo envolvió.
Arriba, el Sokuryu asomó su gigantesca cabeza, olfateando la entrada cubierta de ramas y hojas.
Por un instante que pareció eterno, Ren creyó que todo terminaría allí.
El monstruo aspiró con fuerza, gruñó con rabia, y finalmente retrocedió, alejándose lentamente, perdiéndose entre los árboles.
El silencio volvió, pero el eco de su rugido seguía vibrando en los huesos de Ren.
El joven quedó tendido en el suelo de la cueva, respirando con dificultad, temblando por el miedo.
No sabía si reír de alivio o llorar de terror.
Había sobrevivido… pero solo por accidente.
Cuando al fin sus ojos se acostumbraron a la penumbra, notó algo extraño en las paredes.
Con manos temblorosas, se acercó.
Allí, grabados en la piedra, había dibujos antiguos.
Líneas marcadas con precisión, símbolos que no entendía y formas que parecían mapas.
Uno mostraba un contorno parecido a la isla.
Otro, figuras de criaturas enormes, similares al Sokuryu.
Ren extendió la mano, rozando con los dedos la piedra fría.
En ese momento, el cristal de su muñeca brilló tenuemente, reaccionando a las marcas.
La cueva parecía esconder secretos mucho más antiguos que él mismo, secretos que quizás eran la clave para comprender dónde estaba… y por qué había despertado allí.
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