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FUKATSU - Capítulo 21

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21: EGO 21: EGO Desde que el Rey murió, nada volvió a sentirse normal.

No lo decían.No lo hablaban.Pero todos lo sabían.

Ren había cambiado.

No solo era más fuerte.Era más… distante.

Más silencioso.

Más rápido para actuar y más lento para explicar.

Y eso era peligroso.

Porque en esta isla, el que se separa demasiado del grupo, no sobrevive.Y el grupo tampoco.

Ren despertó a la una de la mañana.

No fue insomnio.

Fue hambre.

Un hambre profunda, casi animal, que le apretaba el estómago aunque hubiera comido bien.

Se levantó sin hacer ruido.

La madera vieja de la cabaña crujió bajo sus pies, pero nadie se movió.

Afuera, la noche era densa.

Sin luna clara.

Sin estrellas definidas.

Perfecta.

Comenzó a entrenar.

Los movimientos antiguos.

Los cortes básicos.

Las secuencias que repetía desde el primer día.

Demasiado fáciles.

Su cuerpo ya no se esforzaba.

No sudaba.

No temblaba.

Era como si estuviera ejecutando recuerdos en lugar de acciones reales.

Entonces lo sintió.

La satisfacción.

No la del progreso.

La del minotauro.

El momento exacto en que su espada cortó el cuello.

El instante en que la sangre salió caliente.

El silencio posterior.

Había disfrutado eso.

La realización le dio más miedo que cualquier enemigo.

Un crujido interrumpió el pensamiento.

Un duende emergió entre los árboles.

Pero no era como los otros.

Era más alto que un humano.

Pálido.

Musculatura exagerada, como si su cuerpo estuviera inflado a la fuerza.

Sus ojos no tenían rabia.

Tenían frialdad.

Ren no retrocedió.

Comparado con el Rey.Comparado con las visiones.Comparado con lo que lo asfixió en la base… Esto era pequeño.

El golpe llegó antes de que terminara de pensar.

Un impacto seco en el abdomen.

Ren salió disparado y atravesó un árbol con la espalda.

El aire abandonó su cuerpo.

Por un segundo, vio negro.

Se levantó lentamente.

Sonrió.

Y el instinto respondió.

Sus ojos se tiñeron de rojo.Del anillo brotaron marcas oscuras que se extendieron por su brazo como raíces quemadas.

El aire cambió.

El duende lo sintió.

Miedo.

Reaccionó con brutalidad.

Clavó sus dedos en su pecho y comenzó a murmurar.

Un ritual.

Antiguo.

Su piel empezó a arder desde dentro.

No fuego visible.

Era como si su sangre estuviera siendo reemplazada por algo más.

Su tamaño aumentó.

El suelo se agrietó bajo sus pies.

Y entonces vino la destrucción.

Un tornado nació de la nada, arrastrando árboles, tierra, rocas.

Todo giraba.

Todo era ruido.

El aire cortaba como cuchillas.

Pero dentro del caos… La sombra de Ren se movió.

No en el suelo.

Desde su espalda.

Se elevó y lo envolvió en un capullo negro, compacto, silencioso.

El tornado lo golpeó sin piedad, pero no logró penetrarlo.

Cuando el viento murió… El capullo se abrió.

Ren salió diferente.

Colmillos.Alas oscuras apenas visibles.Marcas que parecían absorber el color del entorno.

El duende, que ya se estaba consumiendo por su propio ritual, intentó lanzarse en un último ataque suicida.

No llegó.

Un movimiento.

Y su cuerpo se desintegró en polvo fino.

No hubo sangre.No hubo grito.

Solo ausencia.

Las alas se disiparon.

Las marcas se retrajeron.

El rojo quedó en un solo ojo.

Ren respiró hondo.

Entre el polvo había algo intacto.

Una hoja.

Símbolos.

Garabatos que no parecían escritos por manos humanas.

Ren la tomó.

Y desapareció.

El estruendo había despertado a Akane antes de que el tornado se formara por completo.

Ella lo sintió.

No fue el sonido.

Fue la presión en el pecho.

Ryu también salió.

Vieron la última estela de movimiento cuando Ren se internó en el bosque.

No hablaron de inmediato.

Ambos sabían lo mismo.

Ren estaba empezando a avanzar solo.

Y eso no termina bien.

—Alguien tiene que quedarse con Hikari —dijo Ryu al fin.

No era cobardía.

Era estrategia.

Si algo salía mal, alguien debía mantener el núcleo vivo.

Akane no discutió.

Tomó la hoja que Ren había dejado caer en su impulso.

La miró un segundo.

No entendió los símbolos.

Pero entendió algo más importante: Ren no estaba persiguiendo a un enemigo.

Estaba persiguiendo respuestas.

Y las respuestas son más peligrosas que las bestias.

—Prométeme que volverán los dos —dijo Ryu.

Akane guardó el papel.

Sus ojos no temblaban.

—No voy a seguirlo —respondió con calma.

Ryu frunció el ceño.

—Voy a alcanzarlo.

Y se internó en la oscuridad.

No porque fuera la más fuerte.

Sino porque entendía algo que Ren todavía no había aceptado: Un líder que corre solo termina creyendo que ya no necesita a nadie.

Y ese es el principio del fin.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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