Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 104
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Capítulo 104: Un Poder que No Pertenece a Este Mundo
La brisa marina arrastraba cenizas y polvo sobre la devastada isla de Dermline. La batalla había terminado. Hadlar había desaparecido en un destello de luz, su cuerpo cortado diagonalmente por el golpe de Excalibur.
Desde los cielos, descendía con calma una figura envuelta en un resplandor dorado y su mirada permanecía inmutable. Sholan aterrizó con la misma tranquilidad con la que había ejecutado su ataque, como si la lucha contra el general del Rey Oscuro hubiera sido apenas un calentamiento. A su lado, Wanda descendió suavemente, su cuerpo brillando con restos de su energía mágica.
Dai, con el rostro cubierto de polvo y su espada aún temblorosa en su mano, apretó los dientes y corrió hacia él.
—¡¿Por qué no ayudaste antes?! —gritó el niño con furia—. ¡Podrías haber salvado a Avan! ¡Pudiste haber acabado con Hadlar antes de que todo esto pasara!
Popp, aún nervioso por la intensidad de la batalla, también intervino con el ceño fruncido.
—Tienes un poder que ni siquiera podemos imaginar, ¡pero nos dejaste solos! ¡Eso no es lo que hace un héroe!
Sholan los miró con serenidad, como un adulto viendo a niños que no comprendían la realidad del mundo. Cruzó los brazos y suspiró antes de responder.
—No vengo de este mundo. Este no es mi hogar.
Dai y Popp quedaron en silencio, confundidos por la respuesta. Sholan continuó con voz firme.
—Si interviniera cada vez que estuvieran en peligro, terminarían dependiendo de mí. Y cuando me vaya, porque eventualmente me iré, estarían perdidos.
—Este es su mundo, su lucha. Si quieren protegerlo, deben cargar con la responsabilidad de hacerlo.
Dai miró el suelo, apretando los puños. Las palabras de Sholan golpeaban profundo.
—Entonces, ¿por qué atacaste a Hadlar al final? —preguntó Popp, aún molesto.
Sholan esbozó una leve sonrisa.
—Curiosidad. Quería ver qué tan fuerte era.
El anciano abuelo de Dai se acercó con su andar pausado y miró a Sholan con ojos sabios.
—Eres un joven extraño… pero en lo que has dicho hay verdad —murmuró el viejo tutor de Dai—. La gente debe encontrar su propio camino, no depender de la fuerza de otros.
Luego, con una mirada inquisitiva, preguntó:
—Si eres tan fuerte, dime, ¿qué tanto poder crees que tiene el Rey Oscuro?
Sholan se quedó en silencio unos segundos, como si analizara todos los datos recopilados.
—Basado en lo poco que vi de Hadlar… si el Rey Oscuro es entre cinco y diez veces más fuerte que él, me tomaría unos tres minutos acabar con él.
Un silencio sepulcral se apoderó del lugar. Dai y Popp se quedaron boquiabiertos. La confianza con la que había dicho eso, sin fanfarronear ni presumir, era aterradora. No lo decía con orgullo ni con arrogancia. Lo decía como si fuera un simple cálculo.
—…P-Pero podrías estar equivocado, ¿verdad? —preguntó Popp con la voz temblorosa.
Sholan sonrió de lado.
—Siempre hay margen de error.
Dai tragó saliva.
Por otro lado, Wanda se había separado del grupo y, siguiendo la presencia de su maestro, lo encontró inconsciente entre los escombros. Avan había sobrevivido a su propio hechizo, pero su cuerpo estaba exhausto.
Sacó de su capa una semilla del ermitaño y la puso en su boca.
—Vamos, maestro, no es momento de dormir —susurró.
Los efectos fueron inmediatos. Avan abrió los ojos de golpe, jadeando, mientras su cuerpo se recuperaba completamente.
—¿Wanda…?
Su expresión se volvió amarga cuando recordó su sacrificio.
—No debiste hacer eso, Avan —dijo Wanda con seriedad—. Si hubieras confiado en el Ki que entrenaste, Hadlar no habría sido rival para ti.
El maestro bajó la mirada.
—No lo domino aún a la perfección… no podía confiar en algo que no controlo por completo.
—Por eso debes irte a entrenar.
Avan levantó la vista, sorprendido por la firmeza de su alumna.
—Sholan y yo nos encargaremos de guiar a Dai —continuó Wanda—, pero no evitaremos las pruebas ni el dolor que tenga que enfrentar. Es su viaje, su destino.
Tomó aire y le reveló lo mismo que Sholan había dicho a Dai.
—No somos de este mundo, Avan. Un día nos iremos. Y para ese momento, él debe ser lo suficientemente fuerte como para valerse por sí mismo.
El maestro de la espada guardó silencio, asimilando sus palabras. Luego, con una leve sonrisa, asintió.
—Entiendo… Gracias, Wanda.
Se puso en pie, con una nueva determinación brillando en sus ojos.
—Me entrenaré hasta que pueda dominar completamente el Ki.
—Esa es la actitud que esperaba.
Con una última mirada al horizonte, Avan se despidió. Su viaje de entrenamiento comenzaba.
Mientras tanto, Dai miraba a Sholan con una mezcla de respeto y temor.
—¿Cuándo ayudarás entonces?
Sholan miró al niño con una expresión neutral.
—Cuando lo considere necesario. O cuando un enemigo llame mi atención.
Dai sintió un escalofrío.
Sholan no era un héroe.
Era un guardián y su presencia cambiaría el destino de su mundo para siempre.
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