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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 118

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  4. Capítulo 118 - Capítulo 118: El Despertar del Dragón y la Magia del Caos
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Capítulo 118: El Despertar del Dragón y la Magia del Caos

Mientras Sholan y Baran continuaban su enfrentamiento en las afueras del bosque, una presencia oscura se cernía sobre la cabaña donde descansaban los demás.

Desde las sombras, Hadlar y Zaboera emergieron con sonrisas maliciosas.

—Justo como lo planeamos, maestro Hadlar —dijo Zaboera con su risa repugnante—. Todos están exhaustos y desprevenidos.

Hadlar extendió su mano, y una energía oscura se desató instantáneamente sobre Popp, paralizándolo antes de que pudiera reaccionar.

—¡Maldición…! —gruñó Popp, cayendo de rodillas, incapaz de mover un solo músculo.

Zaboera alzó su bastón y recitó un hechizo. Una densa niebla comenzó a filtrarse en la cabaña, envolviendo a Leona, Crocodine, Hyunckel, Merle y los demás.

—¡Duerme! —exclamó con una sonrisa cruel.

Uno por uno, todos cayeron inconscientes.

Hadlar sonrió con arrogancia.

—Con esto, eliminamos cualquier resistencia. Ahora, solo queda acabar con todos.

Pero antes de que pudieran actuar…

—¡Eso no lo permitiré!

Matoriv apareció en la escena, con su túnica ondeando al viento.

Hadlar arqueó una ceja.

—¿El viejo?

Matoriv sonrió con confianza, pero en su interior sabía que su cuerpo ya no era el mismo de antes. Cada hechizo poderoso le costaría más energía de la que podía permitirse gastar.

Aun así, no podía permitir que tocaran a sus alumnos.

—¡Kafrizz! —gritó, lanzando una explosión de fuego directo a Hadlar.

El general demonio bloqueó el ataque con su brazo, pero sintió el calor abrasador.

—Tch, maldito anciano…

Zaboera trató de lanzar otro hechizo, pero Matoriv apareció a su lado en un parpadeo y le dio un golpe en la cara con un bastonazo envuelto en energía mágica.

—No creas que por ser viejo he olvidado cómo pelear —se burló.

Hadlar frunció el ceño.

—Sigues siendo un estorbo. Pero veamos cuánto tiempo puedes resistir.

La pelea estalló. Hadlar cargó con ataques físicos imbuidos en magia, mientras Zaboera lanzaba hechizos desde la distancia. Matoriv esquivaba y contraatacaba, pero sus fuerzas comenzaban a flaquear.

Cada hechizo le costaba más energía, y Hadlar lo notó.

—Tu resistencia es admirable, pero ya no eres el mago que fuiste.

Matoriv jadeó, sintiendo el desgaste.

Justo cuando Hadlar iba a lanzar el golpe final…

—Qué patético.

Una voz gélida resonó en el aire.

Desde las sombras, Wanda apareció con una sonrisa cruel.

Hadlar y Zaboera sintieron un escalofrío al verla. Su aura era diferente, oscura… peligrosa.

—Así que los malditos perros del Rey Oscuro creen que pueden hacer lo que quieran.

Hadlar gruñó.

—¿Y qué vas a hacer tú, mocosa?

Wanda extendió su mano.

—Algo… divertido.

En un instante, el brazo izquierdo de Zaboera se retorció violentamente antes de explotar en una lluvia de sangre.

—¡AAAHHHH! ¡MI BRAZO! —chilló el hechicero, retorciéndose en el suelo.

Hadlar abrió los ojos con sorpresa.

—¿Qué demonios…?

Wanda se acercó lentamente a él, su aura de magia del caos aumentando con cada paso.

Hadlar sintió una sensación desconocida para él. Temor.

—Te dije que iba a ser divertido.

Hadlar intentó atacarla, pero su brazo quedó paralizado en el aire, retenido por una fuerza invisible.

—¿Qué…?

Wanda chasqueó los dedos.

El brazo de Hadlar se torció en un ángulo antinatural.

El demonio gritó de dolor, mientras Wanda solo rió.

—Eres patético. ¿Este es el gran Hadlar? Qué vergüenza.

Hadlar gruñó de rabia y vergüenza, pero no podía hacer nada.

Zaboera, pálido y sudoroso, intentó retroceder.

—E-Esa magia… ¡no es normal!

Wanda lo miró con desprecio.

—Yo no soy normal, estúpido.

Levantó una mano y comenzó a ejercer presión sobre Hadlar, como si una fuerza invisible lo aplastara.

—¿No es humillante? Que una simple “mocosa” como yo pueda hacerte esto sin esfuerzo.

Hadlar gritó de frustración.

En ese momento, una energía abrumadora sacudió el bosque.

Todos sintieron el cambio de poder en el aire.

Una silueta apareció entre las sombras…

—¡Dai! —exclamó Popp, aún inmovilizado.

Dai caminó con pasos firmes, pero su aura había cambiado. La Cresta del Dragón brillaba intensamente en su puño derecho, irradiando un poder puro y estable.

Hadlar sintió un escalofrío.

—¿Tú otra vez…?

Dai alzó su puño, cargado con energía dracónica.

—Hadlar… ya no voy a perder contra ti.

Hadlar apretó los dientes y se preparó para el combate.

—¡No me subestimes!

En un instante, Hadlar se lanzó con furia, reuniendo todo su poder en un ataque desesperado.

Dai no se inmutó.

Con un solo movimiento, desató el hechizo supremo.

—¡RAIDEN!

Un relámpago azul descendió del cielo y envolvió a Dai.

Con su puño envuelto en electricidad pura, Dai golpeó a Hadlar con una fuerza devastadora.

Hadlar fue enviado volando, estrellándose contra los árboles del bosque.

Intentó levantarse, pero su cuerpo estaba paralizado por la descarga.

Dai lo miró con firmeza.

—Vete, Hadlar. La próxima vez… no seré tan compasivo.

Hadlar gruñó de frustración, pero sabía que no podía seguir luchando.

Zaboera, temblando y sin su brazo, usó su magia para teletransportarse junto a Hadlar.

—¡E-Este no es el final! —gritó con desesperación antes de desaparecer.

Cuando todo acabó, Wanda suspiró y miró a Dai.

—Tardaste demasiado.

Dai sonrió.

—Lo siento Wanda Onee-san

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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