Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 124
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Capítulo 124: El Peso del Héroe
El viento soplaba con fuerza sobre las ruinas, levantando polvo y escombros mientras Dai permanecía sentado en el borde de una roca. Sus ojos estaban bajos, opacos, como si la luz que solía arder en su interior se hubiera apagado. Desde que despertó, una sensación de angustia y opresión no lo había abandonado.
Todo el mundo esperaba algo de él.
Ser un Caballero Dragón.
Ser el héroe que derrotaría al mal.
Ser la última esperanza del mundo.
Pero ¿qué pasaba si él no podía hacerlo? ¿Qué pasaba si no era suficiente?
Popp lo observaba desde la distancia, cruzado de brazos. Sabía que algo estaba mal. Dai nunca había mostrado tanto conflicto interno, al menos no así. Pero antes de que pudiera acercarse a hablarle, una sombra pasó junto a él.
Sholan.
Popp vio cómo Sholan se detenía frente a Dai, inclinándose un poco para observarlo. Dai apenas levantó la mirada. Entonces, sin previo aviso, Sholan le golpeó el cuello con precisión. Dai se desplomó, inconsciente.
—¿¡Qué haces!? —exclamó Popp, alarmado.
Sholan cargó el cuerpo inerte de Dai sobre su hombro y pasó junto a Popp sin decir una palabra.
—Cuida de él —susurró Popp, con una mezcla de preocupación y confianza—. Te lo encargo.
Sholan no respondió, pero su mirada lo dijo todo. Desapareció en un destello de luz.
El Santuario del Dragón
Cuando Dai despertó, se encontraba en el altar del Templo Dragón, flotando en el plano astral. Frente a él, Sholan lo miraba en silencio.
—¿Dónde estamos…? —preguntó Dai, frotándose la cabeza.
—En un lugar donde nadie nos molestará. —Sholan cruzó los brazos—. Hablemos.
Dai evitó su mirada.
—No tengo nada que decir.
—Tu aura dice lo contrario.
El joven guerrero apretó los puños.
—Todos esperan algo de mí —murmuró—. Quieren que sea el héroe, que proteja a todos, que nunca dude… Pero yo sí dudo. Sí tengo miedo. ¿Y si fracaso? ¿Y si no soy suficiente?
Sholan suspiró.
—Así que eso es lo que te atormenta.
Entonces, sin previo aviso, levantó su dedo índice y, con un movimiento veloz un haz de luz golpeó la frente de Dai, lo golpeó con su Puño Fantasma del Fénix.
Dai sintió como si su alma fuera arrancada de su cuerpo. Todo se oscureció.
Un torbellino de imágenes lo envolvió. Dai vio la vida de Sholan desplegarse ante sus ojos como un río de memorias. Desde su infancia, su soledad, su llegada al mundo de Wanda… pero había algo más.
Cortana, en su infinita sabiduría, le mostró lo que Sholan mismo desconocía: los recuerdos de la Wanda Maximoff que hacían parte de ella y que estuvo con Sholan desde que él vivía como un humilde profesor en la tierra original, fragmentos de una vida marcada por el dolor y la pérdida.
Dai sintió la tristeza de aquel niño que vagaba sin un destino, los días de hambre, la soledad… la desesperación.
Pero entonces, la imagen cambió.
Sholan, en otro mundo, enfrentando a Satan en el mundo de Gabriel y Trevor. La oscuridad consumiéndolo, la presión, la fatiga… Y las incontables veces en las que hubiera deseado rendirse.
Dai sintió cada golpe, cada herida, cada momento en el que la sombra del fracaso se cernía sobre él.
Y sin embargo, nunca se detuvo.
De repente, Dai volvió en sí, jadeando.
—¿Qué fue eso…?
Sholan lo observó con seriedad.
—Eso fue mi historia. Todo lo que he vivido.
Dai estaba atónito.
—Pero… ¿por qué seguiste adelante?
Sholan sonrió con cierta melancolía.
—Porque los héroes no son personas geniales o perfectas. De hecho, te diré algo que pocos entienden… héroes y villanos son solo un grupo de perdedores.
Dai lo miró confundido.
—¿Perdedores…?
—Sí. —Sholan cruzó los brazos—. Todos han perdido algo importante en sus vidas. La diferencia es la mentalidad.
Dai frunció el ceño mientras Sholan continuaba:
—Los villanos piensan: “Como el mundo me lastimó, yo lo lastimaré de regreso”.
Dai sintió un escalofrío.
—Y los héroes…
Sholan lo miró fijamente, con una intensidad que Dai nunca había visto antes.
—Los héroes piensan: “Como el mundo me lastimó, no permitiré que nadie más tenga que pasar por lo mismo”.
Dai quedó en silencio, procesando aquellas palabras.
Entonces, Sholan pronunció algo más.
—Haz lo correcto… y vive con las consecuencias.
Dai parpadeó.
—¿Qué…?
Sholan miró hacia el cielo estrellado del plano astral.
—Eso me lo dijo un buen amigo alguna vez.
Dai bajó la mirada. Su miedo seguía allí… pero ahora había algo más. Algo que antes no tenía.
Convicción.
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