Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 142
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Capítulo 142: Liberación en Llamas
La celda de contención donde Bucky Barnes llevaba años confinado estaba envuelta en un silencio sepulcral. Las paredes de metal reforzado y los sistemas de seguridad avanzados eran un recordatorio de la amenaza que representaba. Pero en este momento, el peligro no venía de él.
Sholan avanzó con paso firme por el pasillo, seguido de cerca por el Profesor Xavier y algunos miembros de la Mansión X. Charles aún tenía reservas sobre lo que Sholan planeaba hacer, pero su instinto le decía que no debía detenerlo.
Al llegar frente a la puerta, Sholan no esperó.
—Ábrela —ordenó.
El guardia de seguridad vaciló por un momento, pero al ver la mirada decidida de Sholan, obedeció. Con un zumbido metálico, la puerta de la celda se deslizó.
Bucky estaba sentado en un rincón, con la mirada vacía. Su expresión era la de un hombre atrapado en una pesadilla interminable, un soldado que nunca dejó de luchar en una guerra que no eligió. Su brazo metálico descansaba sobre su rodilla, un recordatorio constante de su pasado.
Al ver a Sholan entrar, apenas alzó la vista.
—Si vienes a darme otro discurso sobre la redención, ahórratelo —murmuró con voz ronca.
Sholan no respondió. No hubo palabras, ni advertencias. Solo levantó su mano derecha.
De inmediato, una llama dorada surgió de su palma, envolviendo su brazo con un resplandor cegador. Era el Fuego del Fénix, puro e imponente.
Bucky apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que el fuego lo consumiera por completo.
No hubo gritos. No hubo dolor. Solo una sensación cálida y abrumadora, como si cada fibra de su ser estuviera siendo purificada. Su mente, siempre atrapada en los recuerdos de Hydra, sintió una liberación inmediata.
Los momentos de tortura, las misiones forzadas, la programación despiadada… todo comenzó a desmoronarse dentro de su mente, como un muro que finalmente cedía ante la presión del tiempo.
El fuego ardió con intensidad durante unos segundos, iluminando la celda con su resplandor dorado. Y luego, tan rápido como apareció, desapareció.
Cuando las llamas se extinguieron, Bucky cayó de rodillas, jadeando. Su cuerpo temblaba y sus ojos, antes fríos y distantes, reflejaban algo nuevo: claridad.
Pero lo más impactante no era solo su expresión renovada.
Su brazo izquierdo, el que Hydra le había amputado y reemplazado con una prótesis de metal, había vuelto.
La carne, los músculos y la piel estaban intactos, como si nunca hubiera sido arrancado.
Desde la entrada de la celda, el Profesor Xavier observaba con asombro absoluto.
—Increíble… —susurró.
Charles podía sentirlo. La mente de Bucky estaba completamente limpia de la programación de Hydra. No quedaba rastro de los comandos subliminales, ni de los bloqueos mentales, ni de las respuestas condicionadas. Era como si Sholan hubiera rescrito su esencia misma con aquel fuego.
—Este poder… —continuó Xavier— es el mismo que usaste en Rogue, ¿no es así?
Sholan asintió con calma.
—Sí. El Fuego del Fénix no solo destruye, también purifica.
Bucky, aún en el suelo, miró sus propias manos con incredulidad. Movió los dedos, flexionando su brazo recién restaurado como si no pudiera creerlo.
—¿Qué… qué hiciste? —murmuró con la voz entrecortada.
Sholan se cruzó de brazos.
—Te devolví tu libertad.
El silencio en la celda se hizo más pesado. Solo el sonido de la respiración agitada de Bucky rompía la quietud.
El Profesor X se acercó, aún sorprendido por lo que había presenciado.
—James… ¿cómo te sientes?
Bucky cerró los ojos por un momento, dejando que las palabras se asentaran en su mente. Por primera vez en décadas, sentía que su cabeza estaba en paz. No había susurros en su mente, no había órdenes escondidas, no había cadenas invisibles arrastrándolo de vuelta a la oscuridad.
Cuando volvió a abrir los ojos, algo en él había cambiado.
—Soy… yo —susurró, más para sí mismo que para los demás.
Sholan lo miró fijamente.
—Eres libre de hacer lo que quieras ahora. Pero si buscas una segunda oportunidad, tienes que decidir por ti mismo qué hacer con ella.
Bucky permaneció en silencio por un momento, asimilando esas palabras.
Luego, por primera vez en mucho tiempo, dejó escapar un suspiro… y sonrió.
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