Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 153
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- Capítulo 153 - 153 Ecos de una Batalla Inmortal
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153: Ecos de una Batalla Inmortal 153: Ecos de una Batalla Inmortal El viento soplaba entre las ruinas de Metrópolis, llevando consigo el polvo y la ceniza de la devastación.
La ciudad, una vez un símbolo de esperanza y progreso, ahora yacía en escombros, testigo de la batalla más feroz que la Tierra había presenciado.
Sholan yacía inconsciente en el suelo, su cuerpo marcado por heridas, su ki casi agotado.
A su lado, la sombra de Doomsday se mantenía firme, un eco oscuro del monstruo que había aterrorizado al mundo.
Superman, apenas capaz de mantenerse en pie, se acercó con pasos tambaleantes.
Su capa estaba rasgada, su cuerpo cubierto de cortes y moretones, pero su mirada reflejaba alivio.
—Lo logró… —susurró.
Batman, con su traje destrozado y su brazo derecho inutilizado, evaluaba la escena con su acostumbrada frialdad analítica.
—Sí.
Y el costo fue inmenso.
Wonder Woman, quien había estado observando en silencio, se arrodilló junto a Sholan.
Con suavidad, colocó una mano sobre su pecho, sintiendo el ritmo errático de su corazón.
—Está vivo, pero necesita ayuda urgente.
Flash apareció en un instante, el característico rayo de su velocidad iluminando el entorno.
—Los civiles están a salvo, pero la ciudad… —Barry dejó caer los hombros, su voz teñida de culpa—.
No sé cómo vamos a reconstruir todo esto.
La noticia de la caída de Doomsday se propagó como pólvora.
Los reporteros, temblorosos por la cercanía de la muerte, ahora gritaban emocionados ante sus cámaras.
—¡El monstruo ha caído!
¡El guerrero desconocido, ha vencido a la pesadilla que ni la Liga de la Justicia pudo detener!
La silueta sombría de su nueva forma bajo el control de Sholan, y los héroes que aún se mantenían en pie.
En todo el mundo, la gente miraba la escena con asombro y gratitud.
La Batalla de Metrópolis quedaría grabada en la historia.
Pero, para los héroes presentes, el peso de la victoria era más difícil de asimilar.
—Tenemos que llevarlo a la Atalaya —dijo Batman, con un tono innegociable—.
Necesitamos asegurarnos de que se recupere y entender exactamente qué es lo que hizo al final.
—¿Y qué hacemos con eso?
—preguntó Aquaman, señalando la sombra de Doomsday, que permanecía inmóvil como un centinela junto a su nuevo maestro.
Superman frunció el ceño.
—No podemos permitir que algo así quede fuera de control.
—No lo está —interrumpió Wonder Woman, mirando la sombra con una mezcla de fascinación y cautela—.
Su poder está atado a la voluntad de Sholan.
Batman asintió, comprendiendo rápidamente.
—Entonces, la pregunta es… ¿qué hará cuando despierte?
La Atalaya orbitaba sobre la Tierra, una fortaleza de justicia que, incluso ahora, parecía un refugio frágil tras la brutalidad de la pelea.
Sholan yacía en una cápsula de regeneración.
Su cuerpo, a pesar de su capacidad de curación acelerada y las semillas del ermitaño, había alcanzado un punto crítico.
La lucha contra Doomsday no solo le había costado huesos rotos y músculos desgarrados, sino que el desgaste de su ki había rozado sus límites.
Superman lo observaba desde una pantalla, con los brazos cruzados y una expresión de introspección.
—Nunca había visto a alguien evolucionar en el transcurso de una pelea de esa manera.
—Yo tampoco —dijo Batman, ajustando su guante dañado—.
Lo que me preocupa es lo que significa a largo plazo.
Diana se acercó a ellos.
—¿Creen que se volverá peligroso?
Superman negó con la cabeza.
—No.
Pero el mundo lo verá de otra forma.
Ya no es un simple aliado.
Lo que hizo hoy… lo coloca en una categoría diferente.
Horas después, los sensores indicaron actividad en la cápsula de recuperación.
Sholan abrió los ojos lentamente.
Su cuerpo seguía pesado, pero su mente estaba clara.
Sentía el ki fluyendo en su interior, renovado, pero aún marcado por la fatiga de la batalla.
—Bienvenido de vuelta —dijo una voz familiar.
Superman estaba de pie frente a él.
Sholan se incorporó con esfuerzo, frotándose la cabeza.
—¿Cuánto tiempo estuve fuera?
—Diez horas —respondió Batman, entrando a la sala junto con Wonder Woman—.
Lo suficiente para que el mundo se entere de lo que hiciste.
Sholan suspiró, recostándose de nuevo.
—Genial.
Superman sonrió levemente.
—Gracias.
Sholan lo miró con sorpresa.
—¿Por qué?
—Si no hubieras estado allí… Doomsday me habría matado.
Y luego, el mundo habría caído.
Sholan cruzó los brazos.
—No fue por ti.
Fue por todos.
Superman asintió.
—Lo sé.
Y por eso, más que nunca, tienes mi respeto.
Batman intervino.
—Pero también hay preguntas que debemos responder.
Especialmente sobre la sombra de Doomsday.
Sholan cerró los ojos un momento y se concentró.
A través de su conexión con la sombra, sintió la esencia latente de la criatura.
No estaba muerta, pero tampoco era la misma.
Se había convertido en parte de su ejército, su voluntad ahora sometida al trono del monarca.
—No es una amenaza —dijo finalmente—.
Es mía.
Diana lo observó con atención.
—¿Y qué harás con ella?
Sholan se tomó un momento antes de responder.
—Por ahora… nada.
Pero si el mundo lo necesita otra vez, estará listo.
Los tres héroes intercambiaron miradas.
Sholan se puso de pie.
—No planeo quedarme aquí más tiempo.
—¿Adónde irás?
—preguntó Superman.
Sholan sonrió de lado.
—A casa… a entrenar.
Batman alzó una ceja.
—¿Después de lo que hiciste hoy?
Sholan estiró los brazos y sintió el poder vibrar en su cuerpo.
—Doomsday me hizo más fuerte.
Pero sé que hay amenazas allá afuera que hacen que él parezca un simple calentamiento.
Diana sonrió, entendiendo su mentalidad.
—Entonces, que los dioses te acompañen, guerrero.
Superman extendió una mano.
—Y que sepas que siempre tendrás un lugar aquí, si lo necesitas.
Sholan estrechó su mano.
—Nos veremos de nuevo, Kal-El.
Con una última mirada hacia la Tierra desde la ventana de la Atalaya, Sholan activó un portal y desapareció.
—– En una oscura sala de juntas, lejos de la vista del mundo, un grupo de figuras misteriosas analizaba la transmisión de la batalla.
—Ese chico… es un problema.
—Es más que eso —dijo otro—.
Es una amenaza al equilibrio de poder.
—Debemos vigilarlo.
Una figura en las sombras asintió.
—Vigilarlo, sí… pero también, prepararnos.
Porque, en las profundidades del universo, fuerzas aún más oscuras comenzaban a moverse.
Y Sholan, sin saberlo, acababa de llamar su atención.
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