Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 161
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161: Un Nuevo Maestro, Un Nuevo Amigo 161: Un Nuevo Maestro, Un Nuevo Amigo Sholan miró a Tony con una expresión tranquila.
—Ahora, dime… ¿estás listo para hablar sobre lo que te está pasando?
Tony exhaló lentamente y dejó su vaso en la mesa.
—Lo dudo… pero supongo que no tengo otra opción.
El sonido del hielo golpeando el vidrio llenaba la silenciosa habitación.
La luz tenue de la sala de estar en la Torre Stark proyectaba sombras alargadas sobre el suelo de mármol, mientras Tony observaba el líquido ámbar en su vaso.
No era el primer trago de la noche.
Ni sería el último… si seguía así.
Desde que había descubierto que el reactor Arc en su pecho lo estaba matando, su mente no había descansado.
Por más que lo intentaba, no podía encontrar una solución.
Había considerado cientos de elementos, probado teorías imposibles, incluso intentado desesperadamente con simulaciones que fallaban una tras otra.
La muerte era un reloj de arena invisible, y cada día que pasaba, sentía que su tiempo se agotaba.
Tony levantó la copa y la giró lentamente, observando cómo el licor giraba con el reflejo de las luces.
Una parte de él sabía que esto no era la solución.
Pero era la más fácil.
Llevó el vaso a sus labios… —Yo no haría eso.
La voz lo sacó de su trance.
Sholan caminó lentamente hacia él y le quitó el vaso de las manos con un movimiento fluido.
—¡Oye, oye!
—Tony intentó reclamar, pero Sholan simplemente volcó el contenido del vaso en el fregadero antes de colocar el cristal vacío en la mesa.
—No te dejaré hacer esto.
Tony suspiró y se pasó una mano por el cabello.
—No es lo que crees.
—¿Ah, no?
—Sholan cruzó los brazos—.
Porque lo que veo es a un hombre inteligente tratando de ahogar su miedo en alcohol.
Tony soltó una risa sarcástica y se dejó caer en el sofá.
—Mira, chico maravilla, sé lo que estoy haciendo.
No estoy “ahogando” nada.
Es solo un trago.
Sholan lo observó en silencio.
Tony levantó la mirada y suspiró.
—¿Por qué te importa?
Sholan se quedó en silencio un momento antes de responder.
—Porque sé lo que el alcohol puede hacerle a alguien que lo usa como escape.
Tony frunció el ceño.
—¿Historia personal?
Sholan negó con la cabeza.
—No.
Pero he visto a gente más fuerte que tú caer por culpa de esto.
Tony apoyó los codos en sus rodillas y entrelazó las manos.
—No estoy “cayendo”, Sholan.
—Aún.
Tony lo miró fijamente.
Sholan no necesitaba decirlo en voz alta, pero su mensaje era claro.
Este era el comienzo de un camino peligroso, y si daba un paso más, podría no haber vuelta atrás.
El silencio se alargó entre ellos.
Finalmente, Tony se pasó una mano por el rostro y suspiró.
—Está bien, lo entiendo.
No más alcohol.
Sholan asintió con calma.
—Bien.
Tony se reclinó en el sofá y lo miró.
—Tienes la maldita habilidad de hacer que uno se sienta un idiota, ¿lo sabías?
Sholan sonrió levemente.
—Es un don.
Tony se rió suavemente.
A pesar de lo molesto que era que alguien más lo confrontara con sus propios demonios, tenía que admitir que Sholan tenía razón.
Si seguía por ese camino, podría no haber forma de volver.
Y aunque no lo admitiría en voz alta, estaba agradecido de que Sholan lo hubiera detenido antes de que fuera demasiado tarde.
La habitación estaba en completo silencio.
Solo el leve zumbido de los hologramas proyectados por la computadora de Tony llenaba el aire.
Los ojos de Stark estaban fijos en los datos flotantes frente a él, gráficos en rojo intenso mostrando lo que ya sabía, pero no quería admitir en voz alta.
Finalmente, dejó escapar un largo suspiro y giró la mirada hacia Sholan.
—Está bien… hablaré.
Sholan cruzó los brazos y se apoyó contra la pared.
Su expresión seguía siendo la misma de siempre: calma absoluta, pero con una intensidad que indicaba que ya sabía exactamente lo que Tony iba a decir.
Tony se levantó de su asiento y caminó hacia su escritorio.
Con unos cuantos movimientos de su mano, activó una nueva pantalla holográfica que mostraba su flujo sanguíneo.
Varias gráficas resaltaban en rojo, señalando niveles peligrosamente altos de una sustancia tóxica.
—El reactor en mi pecho me mantiene con vida… pero también me está matando.
Sholan observó los datos con la misma neutralidad.
—El paladio.
Tony asintió.
—Cada día, mi sangre se llena más y más de esta porquería.
Y lo peor es que no he encontrado una solución.
Por primera vez en toda la conversación, Tony mostró una pizca de desesperación.
No la suficiente como para que cualquiera la notara, pero Sholan no era cualquiera.
Sholan cerró los ojos un momento y luego los abrió con decisión.
—Puedo ayudarte… pero lo que voy a hacer no es una cura.
Tony frunció el ceño.
—¿Y qué propones?
Sholan levantó una mano y, en su palma, una tenue luz dorada comenzó a brillar, y antes de que Tony pudiera hacer algún comentario sarcástico, Sholan colocó su mano sobre su pecho.
La luz dorada se expandió de inmediato, envolviendo su cuerpo en una sensación cálida y reconfortante.
Tony sintió un hormigueo en su interior, seguido de una ola de alivio.
El dolor constante que había estado ignorando durante semanas desapareció de golpe.
Alarmado y sorprendido, miró la pantalla holográfica que mostraba su flujo sanguíneo.
Los niveles de paladio comenzaron a descender.
En cuestión de segundos… el envenenamiento regresó a cero.
Tony se quedó sin palabras.
Sholan retiró su mano y lo miró con seriedad.
—Esto no significa que estés curado.
Solo he limpiado tu sistema por un tiempo.
El paladio volverá a acumularse si sigues dependiendo del reactor.
Tony exhaló profundamente y miró la pantalla, aún sorprendido.
—Bueno… eso fue impresionante.
Sholan sonrió con calma.
—No te acostumbres.
Tony rió levemente y se giró hacia él con una mirada más seria.
—Necesito que me apoyes hasta que encuentre la cura.
Sholan asintió.
—Por supuesto.
Tony lo miró con una sonrisa pensativa y luego extendió la mano.
—En ese caso… quiero contratarte como mi entrenador.
Sholan arqueó una ceja.
—¿Entrenador?
—Sí.
Sholan lo miró en silencio por un momento y luego sonrió.
—Bien… pero no esperes un trato especial.
Tony le estrechó la mano.
—¿Cuán difícil puede ser?
Sholan sonrió de manera siniestra.
—Oh, Stark… no tienes idea en lo que te metiste.
— Al principio, Tony no estaba acostumbrado a la idea de alguien preocupándose genuinamente por él sin una agenda oculta.
Pero con el tiempo, empezó a aceptar la presencia de Sholan como algo natural.
Las semanas pasaron, y sin darse cuenta, su relación se volvió más cercana.
—¿Estás listo para empezar tu entrenamiento?
—preguntó Sholan una noche, mientras Tony revisaba algunos cálculos.
Tony levantó la mirada y arqueó una ceja.
—¿Por qué tengo la sensación de que me voy a arrepentir de esto?
Sholan sonrió.
—Porque lo harás.
Tony soltó una risa corta.
—Genial.
No lo sabía en ese momento, pero esas semanas marcarían el inicio de una amistad que cambiaría su vida para siempre.
Al día siguiente, Tony se presentó en la sala de entrenamiento de su mansión.
Sholan estaba allí, con un atuendo de combate, observándolo con calma.
—Hoy empezaremos con lo básico —dijo con voz tranquila.
Tony chasqueó la lengua.
—Por favor, soy un genio.
Voy a aprender rápido.
Sholan lo atacó sin previo aviso.
Antes de que Tony pudiera reaccionar, un golpe rápido en el abdomen lo hizo doblarse por el dolor.
—¡¿Qué demonios?!
Sholan sonrió.
—Regla número uno: Siempre debes estar preparado.
Tony gruñó y trató de lanzar un puñetazo, pero Sholan simplemente lo esquivó con facilidad.
—Demasiado lento.
Tony intentó de nuevo… y terminó en el suelo.
Sholan lo observó desde arriba.
—Esto va a ser divertido.
Tony, aún adolorido, ya se estaba arrepintiendo de su decisión.
A medida que el entrenamiento avanzaba, Tony fue mejorando poco a poco.
Su resistencia aumentó, su velocidad mejoró y comenzó a aprender los fundamentos del combate real.
Pero lo que más sorprendió a Tony no fue solo el entrenamiento… sino lo brutal que era el propio régimen de Sholan.
Un día, después de una sesión especialmente intensa, Tony estaba tirado en el suelo, jadeando.
—¿Tú… haces esto todos los días?
—preguntó, apenas recuperando el aliento.
Sholan, quien aún no mostraba signos de fatiga, asintió.
—Esto es solo el calentamiento.
Tony se dejó caer boca arriba y miró al techo.
—Maldita sea… Wanda está con un monstruo.
Sholan soltó una carcajada.
Sin embargo, a pesar de lo extenuante que era el entrenamiento, su relación empezó a evolucionar.
Tony, al principio, lo veía solo como un maestro extremadamente exigente.
Pero con el tiempo, comenzó a verlo como un amigo.
Después de las sesiones de entrenamiento, pasaban tiempo juntos, discutiendo sobre avances tecnológicos, estrategias de combate y, por supuesto, burlándose mutuamente.
—Admite que estás impresionado —dijo Tony un día, después de bloquear por primera vez uno de los golpes de Sholan.
Sholan sonrió.
—Sí, sí.
Eres menos patético que antes.
Tony rodó los ojos.
—Y tú eres un maldito robot sin emociones.
Sholan levantó una ceja con diversión.
—Eso lo dice el tipo que construyó a un mayordomo digital.
Tony bufó y cruzó los brazos.
—Hablando de eso… Cortana y J.A.R.V.I.S.
siguen peleando como niños.
Sholan soltó una carcajada.
—Eso es culpa de Tony Stark por hacer a su IA demasiado confiada.
—Y culpa de Sholan por hacer a su IA demasiado sabelotodo.
Ambos se miraron… y se rieron juntos.
Lo que empezó como una simple asociación por conveniencia, se había convertido en una verdadera amistad.
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