Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 168
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- Capítulo 168 - 168 Cadenas del Pasado
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168: Cadenas del Pasado 168: Cadenas del Pasado El rugido mecánico de Raphaello resonaba en la torre mientras su última fase de evolución se completaba.
Su cuerpo, ahora una amalgama perfecta entre máquina y energía irradiaba un brillo negro ominoso.
Tentáculos de metal y cables biomecánicos se extendían desde su espalda, golpeando el suelo y destruyendo todo a su paso.
—¡Nosotros lo distraeremos!
—gritó Teppei.
Sholan asintió.
—Voy a liberar a los cautivos.
Sin perder tiempo, se lanzó al interior de la torre, dejando atrás a Teppei, Falcon, Lon, Hokuto y Karen, quienes se preparaban para contener a la monstruosidad mecánica.
Falcon sobrevoló el campo de batalla, esquivando un tentáculo que atravesó el suelo como una lanza.
Hokuto y Lon golpearon con toda su fuerza, pero su blindaje era casi impenetrable.
Karen disparó un haz de energía que impactó en el torso de Raphaello, pero la máquina respondió con una onda de choque que la lanzó lejos.
—¡No importa cuánto lo ataquemos, sigue evolucionando!
—gruñó Lon.
Teppei sujetó con fuerza su espada y miró fijamente a Raphaello.
—Solo tenemos que aguantar hasta que Sholan termine su misión.
Sholan avanzaba a toda velocidad, destruyendo autómatas de seguridad con cortes limpios.
Al llegar a la zona de contención, encontró a decenas de prisioneros en celdas de cristal, sin perder tiempo usó su Starlight Extinction para transportar a los prisioneros lejos del imperio de las máquinas donde las autoridades podrían ayudarlos.
Sholan se dirigió a la última celda donde un hombre con mirada firme se puso de pie al verlo.
—¿Eres el que está peleando contra el Imperio de las Máquinas?
Sholan cortó el cerrojo de la celda con un movimiento.
—Sí.
¿Quién eres?
El hombre tomó un arma de un guardia caído.
—Kōtarō Takamiya.
He estado esperando una oportunidad para pelear.
Sholan asintió.
—Entonces, guíame hasta donde está el líder de este maldito imperio.
Kōtarō lo miró con seriedad.
—De la información que logramos obtener debes debemos ir al piso superior donde se encuentra el líder del imperio.
Sholan y Kōtarō avanzaron hasta el último piso en una sala amplia y oscura.
Una figura menuda se encontraba en el centro de la habitación.
Era un niño.
Su cabello rubio caía en mechones desordenados, y su mirada era fría y vacía.
Su cuerpo, pequeño sentado en un gran trono y a su lado una niña igual a el en apariencia que parece dormida.
—No permitiré que continúen.
Sholan sintió la presión de su presencia.
—¿Quién eres?
El niño inclinó la cabeza.
—Misha.
Comandante supremo del Imperio de las Máquinas.
Sholan frunció el ceño.
—¿Por qué sirves al Imperio?
Misha cerró los ojos.
—Déjenme contarles una historia.
—– Misha y Nasha alguna vez fueron niños felices.
Vivían en una pequeña aldea, lejos del conflicto del mundo.
Misha era el mayor, aunque solo por un año, y siempre protegía a Nasha.
Pero la guerra llegó a su hogar.
Soldados destruyeron su pueblo, matando a todos sin piedad.
Los hermanos intentaron escapar, pero Nasha fue herida de muerte.
Misha, desesperado, gritó al cielo, pidiendo ayuda.
Y alguien respondió.
De la nada apareció el Emperador de las Máquinas.
—¿Quieres salvarla?
—preguntó con voz fría.
Misha, con lágrimas en los ojos, asintió.
—Entonces serás mío.
El Emperador lo transformó.
Reemplazó su frágil cuerpo con una estructura mecánica, reforzó su mente, moldeó su voluntad.
Cuando Misha despertó, ya no era humano.
Pero su alegría se desmoronó cuando vio a Nasha.
Ella estaba en una cápsula, rodeada de cables y circuitos.
—¿Por qué no la has curado?
—preguntó Misha.
El Emperador lo miró con frialdad.
—Ella es débil.
La convertiré en algo más.
Nasha nunca tuvo elección.
Fue transformada contra su voluntad.
Sus recuerdos fueron sellados.
Su humanidad, borrada.
Pero el Emperador la consideró imperfecta y la puso a dormir.
Pasaron 500 años.
Misha ascendió en las filas del Imperio, pero jamás olvidó lo que le habían hecho a su hermana.
Misha abrió los ojos y miró a Kōtarō.
—No hay nada que salvar, los humanos no son nada más que una raza egoísta que no les importa pisotear a los demás por sus propios ideales.
Sholan apretó los puños.
—Aún puedes elegir, tú estás haciendo lo mismo que aquellos que tanto desprecias.
Misha negó con la cabeza.
—¡Cállate!
Es demasiado tarde para ustedes.
Entonces, la torre tembló.
Raphaello había completado su evolución.
El rugido mecánico llenó el aire.
El final estaba cerca.
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