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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 169

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169: La Luz Que Rompe la Oscuridad 169: La Luz Que Rompe la Oscuridad El suelo tembló bajo sus pies mientras Raphaello rugía.

Su evolución había alcanzado la perfección, y con ello, ya no necesitaba a quienes lo habían creado.

Misha y Nasha, los gemelos que durante siglos habían servido al Imperio de las Máquinas, sintieron cómo sus cuerpos comenzaban a desmoronarse.

Circuitos fallaban.

Piezas se desprendían de sus extremidades.

La energía que les daba vida estaba siendo absorbida por la creación definitiva del Emperador.

—¡Hermano!

—gritó Nasha, sosteniéndose el pecho mientras su sistema fallaba.

Misha se arrodilló, sus ojos llenos de confusión y rabia.

—Nos…

nos está desechando… Nasha, con su último aliento, extendió la mano y sujetó a su hermano.

—Por favor, basta… Si seguimos así… nos convertiremos en algo que nuestros propios padres odiarían ver… Misha la miró.

Sus frágiles cuerpos, antaño humanos, ahora eran más máquina que persona.

Sus padres, aquellos a quienes habían perdido hace siglos, jamás habrían aceptado en qué se habían convertido.

Y aun así, habían continuado sirviendo al Emperador.

Su decisión estaba tomada.

Ya no lucharían por el Imperio.

Lucharían por algo más grande.

Un destello cegador los envolvió a todos.

Raphaello había transportado a sus oponentes fuera del planeta.

Tony, Teppei, Karen, Falcon y Hokuto aparecieron en el vacío, sus armaduras brillando con el reflejo de las estrellas.

Frente a ellos, la colosal figura de Raphaello los esperaba en la nada absoluta, su silueta negra contrastando con la luz lejana del sol.

Él aún aguardaba a su “donante”.

El momento en que consumiría la última fuente de energía para alcanzar la supremacía total.

Teppei apretó los dientes.

—Esto va a ser difícil… —Tenemos que aguantar hasta que Sholan termine su misión— Dijo Karen con convicción Falcon y Hokuto asintieron.

—No moriremos sin pelear.

Dentro de la torre, Sholan y Kōtarō se apresuraban.

Misha, tambaleante, se acercó a la terminal central y tecleó códigos frenéticos.

—Voy a desbloquear los sistemas… —jadeó—.

Puedo darles acceso a la base de datos del Emperador… Sholan y Kōtarō observaron la pantalla mientras miles de datos fluían frente a ellos.

—¡Aquí!

—exclamó Kōtarō—.

Hay un punto débil en Raphaello… Sholan se inclinó hacia la pantalla.

—¿Cuál es?

Kōtarō tragó saliva.

—La luz del sol.

Sholan frunció el ceño.

—Eso no es suficiente.

Está luchando en el vacío… Kōtarō asintió.

—Necesitamos una luz más intensa que el mismo sol.

Sholan comprendió de inmediato.

—Entonces no hay tiempo que perder.

Kōtarō miró a Misha y Nasha, cuyos cuerpos seguían desmoronándose.

—Si atacamos a Raphaello ahora, será un suicidio.

Debemos ir directamente con el Emperador.

Misha, con lo último de sus fuerzas, sonrió con tristeza.

—Podemos enviarles allí.

Los gemelos alzaron sus manos.

Con las últimas chispas de energía que les quedaban, abrieron un transportador.

Pero ya no podían seguir de pie.

Sus cuerpos finalmente se desplomaron.

Nasha cerró los ojos, sus labios apenas pronunciando un último susurro.

—Hermano… lo hicimos bien… ¿cierto?

Misha, con un hilo de voz, respondió: —Sí… finalmente… elegimos nuestro propio camino… Los sistemas de ambos colapsaron.

Eran más máquinas que humanos, lo que significaba que aún podían ser salvados.

Sholan alzó la mano y susurró: —Ataúd de Cristal.

Un frío intenso llenó la sala.

Cristales de hielo envolvieron los cuerpos de los gemelos, deteniendo su deterioro.

Quedarían en suspensión hasta que pudieran ser restaurados.

Sholan los guardó en su inventario.

Kōtarō lo miró fijamente.

—¿Quién eres en verdad…?

Sholan, sin apartar la vista del portal, respondió: —No hay tiempo para preguntas.

Y con eso, ambos saltaron a través del transportador, rumbo al satélite del Emperador.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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