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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 172

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172: Un Sacrificio Por El Mundo 172: Un Sacrificio Por El Mundo La oscuridad del espacio los envolvía.

Solo los restos destrozados de Raphaello flotaban como un cementerio mecánico.

Teppei y Kōtarō permanecían junto a sus compañeros, los Guardianes del Imperio de las Máquinas—Falcon, Hokuto, Karen y Lon—quienes apenas podían mantenerse en pie.

Sus cuerpos estaban al borde del colapso tras la feroz batalla.

El silencio era denso, roto solo por la voz serena de Hokuto.

—Tienen que volver a la Tierra.

Teppei apretó los puños.

—No los vamos a dejar aquí.

Encontraremos otra forma.

Lon negó con la cabeza.

—No hay otra forma.

Estamos al límite.

Si seguimos aquí, moriremos sin sentido.

Pero si les damos nuestra energía, ustedes podrán regresar.

Karen, con una leve sonrisa, extendió la mano hacia Teppei.

—X los necesita.

Él no podrá protegerse solo en el descenso.

Si al menos ustedes dos llegan a salvo… Teppei sentía que cada fibra de su ser se oponía a la idea, pero Kōtarō puso una mano en su hombro.

—Tienen razón.

No podemos desperdiciar esta oportunidad.

Falcon dio un paso al frente y juntó sus manos.

Los otros lo imitaron.

Sus cuerpos comenzaron a brillar con una luz tenue y cálida, canalizando la poca energía que les quedaba hacia Teppei y Kōtarō.

Los Guardianes se estaban sacrificando para darles la oportunidad de vivir.

—¡No, deténganse!

—Teppei intentó retroceder, pero ya era tarde.

La luz envolvió a ambos, elevándolos del suelo metálico destrozado.

Karen sonrió.

—No te preocupes… Estaremos bien.

Y entonces, desaparecieron en un rayo de energía.

El precio de la salvación Teppei y Kōtarō sintieron cómo eran arrastrados a una velocidad vertiginosa.

X los cubría con su escudo energético, acelerando hacia la atmósfera de la Tierra.

Pero Teppei sintió algo extraño.

—X… ¿Por qué tu energía se siente inestable?

X guardó silencio por unos segundos, antes de finalmente hablar con una voz firme.

—Mi energía restante solo alcanzará para protegerlos a ustedes.

El corazón de Teppei se encogió.

—¡No, X!

¡Tienes que sobrevivir también!

Pero era demasiado tarde.

Cuando atravesaron la atmósfera, el cuerpo de X comenzó a resquebrajarse.

Su luz azul se dispersaba, su estructura se volvía etérea.

—¡X, resiste!

—gritó Kōtarō.

X solo dejó escapar una última risa.

—Fue un honor pelear a tu lado, Teppei… Y entonces, se desintegró.

Los dos jóvenes aterrizaron en la Tierra con seguridad, pero con el corazón hecho pedazos.

El destino de los Guardianes En el espacio, la situación de los demás no era mejor.

Tony miraba el panorama con una mueca amarga.

—Bueno… estamos jodidos.

Hokuto suspiró.

—Así que nuestra única opción es congelarnos en el espacio o calcinarnos entrando en la atmósfera.

El ambiente era sombrío.

Nadie tenía una respuesta.

Hasta que Sholan sonrió.

—Hay una tercera opción.

Todos lo miraron.

—Pueden venir conmigo a otro mundo.

Hokuto frunció el ceño.

—¿Nos estás diciendo que abandonemos nuestro hogar?

Sholan asintió.

—Este mundo necesita recuperarse.

Ustedes fueron Guardianes del Imperio de las Máquinas, incluso si después se rebelaron.

Su existencia aquí solo reabriría heridas.

Pero en otro mundo… podrían empezar de nuevo.

Los Guardianes intercambiaron miradas.

—Si podemos hacer algo útil… —Karen miró sus propias manos, temblorosas—.

Entonces aceptamos.

Sholan asintió y extendió la mano.

Cortana activó su sistema de almacenamiento, convirtiéndolos en cartas de invocación.

Uno a uno, Falcon, Hokuto, Karen y Lon fueron absorbidos por la luz azul, sellados dentro del inventario de Sholan.

Un segundo después, Tony y Sholan desaparecieron en un destello de energía.

—– El cielo nocturno brillaba con estrellas inmutables cuando Teppei y Kōtarō aterrizaron en la Tierra.

Sin X, sin los Guardianes, sin Sholan ni Tony.

Solo ellos dos, cayendo como cometas hacia la superficie.

Cuando finalmente tocaron el suelo, ambos quedaron en silencio.

El viento nocturno soplaba con fuerza, y el eco de la batalla aún resonaba en sus corazones.

—X… —murmuró Teppei, cayendo de rodillas.

El peso de la pérdida lo aplastaba.

Kōtarō, con los ojos empañados, colocó una mano en su hombro, pero no había palabras de consuelo.

Hasta que una voz familiar resonó en sus mentes.

—No se preocupen por nosotros.

Ambos se sobresaltaron, mirando a su alrededor.

Pero no había nadie.

—Sholan… —susurró Teppei.

La voz de su amigo resonó con serenidad.

—Les prometo que salvaré a todos.

No se preocupen por los Guardianes, ellos vienen conmigo a mi mundo.

Teppei apretó los dientes.

—¡Pero este es su hogar!

La voz de Sholan mantuvo su calma inquebrantable.

—Este mundo necesita recuperarse, y su presencia solo retrasaría ese proceso.

Pero antes de irme… tengo un último regalo para la Tierra.

De pronto, un círculo de transmutación titánico apareció en la tierra, expandiéndose sobre lo que una vez fue el Imperio de las Máquinas.

El suelo tembló.

Cada pieza de metal, cada estructura y cada fragmento de la avanzada tecnología del imperio comenzaron a brillar y elevarse al cielo.

La energía del círculo envolvió cada ruina, cada resto de la civilización mecánica… y lo transformó.

El Imperio de las Máquinas dejó de existir.

En su lugar, un polvo fino comenzó a caer desde el cielo como una lluvia dorada.

—¿Qué es esto?

—preguntó Kōtarō, extendiendo la mano.

—Fertilizante.

Nitrato de calcio, fosfato de calcio y carbonato de potasio.

Un básico, pero extremadamente útil.

La transmutación de Sholan estaba transformando los escombros en nutrientes para la Tierra.

Las partículas se dispersaron por todo el mundo, viajando hacia las tierras áridas, a los campos infértiles, a las zonas de pobreza extrema.

Las tierras que alguna vez estuvieron muertas, contaminadas por la guerra, comenzaron a renacer.

Teppei y Kōtarō miraron con asombro cómo la lluvia dorada se esparcía, renovando el planeta.

Sholan rió suavemente en sus mentes.

—Ahora es su deber defender este mundo.

No dejen que otro Imperio de las Máquinas vuelva a surgir.

Teppei cerró los ojos, con el pecho lleno de emociones encontradas.

—Lo prometemos.

La voz de Sholan se desvaneció lentamente.

—Entonces, hasta que nos volvamos a ver.

Y con eso, su presencia desapareció.

–Dos años después– El sol brillaba sobre una Tierra diferente.

Las tierras antes infértiles ahora rebosaban de cultivos verdes y campos florecientes.

Los restos del Imperio de las Máquinas habían desaparecido por completo.

Pero lo más importante… La humanidad había aprendido.

Teppei y Kōtarō se convirtieron en líderes de la nueva era.

Junto a científicos, ingenieros y gobiernos, establecieron regulaciones estrictas sobre la robótica.

Ningún nuevo “Imperio de las Máquinas” podría surgir otra vez.

Las personas ahora usaban la tecnología con responsabilidad, como una herramienta para el progreso y no para la destrucción.

Teppei observó el atardecer, con el viento acariciando su rostro.

Sholan había cambiado el destino del mundo.

Y ahora, era su turno de protegerlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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