Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 190
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- Capítulo 190 - 190 Puentes Irreparables
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190: Puentes Irreparables 190: Puentes Irreparables Sholan apareció en la oficina de Charles Xavier sin previo aviso, transportándose directamente frente a su escritorio.
La luz de la tarde se filtraba por los ventanales, iluminando la expresión tranquila pero analítica del profesor.
—Sabía que vendrías —dijo Charles con serenidad, entrelazando los dedos sobre la mesa.
—Lo dudo —respondió Sholan con una leve sonrisa, cruzándose de brazos—.
No soy tan predecible.
Xavier sonrió, pero no insistió.
En cambio, señaló una silla frente a él.
—Siéntate, por favor.
Sholan suspiró y tomó asiento.
—Imagino que esto no es solo una reunión social —comentó.
—No, no lo es —admitió Xavier—.
Quería agradecerte por lo que hiciste por Logan.
Darle cierta paz… y una familia.
Es más de lo que cualquiera de nosotros pudo ofrecerle.
Sholan no respondió de inmediato.
—No lo hice solo por él —dijo finalmente—.
Lo hice por Laura… y por Sarah.
—Aun así, le diste algo invaluable.
Xavier lo observó con intensidad.
Sabía que Logan llevaba toda una vida de pérdida y sufrimiento.
Pero ahora tenía algo más, algo que podía anclarlo a algo distinto a la violencia y la venganza.
—¿Y qué hay de ti?
—preguntó Charles—.
¿En verdad crees que el puente entre nosotros está completamente quemado?
Sholan se quedó en silencio unos segundos.
Luego, lo miró directamente a los ojos.
—Ustedes fueron quienes lo quemaron —dijo sin titubear—.
Y hay puentes que, una vez reducidos a cenizas, no pueden reconstruirse.
El peso de esas palabras quedó flotando en el aire.
Charles lo entendió.
No intentó discutirlo ni buscar justificaciones.
—Lo lamento —dijo con sinceridad.
—No lo hagas —respondió Sholan—.
No hay marcha atrás.
Se puso de pie, la conversación había terminado para él.
—Nos volveremos a ver, Charles… Antes de que Xavier pudiera decir algo más, Sholan desapareció teletransportándose con el shunkanido.
El despacho quedó en silencio.
Charles cerró los ojos por un momento y exhaló.
Había esperado otra respuesta, quizá un poco de esperanza.
Pero en el fondo, siempre había sabido la verdad: algunas heridas simplemente no sanan.
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