Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 194
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194: Un Año de Paz y el Inicio de Algo Nuevo 194: Un Año de Paz y el Inicio de Algo Nuevo El tiempo pasó, y con él, la vida de Sholan y su familia entró en una etapa de tranquilidad y crecimiento.
No todo fue fácil, pero con cada obstáculo que enfrentaban juntos, su vínculo se hacía más fuerte.
Villa Loriana se había convertido en un hogar lleno de amor, risas y momentos inolvidables.
Las cinco pequeñas—Celeste, Esme, Irma, Phoebe y Sophie—habían crecido mucho en el último año, y cada una mostraba su propia personalidad: Celeste, siempre observadora y callada, analizaba su entorno con una madurez sorprendente.
Esme, llena de energía, no se quedaba quieta ni un segundo y tenía una curiosidad insaciable.
Irma, la más reflexiva, hacía muchas preguntas y le encantaba aprender de todo.
Phoebe, tranquila y dulce, siempre buscaba la compañía de su madre o de Sholan.
Sophie, la más traviesa, tenía un talento natural para meterse en problemas, aunque siempre con una sonrisa encantadora.
Sholan y Wanda se aseguraban de que cada una tuviera el amor y la atención que necesitaba.
No era fácil, pero ninguno de los dos cambiaría esta vida por nada del mundo.
Por otro lado, Pietro seguía siendo el tío favorito de las niñas, siempre trayéndoles dulces y jugando con ellas.
Oleg e Irina, aunque no vivían con ellos, visitaban la casa con frecuencia, especialmente en fechas importantes.
El que más sorprendió a todos fue Bucky, quien había tomado muy en serio su papel de guardián de la familia.
Se había instalado en la casa del personal dentro de la propiedad y patrullaba constantemente la zona, asegurándose de que todo estuviera en orden.
Crowbar, el Transformer, también se había convertido en un miembro esencial del hogar, actuando como protector y niñero cuando era necesario.
Las niñas lo adoraban, y aunque al principio le costó adaptarse a su nuevo rol, con el tiempo desarrolló un sentido del deber casi paternal hacia ellas.
Pero no todo había sido solo vida familiar.
Además de su papel como padre, Sholan no dejó de entrenar.
Con cada día que pasaba, perfeccionaba sus habilidades, exploraba nuevas técnicas y fortalecía su conexión con su Ki.
Wanda también había seguido creciendo.
Con la ayuda de Sholan y sus propias investigaciones, había aprendido a controlar mejor su magia y sus poderes.
Aunque aún no estaba al nivel que deseaba, su progreso era impresionante.
Magik, Rogue y Psylocke también formaban parte de su círculo cercano, ayudando en los entrenamientos y fortaleciendo sus habilidades.
Las cuatro mujeres se llevaban bien, aunque cada una tenía su propia dinámica con Wanda y Sholan.
Pese a su crecimiento personal, había algo que Sholan aún tenía pendiente con Wanda.
La idea del matrimonio seguía en su mente, pero aún no había dado el paso.
No porque dudara de sus sentimientos, sino porque quería que fuera especial, un momento inolvidable para ambos.
Sin embargo, sabía que no podía postergarlo por siempre.
Esa noche, Sholan y Wanda estaban en la sala de estar, disfrutando de un momento de calma.
Las niñas ya estaban dormidas, y Pietro se había llevado a Oleg e Irina de regreso a su casa después de su visita del fin de semana.
Crowbar estaba estacionado afuera, en modo vehículo, monitoreando la seguridad de la villa.
Mientras Wanda descansaba con la cabeza en el hombro de Sholan, la televisión encendida empezó a transmitir una noticia de última hora.
—Interrumpimos la programación para traerles una noticia de última hora —anunció la reportera con un tono serio—.
Hace unos momentos, un incidente sin precedentes ocurrió en la Universidad de Culver, donde testigos afirman haber visto una criatura de piel verde y tamaño descomunal destruyendo todo a su paso.
La pantalla mostró un video borroso, pero lo suficiente para distinguir la figura de un ser gigantesco y musculoso, que destrozaba vehículos militares mientras soldados le disparaban sin éxito.
Sholan frunció el ceño.
—No puede ser… Wanda se incorporó un poco, observando la pantalla con seriedad.
—Sholan… ¿Eso… que es…?
La transmisión continuó, mostrando más imágenes de la caótica batalla entre la criatura y los soldados.
Pietro, quien acababa de regresar de dejar a sus padres, entró en la sala justo a tiempo para ver la escena.
—Vaya… y yo que pensaba que tendríamos otro año tranquilo —dijo con una sonrisa sarcástica.
Sholan suspiró, poniéndose de pie.
—Parece que la paz terminó.
Wanda lo miró con preocupación, pero sabía que no podía detenerlo.
—¿Vas a ir?
Sholan asintió.
—No puedo ignorarlo.
Esto es solo el comienzo.
Pietro se estiró un poco, como si ya estuviera listo para la acción.
—Bueno, si vamos a meternos en problemas, mejor hacerlo con estilo.
Sholan miró la pantalla una última vez.
La criatura verde rugía con furia, enfrentándose a los soldados sin ninguna intención de detenerse.
Era hora de actuar.
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