Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 202
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202: Ecos del Omniverso 202: Ecos del Omniverso Los hologramas de White Queen y Red Queen flotaban elegantemente en el aire, mientras Cortana permanecía de pie con su majestuosa presencia de fuego azul y dorado.
Todos en la sala observaban a Sholan, esperando una explicación.
Él suspiró, cruzándose de brazos.
—Está bien, creo que es momento de explicar algunas cosas.
Sholan se giró y todos excepto Wanda y Pietro parecían muy confundidos.
—Las tres—señaló a Cortana, White Queen y Red Queen—son sistemas.
En términos simples, son inteligencias artificiales avanzadas creadas con una funcionalidad específica.
Cortana es mi sistema principal, y White Queen y Red Queen son subsistemas que ella creó para ayudarlos a ustedes.
—¿Y qué significa exactamente que sean sistemas?
—preguntó Bucky, cruzándose de brazos.
Sholan pensó por un momento antes de responder.
—Un sistema es una interfaz que me permite interactuar con el Omniverso de formas que normalmente serían imposibles.
En mi caso, Cortana me asiste en diferentes aspectos, como acceder a información, gestionar ciertas habilidades y, lo más importante, utilizar los Puntos Quantum o PQ.
—¿Puntos Quantum?
—preguntó Shang-Chi con interés.
—Sí.
Son una forma de recurso especial que puedo usar para conseguir ciertos objetos y cosas del Omniverso.
—Sholan levantó una mano, mostrando la palma—.
Imagina que el Omniverso es un inmenso mercado donde todo existe.
Los PQ son la moneda que me permite adquirir cosas sin necesidad de viajar a esos mundos o buscarlas físicamente.
Rogue frunció el ceño, intentando procesar la información.
—Entonces… ¿con estos puntos puedes traer lo que quieras?
Sholan negó con la cabeza.
—No exactamente.
Hay límites.
Depende de cuántos PQ tenga en ese momento y de qué tan complicado sea traer algo.
No es tan simple como “quiero esto y aparece”.
Hay un costo.
—¿Y cómo consigues estos Puntos Quantum?
—preguntó Psylocke.
Sholan sonrió levemente.
—Varias formas.
Derrotando enemigos poderosos, alterando destinos en el multiverso… o devorando la probabilidad residual de universos muertos.
El silencio se hizo presente por un momento.
Magik entrecerró los ojos, aún tratando de entender todo esto.
—Si puedes hacer todo esto… ¿por qué no nos das sistemas a nosotros?
Sholan suspiró.
Sabía que esa pregunta llegaría.
—No es tan simple.
Para crear un sistema desde cero, necesitaría absorber todos los PQ de un universo entero… y eso es casi imposible.
—¿Entonces cómo lo hiciste con Cortana y los otros dos?
—preguntó Wanda.
Sholan hizo una pausa y luego sonrió de lado.
—La verdad es que no lo hice solo.
Cortana ya existía en mí desde el principio, pero para crear los subsistemas de ustedes, aproveché un evento cuántico especial que amplificó temporalmente mis PQ más allá de lo normal.
—¿Un evento cuántico?
—preguntó Rogue, arqueando una ceja.
—Digamos que fue una anomalía única en su tipo.
—Sholan evadió entrar en detalles—.
No es algo que pueda repetirse fácilmente.
Bucky suspiró, aceptando la explicación a regañadientes.
Psylocke miró a White Queen y Red Queen, quienes parecían disfrutar la atención.
—Bueno, supongo que no puedo quejarme.
Tener una asistente digital no suena nada mal.
Cortana observó todo en silencio, evaluando las reacciones de los presentes.
Las niñas, que habían estado escuchando en silencio, finalmente hablaron.
—¿Eso significa que la tía Cortana es como un hada mágica?
—preguntó Sophie con emoción.
Cortana arqueo una ceja y parpadeó antes de responder con una ligera sonrisa.
—Si eso te ayuda a entenderlo, puedes pensarlo así.
—¡Genial!
—gritó Esme emocionada.
Mientras la familia procesaba toda esta nueva información, a miles de kilómetros de distancia, en el desierto de Nuevo México, el destino de otro guerrero estaba tomando forma.
La tormenta azotaba con furia sobre el desierto.
Agentes de S.H.I.E.L.D.
observaban con cautela la extraña anomalía que se había formado en el cielo, mientras Darcy Lewis, Jane Foster y el Dr.
Erik Selvig se mantenían alerta cerca de su equipo científico.
Y entonces cayó.
Con la velocidad de un meteorito, un cuerpo imponente se estrelló contra la arena, levantando una nube de polvo.
Cuando la tormenta se calmó lo suficiente, Jane corrió hacia el punto de impacto.
Entre la arena y las rocas, un hombre yacía inconsciente.
Su cabello rubio estaba revuelto, su rostro cubierto de moretones, y su armadura dorada y roja estaba rasgada.
—¿Qué demonios…?
—murmuró Darcy.
Jane se arrodilló junto al hombre, sintiendo su pulso.
—Está vivo… El hombre gimió y abrió lentamente los ojos, revelando un azul profundo que parecía contener siglos de historia.
—Padre… —susurró con voz ronca.
Jane lo miró confundida.
—¿Quién eres?
El hombre intentó levantarse, pero su cuerpo estaba demasiado débil.
—Yo… soy Thor… hijo de Odín… — Mientras tanto, a unos kilómetros de distancia, un grupo de personas se había reunido en el sitio donde había caído otro objeto.
Era un martillo, enterrado profundamente en la roca, y a su alrededor, decenas de personas intentaban levantarlo sin éxito.
—¿Qué es esto?
—preguntó uno de los curiosos.
Un hombre fornido intentó alzar el arma, pero no se movió ni un milímetro.
—Parece una de esas espadas en la piedra… pero con un martillo —dijo otro, riendo.
Uno tras otro, los presentes intentaban levantar el arma, pero todos fallaban.
Y así, sin que ellos lo supieran, la prueba de dignidad de Thor había comenzado.
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