Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 204
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204: Transiciones y Retos 204: Transiciones y Retos Los eventos en la Tierra se desarrollaban con rapidez.
Thor había recuperado su poder, Loki había caído en el vacío cósmico, y la humanidad aún no comprendía la magnitud de lo que estaba ocurriendo en su mundo.
Para la mayoría, la existencia de seres como Thor era apenas el comienzo de una nueva realidad.
Pero para Sholan, esto era solo una pieza más en el tablero del multiverso.
Mientras revisaba algunos documentos en su estudio de Villa Loriana, su comunicador sonó.
Al ver el identificador de llamadas, no pudo evitar sonreír con cierta burla.
—¿Qué tal, Fury?
—respondió con tono relajado.
—Voy a ir al grano —Nick Fury no era de rodeos—.
¿Dónde estás?
—En casa, ¿por?
—Necesito tu ayuda con una situación.
Acabamos de tener una pelea contra una entidad con un martillo mágico y criaturas de otro mundo.
Si tienes algo de información, la agencia te lo agradecería.
Sholan soltó una pequeña risa.
—No necesitan mi ayuda, ya tienen a alguien poderoso con ustedes.
Hubo un momento de silencio.
—¿Te refieres a Thor?
—Exacto.
Es más de lo que pueden manejar, pero también más de lo que necesitan.
No te preocupes, él es de los buenos… aunque su hermano tenía sus propios planes.
—Dime algo que no sepa —gruñó Fury—.
¿Debo preocuparme por Loki?
Sholan sonrió de lado.
—Oh, ya te enterarás con el tiempo.
Y cortó la llamada.
—– Los días se convirtieron en semanas, y las semanas en meses.
La vida en Villa Loriana se volvió más estable, aunque nunca aburrida.
Sholan, Wanda y sus hijas disfrutaban de la tranquilidad que su hogar les brindaba, mientras él continuaba trabajando en las sombras, asegurándose de que el futuro siguiera su curso correcto.
Con cada trato que hacía con Tony Stark, su fortuna crecía.
Gracias a Cortana, la información sobre él seguía oculta a la prensa.
Su existencia era un secreto, protegido incluso de los medios más persistentes.
Pero por mucho que el mundo exterior ignorara su presencia, en casa las cosas no eran tan silenciosas.
— —¡Vamos, vamos, vamos!
—Esme brincaba emocionada mientras Sophie intentaba atarse los zapatos.
—No es justo… —murmuró Phoebe, que aún se frotaba los ojos somnolienta—.
Yo quería quedarme en casa con papá… —¡Pero vamos a la escuela!
—dijo Irma con entusiasmo—.
¡Vamos a aprender cosas nuevas!
—Y a conocer amigos —agregó Celeste, con su expresión siempre analítica.
Wanda, que ya estaba vestida y lista, ayudaba a cada una con los últimos detalles de sus uniformes.
Misha y Nasha también estaban en la casa, emocionados porque ahora sus “hermanitas menores” como ellos las llamaban irían a la misma escuela.
Sholan observaba la escena con una mezcla de orgullo y nostalgia.
Por mucho que sus hijas fueran súper inteligentes y aprendieran rápido, aún eran solo unas niñas.
—Deben recordar —les dijo mientras las cargaba en el auto— que lo más importante es ser amables con los demás.
—¡Sí, papi!
—respondieron en coro.
—Y si alguien nos molesta… —comenzó Sophie.
—Le partimos la cara, como hiciste con el monstruo en la tele —terminó Esme.
Sholan y Wanda se giraron al mismo tiempo para mirarlas.
—¡No!
—dijeron los dos al unísono.
Phoebe suspiró.
—Pero si nosotras podemos pelear… —Pueden defenderse si es necesario —aclaró Wanda—, pero eso no significa que tengan que hacerlo siempre.
Las niñas asintieron, aunque no parecían muy convencidas.
Sholan rió por lo bajo.
“Definitivamente, son Saiyans.” —– Con el tiempo, la rutina se estableció.
Por la mañana, las niñas iban al kínder.
Por la tarde, seguían entrenando bajo la guía de Shang-Chi y de Sholan.
Wanda también progresaba poco a poco en sus lecciones de Wing Chun.
Pero mientras la vida familiar avanzaba, el destino aún tenía planes para Sholan.
Había dos tareas importantes en su agenda: Primero encontrar al Capitán América, o mejor dicho, desenterrar el legado de Steve Rogers.
Y segundo el evento más desafiante de todos… El show de talento benéfico para padres en la escuela de sus hijas.
Sholan suspiró al pensarlo.
Salvar el universo era fácil.
Pero actuar frente a un grupo de niños y profesores… Eso sí era un desafío.
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