Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 214
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214: Los Vengadores 214: Los Vengadores Ciudad de Nueva York.
El portal seguía abierto.
Los cielos vomitaban legiones de Chitauri sin cesar.
Los héroes luchaban con cada gota de energía, y los civiles aún corrían entre ruinas y fuego.
De pronto, una nueva amenaza.
—Director Fury, tenemos confirmación.
El Consejo Mundial acaba de lanzar un misil nuclear hacia Manhattan.
La voz de Maria Hill era urgente.
Fury apretó los dientes y miró al cielo, tomando un lanzamisiles portátil.
Disparó a un primer jet… y falló.
Un segundo misil salió en dirección a la ciudad.
Fury lo vio alejarse con furia contenida.
—Malditos…
Desde lo alto, Tony Stark logró interceptar el misil.
Lo sostuvo con todo el poder de su armadura.
—Yo sé exactamente dónde poner esto… Pero justo entonces, una ráfaga dorada lo rodeó.
Sholan apareció frente a él, rodeado por un aura incandescente de Ki dorado como llamas celestiales.
—No es necesario, Tony.
Déjamelo a mí.
Antes de que pudiera responder, Sholan alzó una mano y absorbió el misil dentro de su inventario, en una pestaña oculta que solo él podía ver.
Inventario – Categoría: “Para el futuro” -Misil Nuclear -Núcleo Oscuro de Killvearn -Pilares con Núcleos Oscuros Tony quedó suspendido en el aire, sin palabras.
—¿En serio acabas de desaparecer un maldito misil nuclear?
—Sí.
Y eso no es lo más loco que haré hoy.
La batalla no cesaba.
Aunque las fuerzas Chitauri habían comenzado a disminuir, la ciudad seguía envuelta en caos.
Fuego.
Gritos.
Héroes luchando sin descanso.
Desde uno de los edificios, Natasha Romanoff habló con urgencia a través del comunicador: —Tengo el cetro.
Selvig dice que podemos cerrar el portal.
Pero siguen saliendo más.
En el cielo, entre columnas de humo y escombros flotantes, Sholan descendió con majestuosidad a la calle, su aura dorada iluminando las ruinas como un segundo sol naciente.
Su expresión era serena, pero sus ojos ardían con decisión.
Cortana, a pocos pasos, ya lo sabía.
Era el momento.
—Cortana, muéstrale al mundo.
Todo.
En tiempo real.
Con música heroica y edición dinámica.
—Entendido.
Transmitiendo a nivel global.
Sholan, estás en vivo.
El guerrero miró hacia Cortana que con su visión y sus sistemas gravaban y transmitían su imagen.
Entonces habló.
Cada palabra retumbó como un rayo por los cielos del mundo.
—¡A todos los que aún luchan!
Protejan a los inocentes.
Contengan a los enemigos que quedan.
Extendió sus brazos lentamente hacia el cielo.
Su aura dorada ardía más fuerte.
—Yo me encargaré de terminar esta invasión.
Sholan despegó como un rayo dorado, dejando atrás un cráter en el asfalto agrietado.
En segundos alcanzó los cielos por donde el portal dimensional aún rugía como un abismo cósmico.
Mientras que Cortana fiel a su estilo utilizó la habilidad de BGM del sistema y reprodujo la canción Inferno de Mrs.
Apple Desde el otro lado, más naves Chitauri emergieron, intentando mantener el canal abierto.
Cuatro de ellas —acorazadas y con artillería pesada— volaron directamente hacia él.
Misiles, rayos de energía, y proyectiles se dirigieron a Sholan desde todas direcciones.
Pero él no se detuvo.
Giró en pleno vuelo, dejando tras de sí una estela en espiral.
Con un movimiento sutil de su brazo, creó una onda expansiva de Ki que desintegró los proyectiles.
Luego, atravesó la primera nave como un meteorito, cortándola por la mitad gracias a Excalibur.
Las cámaras grabaron con devoción cada ángulo.
Los comentaristas de todo el planeta apenas podían describir lo que veían.
—¿Quién es este hombre…?
¿Qué clase de fuerza es esa…?
La segunda nave intentó embestirlo.
Sholan la detuvo con una sola mano, girando sobre sí mismo para lanzarla contra la tercera, generando una explosión que iluminó la ciudad.
La cuarta nave lanzó todo su arsenal… pero él simplemente levantó el brazo.
—Stardust Revolution… —murmuró.
Miles de pequeños meteoritos perforaron la nave, cayendo esta al vacío.
En segundos, los cielos estaban despejados.
Solo quedaba él… y el portal.
Sholan se posicionó justo frente al vórtice dimensional, suspendido como entre mundos.
Los bordes del portal temblaban ante su Ki, que crepitaba como fuego vivo.
Sus manos se colocaron lentamente una sobre otra, la derecha en forma de concha cóncava… la izquierda apoyada suavemente detrás.
Las nubes comenzaron a arremolinarse sobre Manhattan.
Un murmullo recorrió el mundo.
En hospitales, hogares, escuelas… millones de personas veían la imagen en vivo.
Pero solo cinco pequeñas en Villa Loriana sabían exactamente qué estaba por ocurrir.
En la casa, frente al televisor, Celeste, Esme, Irma, Phoebe y Sophie miraban con los ojos muy abiertos.
—Papá… —susurró Celeste, apretando la mano de su hermana.
—¡Va a hacerlo!
—gritó Esme, saltando de emoción.
—¿Va a estar bien?
—preguntó Irma con curiosidad y nerviosismo.
—Confiemos en Papá.
—dijo Phoebe tímidamente.
—¡Vamos, papi!
¡Hazlos explotar!
—gritó Sophie, lanzando un cojín al aire.
— Las manos de Sholan se colocaron juntas, una tras otra.
—Ka… El aire cambió.
Las nubes se alejaron.
—Me… El aura dorada se expandió, como una supernova viva.
—Ha… Los restos de edificios flotaban con su energía.
—Me… Y justo antes de soltarlo, dijo en voz alta, con una calma implacable: —”Este mundo no será su cementerio.
Será el lugar donde empiece su fin.” —¡HAAAAAAAAA!!!
El rayo de energía estalló como un río de luz incandescente, cruzando el portal a velocidades que desafiaban la física.
Impactó de lleno contra la nave madre Chitauri, desintegrándola en una explosión azul brillante que iluminó la galaxia.
Explosión.
Luz.
Silencio.
Y luego… En la Tierra, todos los Chitauri colapsaron como marionetas sin hilos.
—¡Ahora, Romanoff!
—gritó Cap.
Natasha introdujo el cetro en el generador del portal.
Un pulso de luz… y el vórtice se cerró.
La invasión… había terminado.
Sholan quedó suspendido en el aire, respirando lentamente.
Las llamas doradas de su aura revoloteaban a su alrededor como si fueran vivas, como si reconocieran la victoria.
Levantó el puño.
La ciudad y el mundo estallaron en gritos.
En la pantalla, Cortana mostró un último encuadre: Sholan flotando entre las nubes, con el puño alzado como símbolo de esperanza.
Luego… la transmisión se cortó.
Pero Cortana aún tenía una última jugada.
En una transmisión de emergencia, interrumpió todos los canales y dispositivos.
“Los Vengadores y en especial el Guerrero Dorado ha salvado el mundo.
Pero el pueblo merece saber la verdad.
Un misil nuclear que pretendía destruir Manhattan fue enviado por el Consejo Mundial de Seguridad.
Según estos datos que mostramos en pantalla, la explosión solo habría eliminado a las fuerzas ya en la Tierra y a los héroes que estaban peleando contra ellas… dejando el portal abierto, permitiendo el ingreso de miles más y sin nadie que las detuviera.” “Estaban dispuestos a sacrificar millones… sin tener garantía alguna de victoria.” “El mundo fue salvado por los Vengadores héroes que no solo lucharon… sino que decidieron protegernos arriesgando sus vidas por todos nosotros.” — De vuelta en Villa Loriana, las hijas de Sholan seguían mirando la pantalla ya apagada.
Celeste se secó una lágrima.
Phoebe abrazó un cojín.
Sophie aún saltaba emocionada.
Irma murmuraba los cálculos detrás de ese rayo de energía.
Esme… solo sonrió, con sus ojitos brillando.
—Nuestro papá es el mejor héroe de todos.
—dijeron las niñas al unísono haciendo reír a Gabriel y a Trevor por su inocencia y la gran verdad que acababan de decir.
Y en ese momento, en alguna parte del cielo… Sholan flotaba.
Silencioso.
Tranquilo.
Esperando la reacción del mundo.
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