Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 218
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- Capítulo 218 - 218 Las Pesadillas que caminan
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218: Las Pesadillas que caminan 218: Las Pesadillas que caminan La noche había caído sobre la ciudad, pero la oscuridad no traía consigo descanso, sino un silencio espeso, roto solo por los gemidos secos y los pasos arrastrados de los muertos vivientes.
En la azotea de una escuela secundaria, Rei Miyamoto y Takashi Komuro observaban el horizonte, tensos, agotados.
Habían pasado horas desde que empujaron a Hisashi Igou, el novio infectado de Rei, desde la azotea.
El trauma aún ardía como una herida sin cerrar.
—Esto se está saliendo de control… —murmuró Takashi, con los nudillos blancos de tanto apretar el bate de aluminio.
—Ya no sé cuánto más vamos a aguantar aquí arriba —dijo Rei, su voz quebrada—.
No sabemos si hay sobrevivientes, si alguien vendrá…
Un súbito destello dorado iluminó la noche.
Ambos alzaron la vista y se congelaron.
Un hombre flotaba a pocos metros sobre la azotea, rodeado por un aura dorada ondulante como llamas vivas.
Sus ojos, serenos y profundos, parecían atravesarlo todo.
Llevaba ropajes extraños.
El viento giraba suavemente a su alrededor, como si el mundo mismo lo reconociera.
Rei dio un paso atrás, alarmada.
—¡¿Qué demonios es eso?!
Takashi, en cambio, simplemente lo observó con los ojos entrecerrados.
—No sé… pero después de ver muertos caminando, ya nada me parece demasiado raro.
El hombre descendió lentamente, posando los pies sobre el concreto como si la gravedad fuera una sugerencia.
Les dirigió una mirada amable pero firme.
—Tranquilos, no vengo a hacerles daño.
Soy Sholan.
¿Cuánto tiempo llevan aquí arriba?
Takashi respondió con cautela.
—Desde el inicio… un día, tal vez más.
Perder la cuenta es fácil cuando todo se fue al carajo.
—¿Qué fue lo que pasó abajo?
—Una plaga.
Empezó en la escuela.
No sabemos cómo.
Los mordidos se levantan… como ellos —dijo señalando la puerta trancada con escritorios, sillas y lo que encontraron.
Golpes y quejidos sordos se oían del otro lado.
Sholan asintió.
—Escucho los ruidos.
Permítanme intentar algo.
Sholan caminó hacia el borde de la escalera dónde la barricada improvisada estaba.
Sus ojos del Infinito brillan brevemente mientras enfoca su vista a través de la barricada.
Localiza a un zombi de pie y cuando lo ve un anuncio azul y etéreo parpadea frente a él: [Zombi Común Detectado] Es posible extraer su sombra Sholan no lo duda.
—Surge.
El zombi se convulsiona por un instante.
Luego se queda rígido.
De su pecho, entre chispas oscuras y un grito ahogado, emerge un brazo hecho de sombras, tirando de algo.
El cadáver se desintegra al instante en polvo negro, y la figura que surge lo reemplaza con paso firme: Un soldado sombra.
Cubierto completamente por una armadura negra, cada centímetro de su cuerpo resguardado por placas oscuras.
Su rostro no es visible, cubierto por un casco cerrado con una única línea luminosa horizontal donde estarían los ojos.
Inmóvil, con las manos cruzadas sobre el pecho, esperaba órdenes.
Rei dio un paso atrás.
—¡¿Pero qué…
qué es eso?!
—Cortana —llamó Sholan—.
¿Qué fue eso?
La inteligencia artificial apareció en un destello azul, en forma física junto a él, calmada y eficiente como siempre.
—Al extraer la sombra de una persona común sin habilidades especiales, esta se transforma en un Soldado Sombra de Infantería Básica, el rango más bajo dentro de tu ejército de sombras.
Son leales, no necesitan descanso, y cumplen órdenes sin error.
No tienen emociones, no recuerdan su vida pasada, solo obedecen.
Takashi se adelantó, observando al soldado con asombro contenido.
La figura del soldado sombra dio un paso al frente y se arrodilló ante Sholan, como si reconociera su lugar en la jerarquía.
Rei y Takashi miraban en un silencio reverente.
Takashi, aún impactado, murmuró: —Ese tipo… no es de este mundo.
— Mientras tanto…
En otro rincón de ese mismo mundo apocalíptico, entre los restos de lo que antes era una ciudad japonesa llena de vida, Amora y Lorelei estaban dentro de un pequeño almacén.
El dolor en sus abdómenes era agudo, como brasas quemando por dentro.
Intentaron convocar magia, encantos… nada.
—No puedo…
—jadeó Lorelei, la desesperación surgiendo.
—Mis poderes están…
¡sellados!
Amora gruñó, furiosa.
—¡Maldito Sholan!
Ellas sintieron las cadenas etéreas y doradas que seguían enroscadas a sus corazones, pulsando con energía.
Sabían lo que significaban.
Habían sido marcadas, doblegadas.
Luego un rugido seco.
Zombies.
Docenas.
Tal vez más.
Amora se puso de pie tambaleante.
Lorelei se apoyó contra una pared rota.
Veía a las criaturas ya las habían escuchado.
—¡Tenemos que pelear y salir de aquí o nos bloquearán completamente!
—susurró Lorelei.
—¡¿Cómo?!
¡Sin magia somos…Simples mortales!
Los primeros muertos llegaron a la puerta del pequeño almacén, con bocas abiertas y ojos vacíos.
La cacería había comenzado y ahora, no eran diosas.
Solo presas.
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