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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 219

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219: El Alba de Fuego 219: El Alba de Fuego El sol apenas se filtraba entre las ventanas rotas del edificio principal.

Un silencio tenso se apoderó de los pasillos manchados de sangre y muerte.

Pero no duró mucho.

Sholan se adelantó hacia sus soldados sombra, los cuales permanecían firmes como estatuas negras con la línea luminosa en sus visores.

—Cada uno —ordenó con voz autoritaria—.

Tráiganme un cadáver o un zombi.

Sin emitir sonido, las figuras se dispersaron.

Se desvanecían en las sombras, bajaban escaleras, abrían puertas a empujones, arrastraban cuerpos desde rincones olvidados.

Pronto, el primer soldado regresó, arrastrando un zombi aún tembloroso.

—Surge —dijo Sholan.

La criatura se disolvió en polvo, y una nueva sombra surgió de ella, formando otro soldado.

—Siguiente.

Uno por uno, los soldados regresaban con cadáveres y zombis, y uno por uno, Sholan los transformaba en soldados sombra.

El proceso se repitió docenas de veces.

En poco más de una hora, el edificio entero quedó limpio.

No quedaba ni un muerto que no fuera parte de su legión.

Saya, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, no aguantó más.

—¡¿Quién demonios eres realmente?!

¡Esto no es normal!

¡Esto no es humano!

Sholan se giró hacia ella, tranquilo.

—Después.

—¿Después?!

¡Tú apareces de la nada, creas un ejército de sombras y ahora estás mandando como si fueses un general!

¡No puedes seguir ignorándonos!

Takashi intervino, poniéndose entre ambos.

—Saya… no ahora.

No cuando finalmente tenemos una oportunidad.

Sholan los ignoró.

Caminó hacia el grupo y colocó un mapa improvisado sobre una mesa manchada.

—Vamos a limpiar toda la escuela.

Asegurar cada aula.

Cada pasillo.

Cada almacén.

Vamos a recolectar todos los suministros que podamos: comida, agua, medicinas, herramientas.

Luego, nos iremos de aquí.

Tengo localizado un autobús en el patio trasero.

Todos lo observaron, asintiendo lentamente.

—Nos iremos —continuó—.

Pero no todos sobrevivirán si siguen actuando como civiles.

A partir de ahora, peleen.

Defiéndanse.

Tomen su supervivencia en sus propias manos.

Descendieron hacia la entrada principal: el genkan, donde los estudiantes solían cambiarse los zapatos antes de entrar al colegio.

Ahora estaba cubierto de cuerpos, manchas secas y sangre fresca.

Sholan lideró la carga.

Rei y Takashi cubrían la retaguardia.

El resto del grupo, dividido por zonas, ejecutaba su parte del plan.

El equipo avanzó limpiando habitación por habitación.

El grupo llenó varias maletas escolares con comida, medicamentos, mapas, linternas, herramientas y ropa limpia.

Cada uno llevaba al menos una.

Sholan ordenó a sus soldados sombra desaparecer en su sombra, almacenándolos en el reino de las sombras.

Todo marchaba con una eficiencia inquietante.

Hasta que llegaron al autobús.

— Frente al vehículo escolar, oxidado pero funcional, un grupo de al menos quince estudiantes los esperaba.

Frente a ellos, con una expresión arrogante y sonrisa ensayada, estaba Koichi Shido.

—¡Alto ahí!

—exclamó, levantando la mano—.

Es bueno ver que hay más sobrevivientes.

Los dioses nos sonríen después de todo.

Takashi entrecerró los ojos, y Rei apretó los dientes.

—Oh no… ese imbécil… Shido caminó lentamente hacia ellos, usando un bastón como apoyo teatral.

—Este autobús puede ser nuestro arca de salvación —dijo—.

Pero para que una comunidad prospere en este nuevo mundo, necesita liderazgo.

Dirección.

Un guía moral que impida que caigamos en la anarquía y la desesperación.

Por eso, propongo que nos unamos… bajo mi dirección.

Un murmullo de desagrado recorrió el grupo de Takashi.

—Típico político —gruñó Hirano—.

Ni siquiera espera a estar a salvo para aprovecharse.

Shido seguía hablando como si no los oyera.

—He guiado a estos estudiantes hasta aquí.

He protegido vidas.

¡He impartido orden en medio del caos!

Con mi liderazgo, todos podrán tener— —¿Quién diablos te crees?

—interrumpió Sholan, con voz grave.

Shido parpadeó.

El ambiente cambió.

Una presión invisible llenó el aire.

—Perdón, ¿tú eres…?

No te había visto antes, pero puedo decir que tienes iniciativa.

Podríamos trabajar juntos.

Te daré una posición… de poder, si me apoyas.

—Tus palabras son veneno —dijo Sholan, avanzando lentamente—.

Y tus ojos… están podridos por dentro.

Shido retrocedió un paso.

Demasiado tarde.

En un parpadeo, Sholan apareció frente a él y lo tomó por el cuello, alzándolo del suelo.

El bastón cayó al suelo con un golpe seco.

—¡¿Qué estás haciendo?!

¡Déjame!

¡¿Estás loco?!

¡No puedes—!

Sholan apretó con más fuerza.

—Mis Ojos del Infinito ven lo que ocultas.

Cada mentira.

Cada manipulación.

Cada traición.

Tu alma es más oscura que los zombis que caminan por esta tierra.

El grupo entero estaba en shock.

Shido intentó patalear, gritar, pero sus palabras se ahogaban.

—¿Quieres ayudar…?

Entonces servirás de experimento.

Sholan le rompió el cuello con un chasquido seco.

El silencio fue absoluto.

Los estudiantes de Shido gritaron, y varios se prepararon para atacarlo… hasta que sucedió.

Sholan cerró los ojos y liberó su Haki del Emperador.

Una onda de presión invisible barrió el área.

Todos cayeron de rodillas.

Incluso Hirano, Saya, y Rei sintieron una oleada abrumadora de miedo y respeto.

Algunos de los estudiantes de Shido simplemente desmayaron.

Sholan se giró hacia Rei.

—¿Cuánto tarda un muerto en convertirse?

Rei, aún jadeando, respondió: —Si es mordido o arañado, puede tardar… horas.

Pero si está muerto… de 3 a 5 minutos, de lo que hemos visto.

Sholan asintió.

—Esperaremos 10.

Pasaron los minutos.

El cadáver de Shido no se movió.

No se retorció.

No abrió los ojos.

Entonces Sholan alzó su mano derecha, y una llama dorada y carmesí emergió de su palma: el Fuego del Fénix.

Con un solo gesto, las llamas envolvieron el cuerpo del hombre, reduciéndolo a cenizas puras.

Ni humo, ni hedor.

Solo luz y polvo gris.

Todos lo miraron con una mezcla de asombro y terror.

—El virus no es transmitido por el aire —dijo Sholan, mirando a todos con calma—.

Si lo fuera, ya estarían todos muertos.

Se dio la vuelta y caminó hacia el autobús, dejando las cenizas de un monstruo humano atrás.

Y nadie… nadie se atrevió a detenerlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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