Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 220
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- Capítulo 220 - 220 La Luz en la Oscuridad
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220: La Luz en la Oscuridad 220: La Luz en la Oscuridad Sholan estaba a punto de subir al autobús.
Pero algo lo detuvo.
Se giró lentamente, su mirada fija en los estudiantes que antes seguían a Shido.
El silencio era pesado.
Todos evitaban mirarlo, temiendo ser el siguiente.
Entonces, los Ojos del Infinito se activaron.
Sus pupilas brillaron con un resplandor etéreo, profundo, atravesando la carne, la mente y el alma.
Escaneó a cada uno sin moverse.
Hasta que… se detuvo.
Un estudiante en la parte trasera temblaba, sudando, con la mirada baja.
Su respiración era irregular.
Sholan dio un paso hacia él.
—… Sin decir palabra, le disparó un pequeño rayo de Ki que atravesó la frente del muchacho con precisión quirúrgica.
El cuerpo cayó al suelo como un saco.
—¡¡¡AAAAHHH!!!
—gritaron dos chicas del grupo.
Varias más retrocedieron con terror.
Sholan se arrodilló al lado del cuerpo, extendiendo su mano.
—Miren bien.
Sus ojos brillaron de nuevo.
Una aura púrpura oscura se elevó del cadáver: era la señal de una transformación inminente.
Las venas del chico ya comenzaban a ennegrecerse.
Iba a convertirse en un zombi… en cualquier momento.
—Estaba infectado.
Lo lamento mucho —dijo Sholan con voz baja y solemne.
Extendió su mano.
La sombra del chico se alzó, retorciéndose hasta tomar la forma de un nuevo guerrero sombra.
El visor brilló tenuemente antes de inclinarse ante Sholan.
—Llévense el autobús —ordenó, volviéndose hacia los otros estudiantes—.
Uno de los profesores aún está entero.
Ustedes se van con él.
Busquen ayuda.
Refugio.
Protección.
Pero no me crucen.
Si alguno de ustedes vuelve a actuar como Shido… no tendré piedad.
El grupo, pálido como el papel, asintió sin discutir.
El motor del autobús rugió y comenzó a alejarse.
—– Minutos después, Sholan caminaba con el grupo de Takashi hacia otro vehículo.
Shizuka revisaba el estado del motor.
—Shizuka —dijo Sholan—.
Será mejor que vayamos al apartamento de tu amiga.
Puede que encontremos recursos o un refugio temporal.
—¡Oh, cierto!
¡¡Rika-chan!!
—dijo con una sonrisa tonta—.
Es policía, su departamento debe tener muchas cosas útiles.
El grupo montó en la camioneta, pero Sholan se separó volando unos metros por encima, vigilando los caminos.
Todos los accesos estaban bloqueados.
Carros volcados, cadáveres, caos.
Sholan descendió, aterrizando frente al vehículo.
Tocó suavemente el capó.
—Yo manejo.
Guíame.
Shizuka asintió, sentándose a su lado.
Cuando llegaron al complejo residencial, Sholan se elevó en el aire.
Sus Ojos del Infinito atravesaron las paredes y barreras.
Docenas de zombis.
Cadáveres.
Una carnicería.
—Surjan.
Una oleada negra emergió desde el cielo, cubriendo el complejo como una tormenta de tinta viviente.
Todos los zombis y cadáveres fueron absorbidos por sus propias sombras, transformándose en soldados sombra.
La escena era imponente.
Decenas de figuras oscuras, como caballeros sin rostro, rodeaban el edificio.
Uno a uno, se arrodillaron ante Sholan, inclinando sus cabezas con respeto absoluto.
Takashi y los demás estaban boquiabiertos.
—Retírense —ordenó Sholan.
La mayoría desapareció en la sombra del entorno, pero dejó un pequeño pelotón haciendo guardia silenciosa.
—Ahora es seguro.
Entraron al apartamento.
Era amplio, bien resguardado.
El aire estaba tenso.
Rei miraba por la ventana.
Takashi se acercó, pero ella se cruzó de brazos.
—¿Qué pasa contigo?
—preguntó él.
—¿Conmigo?
—replicó ella—.
Siempre pasivo.
Siempre dudando.
Siempre esperando que otro dé el primer paso.
Takashi quedó en silencio.
—Me hice novia de Hirano —soltó, cruzando la línea—.
Al menos él hace cosas.
Al menos él no duda.
Al menos él me mira.
Takashi apretó los puños.
—¿Entonces por qué estás tan molesta?
—¡Porque tú nunca hiciste nada!
¡Nunca me diste señales!
¡Siempre esperando a que TODO se resuelva solo!
Sholan, sentado en un sillón cercano, alzó la mirada.
Su voz cortó el aire como una espada.
—¿Y alguna vez le dijiste eso?
Rei se volteó, sorprendida.
—¿Perdón?
—Te quejas de que Takashi fue pasivo.
¿Pero cuántas veces hablaste con él?
¿Cuántas veces fuiste clara?
¿Cuántas veces le diste la confianza de abrir su corazón?
Ella bajó la mirada.
—No se trata solo de lo que te dieron princesita.
También se trata de lo que tú hiciste para construirlo.
Sholan se levantó.
—Tú quieres amor… pero lo querías sin esfuerzo.
Quieres que te adivinen.
Que te salven.
Pero el amor no es eso.
El amor real exige valor.
El mismo que le reclamas a él.
Se acercó a ambos, como un maestro dando la última lección del día.
—Takashi no es perfecto.
Pero tampoco tú.
Si quieres que alguien arriesgue todo por ti, primero debes ser alguien por quien valga la pena arriesgar todo.
Rei respiraba con dificultad.
Nadie dijo una palabra.
Hirano había desviado la mirada.
Saya estaba sentada, sin atreverse a interrumpir.
Sholan volvió a sentarse… hasta que de pronto, giró bruscamente la cabeza.
—… Un soldado sombra le habló sin palabras.
—¿Escucharon eso?
—dijo Takashi, abriendo la ventana.
Un ladrido.
Luego, un grito ahogado.
Salieron corriendo al balcón.
A lo lejos, en un callejón, un perro ladraba con fuerza.
Una niña pequeña lloraba, abrazando al animal.
Frente a ella, un hombre se arrastraba por el suelo, agonizante, apuñalado.
Y alrededor, varios zombis se acercaban, tambaleándose.
—¡No…!
—murmuró Saya.
Sholan frunció el ceño, pero antes de que pudiera decir algo, Takashi corrió hacia la puerta.
—¡¿Takashi, qué haces?!
—gritó Rei.
—¡Voy a salvarla!
¡¡No voy a dejar que muera!!
Sholan observó la escena.
Por un segundo, pareció quedarse inmóvil.
Y entonces… dibujó una sonrisa en su rostro.
—Eso es, Takashi.
Así empieza un verdadero héroe.
La luz del atardecer se reflejaba en su rostro mientras el destino daba un nuevo giro.
La oscuridad aún reinaba… pero la llama de la esperanza ardía más fuerte que nunca.
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