Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 226
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- Capítulo 226 - 226 El Día del Ascenso Oscuro
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226: El Día del Ascenso Oscuro 226: El Día del Ascenso Oscuro Seis meses más habían transcurrido.
El aire en Japón ya no era espeso, ni hostil.
La sombra de la enfermedad y la muerte había desaparecido por completo.
Las ciudades estaban siendo reconstruidas por equipos de reconstrucción guiados por Cortana y asistidos por sombras especializadas.
Japón estaba limpio.
Purificado.
Y mientras la esperanza florecía, Amora y Lorelei florecían con ella.
Las hermanas, que un día usaron la magia para doblegar voluntades, ahora entrenaban todos los días con Saeko y su padre.
Cada mañana se escuchaba el silbido de las katanas cortando el aire, seguido de respiraciones profundas, pasos controlados, y el crujir de sus nuevas armaduras ligeras.
Amora tenía una postura más agresiva, veloz y afilada como una lanza.
Lorelei era más fluida, defensiva, girando con movimientos elegantes que desarmaban antes de herir.
Ambas sudaban.
Se caían.
Se golpeaban.
Y se levantaban de nuevo.
Con el tiempo, dejaron de parecer magas… y empezaron a parecer guerreras.
En la cima del viejo Monte Fuji, Sholan observaba el horizonte.
La brisa le traía los ecos de todos sus soldados sombra, como un coro distante en su mente.
—Cortana… —dijo con voz solemne—.
Es hora.
La IA apareció a su lado en forma humana.
—¿Confirmas que el 100% del territorio japonés ha sido purificado?
—Sí —respondió él—.
Da la orden.
Con un gesto de su mano, miles de sombras que estaban dispersas en las ciudades se elevaron como brumas vivientes y se lanzaron al cielo.
—Distribúyanse por el mundo.
—La voz de Sholan sonó como un trueno contenido—.
Según las rutas que Cortana estableció.
Esa tarde, reunió a todos los sobrevivientes clave: Takashi, Rei, Saya, Hirano, Shizuka, Saeko, su padre… todos estaban allí.
Incluidas Amora y Lorelei, que se sentaron al fondo, en silencio pero atentas.
—Ya conocen el trato —dijo Sholan sin rodeos—.
Su mundo fue salvado.
Pero el precio… es su traslado al otro mundo.
Un silencio reverente se hizo.
Saya fue la primera en asentir.
—Un mundo más estable… sin muertos vivientes.
Vale la pena.
Takashi miró a Rei, luego al resto.
—Vamos.
Juntos.
Uno a uno, todos aceptaron.
Lo sabían: esta era una segunda oportunidad.
Lorelei levantó la mano, algo nerviosa.
—Sholan… —dijo con duda—.
En ese mundo… el plan de Thanos… ¿el chasquido?
¿Realmente pasó?
Sholan sonrió.
Pero no fue una sonrisa cálida.
Fue la sonrisa de alguien que ya había previsto cada jugada en un tablero cósmico.
—No te preocupes.
—Sus ojos brillaron con poder— Ese plan fracasó antes de empezar.
Lorelei bajó la mirada, un poco aliviada… un poco intrigada.
—Ahora —continuó Sholan—.
Necesito purificarlos antes del salto.
Levantó la mano, y un fuego rojo, dorado y blanco surgió de su palma: el Fénix.
El fuego envolvió a cada uno de los presentes, sin quemar… limpiando, estabilizando su existencia.
—Esterilizados de todo vestigio del virus, magia inestable y residuos oscuros.
Cortana, ya puedes transformarlos.
La IA asintió.
Uno a uno, los cuerpos de todos fueron envueltos en luz… y transformados en cartas selladas con un símbolo radiante.
Las sostuvo en su mano izquierda como un mazo ordenado.
—Esperen un poco más —susurró—.
Aún no termina.
Dos días después… Amora y Lorelei estaban a su lado en lo alto del Templo Kiyomizu-dera, reconstruido como símbolo de renacimiento.
Frente a ellos, el cielo entero se oscureció por un instante.
Y entonces… lo sintió.
Cientos de millones de voces en su mente.
No palabras… sino presencias.
—Ya están en posición —informó Cortana—.
Todos los soldados sombra están listos.
Sholan cerró los ojos.
Inspiró profundamente.
Y con autoridad absoluta… —¡SURJAN!
—rugió.
El mundo se sumió en un fuego negro.
Por solo un instante… el cielo, la tierra, los océanos y cada rincón habitado fueron cubiertos por esa llama oscura.
Cada cadáver, infectado o putrefacto, desde los trópicos hasta los polos, despertó.
Pero no como zombies.
Como soldados sombra.
Miles de millones… en todo el planeta.
—Sholan… —dijo Cortana, alarmada—.
Hay demasiados.
¡Tu sombra no puede contener tantos al mismo tiempo!
—Lo sé.
—Alzó la mano derecha y murmuró—: Condensación de sombra.
Una onda gravitatoria de Ki expandió su sombra.
Y luego, con un crujido cósmico, toda esa masa negra se comprimió.
No eliminada.
Solo refinada.
Miles de millones… se redujeron a cien millones de soldados de élite.
Más rápidos.
Más fuertes.
Más inteligentes.
Leales solo a él.
En ese instante, Cortana dio el aviso final: —Has completado el Dungeon Obligatorio: Hora de la Venganza.
Sholan exhaló despacio.
La oscuridad alrededor empezó a disiparse.
El aire recuperó su color.
La base de datos se estabilizó.
Volvían al punto original.
Sholan, Amora y Lorelei reaparecieron en la sala principal de Villa Loriana.
Las luces se encendieron solas.
El mármol blanco bajo sus pies, los ventanales altos, los retratos familiares… todo estaba en su lugar.
El cálido olor a madera y flores regresó a sus sentidos.
Por primera vez en meses, se sentían en casa.
Lorelei suspiró con alivio.
Amora dejó caer los hombros, como soltando un peso invisible.
Pero la calma duró apenas segundos.
Una onda de energía escarlata atravesó el salón como una tormenta emocional desatada.
Y entonces, desde lo alto de las escaleras… apareció ella.
Con el aura carmesí danzando como fuego, el rostro desencajado por la rabia, los ojos brillando como soles moribundos.
—¡MONSTRUOS!
—gritó una voz desgarradora—.
¡¿Qué le hicieron a mi familia?!
—gritó Wanda Maximoff, con una voz rota por el dolor y el enojo.
Las ventanas temblaron.
Los candelabros vibraron.
Y el caos estaba a punto de estallar.
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