Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 228
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- Capítulo 228 - 228 El Enigma en el Sofá Rojo
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228: El Enigma en el Sofá Rojo 228: El Enigma en el Sofá Rojo —¿Una entrevista?
—preguntó Sholan, arqueando una ceja mientras cruzaba los brazos.
Nick Fury, al otro lado del holograma, asintió con esa típica expresión suya que decía “esto no es una sugerencia”.
—Sí.
Con Graham Norton.
Transmisión global.
Necesitamos que la gente te conozca, al menos un poco.
Estás en el radar, Sholan.
Y el mundo… bueno, quiere saber quién es el hombre que estuvo detrás de todo esto.
—¿Y si no quiero ir?
Fury sonrió con picardía.
—Entonces haré que envíen a Deadpool a entrevistarte.
Y tú y yo sabemos que eso no termina bien para nadie.
Sholan suspiró y cerró el canal — —Nuestro invitado de esta noche es un misterio viviente.
Apareció en medio del caos de Nueva York, detuvo una invasión alienígena, desapareció sin dejar rastro y ahora, por primera vez, está aquí con nosotros.
Con ustedes… Nanashi.
El público rompió en aplausos mientras el hombre del aura dorada, cabello alzado como llamas y mirada serena, caminaba hacia el icónico sofá rojo del show de Graham Norton.
Su sola presencia imponía respeto.
Graham sonrió con algo de nerviosismo al estrechar su mano.
—Bienvenido al programa, Nanashi.
La verdad, no estoy seguro de si darte la mano o arrodillarme.
Nanashi le devolvió una ligera sonrisa.
—Con el apretón basta.
—Bueno, veamos… ¿cómo presento a alguien que salvó Nueva York?
¿Que aparece en el cielo y borra naves alienígenas como si fueran insectos?
—No soy tan dramático —respondió él, con voz tranquila.
—Lo eres un poco.
—Graham rió—.
Hay quienes creen que eres una inteligencia artificial, un ángel, un experimento militar… ¿Quién eres realmente?
—Alguien que eligió no mirar a otro lado cuando las cosas se descontrolaron.
—¿Tu nombre real?
—No es relevante.
Llámenme Nanashi.
—”Sin nombre”, ¿verdad?
En japonés.
—Correcto.
Graham asintió, apoyando los codos en sus rodillas.
—Empecemos con lo evidente.
Hace unas semanas, una invasión alienígena golpeó Nueva York.
Todos los noticieros lo cubrieron.
Nadie, ni siquiera los que llamamos Vengadores, pudieron detenerla por completo… hasta que apareciste tú.
Nanashi inclinó la cabeza ligeramente, sin arrogancia.
—No vine a robar crédito.
Todos hicimos lo que pudimos.
Lo que yo hice, lo hice porque no podía quedarme mirando.
—¿Por qué justo ahora?
¿Dónde estabas antes?
—Observando.
El mundo no estaba listo para mí antes… ni yo para él.
Pero hubo una línea que no se podía permitir que se cruzara.
Esa invasión era esa línea.
—¿Y qué eres exactamente?
¿Un meta-humano?
¿Un dios?
¿Un alien?
Nanashi sonrió apenas, como si le hiciera gracia.
—No soy un dios.
No soy de otro planeta.
Y no soy un experimento fallido del gobierno, por si alguien se lo pregunta.
Soy algo distinto… pero eso no importa tanto como lo que estoy dispuesto a hacer.
—¿Y qué estás dispuesto a hacer?
—Lo que sea necesario.
Un silencio profundo se instaló.
Graham lo rompió con cautela.
—¿Estás aquí para quedarte?
—Eso depende del mundo.
Si sigue por este camino, entonces sí… y haré todo lo que tenga que hacer para evitar que se destruya.
—¿Trabajas con alguna agencia?
¿Algún gobierno?
¿Con los Vengadores?
—No.
No pertenezco a nadie.
Y espero que eso siga así.
—¿Entonces qué sigue para ti?
—Lo que venga.
Pero te aseguro algo, Graham… si otra amenaza aparece, no necesitarán buscarme.
Ya estaré allí.
El público guardó silencio.
Nadie aplaudía.
Nadie se movía.
Era como si todo el planeta estuviera conteniendo el aliento, observando a un guardián que no les debía explicaciones… pero que las estaba dando igual.
Nanashi miró a cámara, sin arrogancia ni amenaza.
—Duerman tranquilos.
Esta vez, el mundo no va a caer.
Las luces bajaron apenas un poco mientras la cámara giraba levemente hacia Nanashi, aún sentado con serenidad.
Graham aprovechó para retomar el tono cálido pero directo.
—Debo decirlo, Nanashi… es difícil hablar contigo sin sentir que estoy entrevistando a un dios.
—No soy un dios —contestó él con calma, sin arrogancia—.
Solo alguien que decidió cambiar las reglas del juego.
—Hablemos de eso.
El mundo ha cambiado desde la invasión.
Hay más personas con habilidades… “metahumanos”, como les llaman algunos.
¿Tienes alguna relación con ellos?
—He observado a muchos.
Algunos tienen un gran potencial, otros aún no comprenden su papel.
Lo importante no es el poder que poseen, sino lo que hacen con él.
—¿Y tú qué haces con el tuyo?
—Evito que los que usan el suyo para destruir… sigan respirando.
El silencio fue absoluto por unos segundos.
Luego el público reaccionó con un aplauso contenido, entre nervios y respeto.
Graham cruzó una pierna, intrigado.
—¿Eres un juez entonces?
—No.
Solo soy la última puerta.
Cuando todo lo demás falla… ahí es donde aparezco.
—¿Significa eso que los gobiernos, los ejércitos, los héroes… no bastan?
—Ellos hacen lo que pueden.
Pero hay cosas que no se enfrentan con protocolos ni comités.
—Ya veo.
Graham respiró hondo, como midiendo sus palabras.
—¿Por qué ocultarte tras ese nombre?
¿Por qué no revelar quién eres realmente?
—Porque si el mundo supiera quién soy… mis enemigos también lo sabrían.
Y eso pondría en riesgo a quienes amo.
—¿Tienes familia?
Nanashi se quedó mirando a Graham por un segundo.
Luego asintió lentamente.
—Sí.
Y por ellos quemaría el cielo si hiciera falta.
Esa respuesta bastó para que una mezcla de asombro, ternura y miedo recorriera a los presentes.
Graham tragó saliva.
—¿Y qué opinas de quienes desconfían de ti?
Algunos te llaman una bomba de tiempo.
Un arma que aún no ha estallado.
—Tienen razón en algo: soy un arma.
Pero solo para quien intente destruir este mundo.
—¿Y si alguien con poder como el tuyo aparece, pero con malas intenciones?
Nanashi lo miró directo, sus ojos encendidos como brasas doradas.
—Entonces yo estaré allí antes de que dé su segundo paso.
El público volvió a aplaudir con fuerza.
Graham sonrió, encantado y un poco tenso.
—Última pregunta… ¿qué te hace reír?
Nanashi parpadeó, como si lo hubieran sorprendido de verdad.
Una ligera sonrisa cruzó su rostro.
—Mis hijas.
Cada vez que me preguntan si los malos duermen en el sofá de los castigos.
Risas genuinas del público.
Graham se llevó la mano al pecho.
—¡Oh, eso fue tierno y aterrador a la vez!
Bueno, Nanashi, ojalá algún día podamos tenerte de vuelta, aunque algo me dice que si vuelves… será porque el mundo está a punto de cambiar otra vez.
—Tal vez.
Pero mientras tanto, sigan viviendo… y sigan eligiendo el bien.
Y como si el aire se volviera pesado por un segundo, Nanashi se levantó, saludó al público con una leve inclinación… y se desvaneció en un destello dorado.
El logo del programa apareció.
Graham Norton se giró a cámara y suspiró con una sonrisa nerviosa: —¿Alguien más siente que vamos a tener sueños raros esta noche?
Risas del público.
Pantalla en negro.
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