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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 235

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  4. Capítulo 235 - 235 Ecos de Hydra Voces del Pasado
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235: Ecos de Hydra, Voces del Pasado 235: Ecos de Hydra, Voces del Pasado El ambiente en el Triskelion era tenso.

Steve Rogers, recto como siempre, caminaba por los pasillos con el recuerdo de Nick Fury aún fresco en la mente.

Lo habían llamado a la oficina de Alexander Pierce, uno de los máximos responsables de S.H.I.E.L.D., y el tono no era de condolencias.

—¿Qué hacía Fury en su apartamento, Capitán?

—preguntó Pierce con la voz controlada, aunque fría.

—Solo vino a hablar —respondió Steve con calma, sin revelar detalles.

—¿Y sobre qué?

—insistió el hombre, sin apartar los ojos de él.

—Sobre algo que ya no podrá explicarnos —concluyó Rogers, girándose para marcharse.

El silencio pesó como plomo.

Pero justo cuando Steve salía del edificio, todo cambió.

Agentes S.T.R.I.K.E.

y unidades tácticas comenzaron a rodearlo.

Sin mediar palabra, desenvainó su escudo.

Lo que siguió fue una danza de combate: Rogers contra docenas de hombres entrenados, armas automáticas y dispositivos de contención.

Los pasillos del Triskelion se convirtieron en una zona de guerra.

Rogers saltaba, lanzaba su escudo, esquivaba, desarmaba, neutralizaba.

Sin embargo, la emboscada era clara.

Logró abrirse paso hasta el hangar y escapar, dejando tras de sí una colección de soldados inconscientes y una orden directa de Pierce: “Rogers es enemigo de S.H.I.E.L.D.

Tráiganlo vivo… si es posible.” — En un café escondido, Steve y Peggy se reencontraron con Natasha.

La Viuda Negra tenía una expresión más seria de lo habitual.

—Sé quién mató a Fury —dijo, bajando la voz—.

Se hace llamar el Soldado del Invierno.

Steve entrecerró los ojos.

—Lo has enfrentado.

—Una vez… y casi no salgo viva.

Es rápido, letal, y tiene un brazo metálico.

No deja huellas.

Lo han usado por décadas.

Peggy asintió con gravedad.

No hacía falta más explicación.

Guiados por los datos de la USB, descubrieron un búnker oculto de S.H.I.E.L.D.

en Nueva Jersey.

Era un edificio aparentemente abandonado.

Al llegar, descendieron por un antiguo elevador manual hasta una cámara subterránea.

Lo que encontraron los dejó sin palabras.

—¿Qué demonios…?

—murmuró Peggy, boquiabierta.

Frente a ellos, decenas de computadoras gigantes de los años 70 vibraban con luces verdes y zumbidos mecánicos.

Una pantalla se encendió… y un rostro pixelado apareció: Arnim Zola.

—Bienvenidos, Capitán Rogers… señorita Romanoff… señorita Carter —dijo con acento alemán y una sonrisa siniestra.

Zola explicó que fue reclutado en la “Operación Paperclip” y que su mente fue transferida al sistema tras su muerte en 1972.

Reveló que Hydra nunca fue erradicada, solo se camufló dentro de S.H.I.E.L.D., manipulando conflictos globales para instaurar un orden a través del miedo.

—Alexander Pierce… es su líder —añadió Zola, mientras en las pantallas aparecían imágenes de líderes, ataques y eventos moldeados por Hydra.

Pero antes de decir más, Zola gritó.

Su rostro distorsionado comenzó a chispear y retorcerse de dolor.

Desde un plano distinto, en las profundidades de su núcleo digital, Cortana infiltraba el sistema con precisión quirúrgica.

—Exterminando célula corrupta.

Autorización: Omega-Tres, código Sholan.

En ese instante, en un espacio que ningún humano podía ver, Sholan emergía envuelto en su aura de Ki Radiante.

Sus ojos ardían como soles gemelos.

El Sekishiki Meikai Ha se activó, rompiendo las leyes de la vida y la muerte.

—Arnim Zola —dijo con solemnidad—.

Por tus crímenes contra la humanidad, por usar la ciencia para perpetuar el dolor y pervertir la vida… te has condenado.

Un grito agudo resonó más allá de lo físico.

Un remolino oscuro absorbió el alma digital de Zola, arrastrándola al Infierno.

Y en las pantallas del búnker, solo quedó una última línea: “MISIL EN CAMINO – ESCAPE INMEDIATO” Gracias a las instrucciones proporcionadas por Cortana, el grupo se ocultó tras una compuerta reforzada.

El misil impactó.

El búnker colapsó parcialmente… pero todos sobrevivieron con apenas unos rasguños.

Horas después, ya recuperados, el grupo contactó a Sam Wilson, un ex-paracaidista que había ayudado a Steve en sesiones de terapia para veteranos.

Sam reveló que aún tenía su prototipo de Jet-pack alado.

Con la información que tenían, rastrearon al agente Jasper Sitwell, justo al salir de una reunión con el senador Stern —también parte de Hydra.

Lo interrogaron en un callejón aislado.

—El Proyecto Insight no es lo que parece —balbuceó Sitwell—.

Zola desarrolló un algoritmo… identifica amenazas futuras para Hydra.

Los helicarriers no están diseñados para proteger… ¡están hechos para eliminar millones!

En la autopista, el grupo fue emboscado.

Tres Soldados de Invierno, casi idénticos al que había abatido a Fury, los atacaron.

Sitwell murió al instante.

La lucha fue brutal: velocidad sobrehumana, fuerza, y coordinación letal.

Steve, Natasha y Sam apenas podían seguir el ritmo.

Pero en un instante crítico, Bucky Barnes —el verdadero Soldado del Invierno— irrumpió y detuvo el ataque de los tres soldados, neutralizándolos con movimientos precisos y rápidos.

Les susurró una sola frase a Steve: —Corre.

No preguntes.

Solo hazlo.

El grupo escapó.

Aun así, el equipo fue finalmente capturado por S.T.R.I.K.E.

y llevado en un transporte blindado.

Pero antes de que pudieran ser ejecutados o torturados, Maria Hill, disfrazada como una técnica, utilizó una carta especial de Sholan para teletransportarlos directamente a Villa Loriana.

Allí, los esperaba Nick Fury, jugando en el jardín con las cinco pequeñas Saiyan que lo llamaban “Tío Pirata”.

Steve, Natasha, Peggy y Sam quedaron boquiabiertos.

—¿Estás… vivo?

—dijo Steve.

—Oficialmente no.

Y me gustaría que siga así un rato —respondió Fury con una sonrisa.

Sholan se acercó con tranquilidad, las manos en los bolsillos.

—Yo me encargaré de los helicarriers.

Solo necesito que estén listos para cuando la verdad salga a la luz.

Hoy, el mundo cambiará.

Las niñas corrieron emocionadas hacia los recién llegados.

—¡Es el Capitán América!

¡Y la tía pelirroja de la batalla!

—gritó Irma, señalando a Natasha.

—¡Y la señora elegante de la tele antigua!

—dijo Phoebe, señalando a Peggy, que no entendía si reír o ruborizarse.

Sam se agachó curioso: —¿Y quién es su héroe favorito, niñas?

Las cinco se quedaron en silencio por un segundo, pensativas… luego gritaron al unísono, con voces cristalinas: —¡PAPI!

Sam sonrió, sin poder evitarlo.

—Sí, eso tiene sentido.

Peggy, Natasha y hasta Fury asintieron con una sonrisa.

Sholan solo levantó una ceja, sorprendido.

Wanda, desde la terraza, rió con dulzura.

Y en ese momento, todos supieron que el mundo sí estaba en buenas manos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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