Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 239

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC
  4. Capítulo 239 - 239 Un Voto entre Estrellas
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

239: Un Voto entre Estrellas 239: Un Voto entre Estrellas El sol ascendía alto sobre Villa Loriana, bañando con su luz dorada el jardín ceremonial.

Las flores mágicas, nutridas por energía vital pura, abrían sus pétalos al compás de una suave melodía de cuerdas encantadas.

Todo estaba preparado: el altar flotante, los arcos entrelazados con cristales etéreos, y los bancos decorados con listones de seda blanca y dorada.

Entonces, la música cambió.

Con pasos pequeños pero decididos, aparecieron las quintillizas, vestidas con adorables vestidos blancos con detalles florales.

Cada una llevaba una canasta con pétalos que lanzaban con alegría mientras sonreían con inocencia.

A su lado, Nasha, con un vestido ligeramente más elaborado, se movía con una gracia y madurez que desentonaban dulcemente con su edad, esparciendo pétalos con una delicadeza encantadora.

Misha entró después, con un traje pequeño y perfectamente ajustado, llevando los anillos en una caja flotante de energía luminosa que lo seguía obedientemente.

Caminó derecho hacia el altar con la seriedad de un guerrero en misión.

Y entonces, se hizo el silencio.

Las novias comenzaron a caminar.

Wanda, Pepper y Peggy emergieron una a una, vestidas completamente de blanco, cada una con un estilo único pero igual de hermoso.

Las capas de sus vestidos captaban la luz del entorno, reflejando sutiles destellos.

Los tres vestidos eran diferentes, pero estaban hechos del mismo tejido celestial: bordados a mano por la mezcla de tecnología Stark, magia escarlata y arte sagrado asgardiano.

-Wanda caminaba con una corona sencilla, su vestido de líneas fluidas y etéreas parecía flotar como si desafiara la gravedad, dejando una estela de energía roja como humo de ensueño.

-Pepper tenía un estilo moderno, elegante y pulido, con perlas flotantes integradas que giraban lentamente alrededor de su figura.

-Peggy lucía como una reina, con un vestido clásico de corte imperial, adornado con filigrana dorada en los bordes y una capa vaporosa que se extendía detrás como la estela de una estrella fugaz.

Frente al altar, Tony, Steve y Sholan las vieron llegar y… los tres tragaron saliva al mismo tiempo.

—Madre mía… —murmuró Tony con voz entrecortada.

—¿Esto es real?

—susurró Steve.

Sholan simplemente sonrió, en silencio, como si intentara grabar ese momento en el tejido mismo de su alma.

El sacerdote —Falcon, del mundo de BT’X— se alzaba firme frente al altar, su armadura reluciente como la luna, y su voz profunda y solemne: —Hoy, bajo el juicio de las estrellas y el corazón del universo, celebramos la unión de tres caminos, tres pasados, y tres futuros que ahora son uno.

La ceremonia fue poderosa, cargada de emoción.

Cada uno de ellos hizo sus votos.

No eran promesas vacías, sino confesiones sinceras, cicatrices abiertas, y esperanzas tejidas en palabras.

Cuando Falcon los declaró unidos en alma, corazón y destino… el aire mismo pareció suspenderse.

La recepción se llevó a cabo en un lugar secreto, diseñado por Tony: una dimensión artificial suspendida en el cosmos.

El cielo era una cúpula estelar abierta, con vistas a nebulosas que se movían lentamente y constelaciones que respondían con luz al humor de la fiesta.

Islas flotantes con pistas de baile, proyecciones vivas de recuerdos felices, y caminos flotantes de cristal conectaban todo el entorno.

—Damas y caballeros… bienvenidos a la boda del siglo —dijo Tony alzando su copa—.

Literalmente.

Los invitados —los Vengadores, algunos X-Men, Guardianes, aliados multiversales, Fury, Xavier, Wong y más— vitorearon al unísono.

Y cuando el banquete comenzó, todos quedaron sin palabras.

Menú de Bodas: *BB corn y Quiche de pollo relleno con Huevos, Pez Cangrejo y Carne de Águila de cinco colas, aderezado con polvo de estrellas de Melk.

*Sopa del Siglo, acompañada de mochi medicinal envuelto en Eco Nori.

*Pez Ougai a la parrilla con salsa de rey vinagre, acompañado de Ballena Puffer, Señora Pez, Gourami Brillante y Pez Otro.

*Bistec de Mamut Final, con tajadas de Ajo Meteoro, Carne Joya del Mamut Royal y Carne de Cocodrilo Galala.

*Filete de Rana Rey de los Ingredientes, con una presentación que revelaba capas como si fuera un planeta abierto por la mitad.

*Ensalada de Aire con Hierba Ozono, que flotaba levemente sobre el plato.

*Gelatina de Fruta Arcoíris, con trozos de Manzana Sorpresa y Fruta Burbuja como postre.

*Bebida de Huevo de Ave Billón, mezclada con Cola Mellow, burbujeante y energizante.

Cada bocado parecía despertar un nuevo sentido, un nuevo recuerdo, o una emoción dormida.

Lo que nadie sabía, es que los ingredientes estaban infundidos con energía vital, Ki natural y esencia espiritual, provocando un leve ascenso de nivel en todos los presentes.

Todos se sintieron… más fuertes, más vivos, como si hubiesen renacido.

—¿Qué demonios hay en esta carne?

—preguntó Logan con una ceja alzada mientras Laura y Sarah disfrutaban cada bocado—.

Puedo sentir mis células celebrando.

Sholan solo sonrió desde su mesa.

—Un regalo para nuestros seres queridos.

Un impulso de poder… por si mañana el universo vuelve a necesitarles.

La noche avanzó entre bailes, brindis, risas, y miradas enamoradas.

Y cuando los fuegos artificiales comenzaron a estallar en la atmósfera estelar del plano celestial, iluminando las copas alzadas y los abrazos apretados, Wanda se apoyó sobre Sholan, sus hijas durmiendo en brazos de Irina y Oleg.

—¿Crees que merecemos tanta felicidad?

—le preguntó en voz baja.

—No es cuestión de merecerla —respondió él—.

Es cuestión de defenderla.

—— La fiesta había terminado.

Las luces flotantes del banquete se desvanecían suavemente, como luciérnagas celestiales que regresaban al cielo.

Los invitados descansaban en sus islas privadas adquiridas por Tony, solo una isla iluminada: la que flotaba sobre un lago de aguas espejadas, rodeada de árboles susurrantes que solo cantaban con el viento.

Ahí estaban Wanda y Sholan.

Ella había cambiado su vestido de novia por una bata de seda blanca, ligera como una nube, con delicados bordados escarlata que parecían respirar con su magia.

El cabello suelto, ligeramente ondulado, le caía como un río oscuro sobre los hombros.

Sholan se había despojado de su traje ceremonial.

Iba con ropas simples, pero había algo en sus ojos que lo hacía ver más imponente que nunca: estaban tranquilos… pero intensos.

El silencio entre ellos no era incómodo.

Era profundo.

Cálido.

Casi sagrado.

—¿Estás cansado?

—susurró Wanda, apoyando su cabeza sobre su pecho mientras se sentaban sobre la suave alfombra de energía que flotaba sobre el lago.

—Físicamente no —respondió él acariciando su cabello—, pero emocionalmente… estoy lleno.

Como si cada rincón de mi alma hubiera sido tocado por algo que no entiendo.

Ella sonrió, cerrando los ojos al sentir su mano recorrerle la espalda.

—Nunca imaginé tener esto —dijo Wanda en voz baja—.

Nunca creí que… una historia como la mía pudiera terminar en paz.

En amor.

En familia.

Sholan le tomó la mano, entrelazando los dedos.

—No terminó.

Solo cambió de forma.

Tu historia, Wanda… apenas está comenzando otra etapa.

Ella lo miró, con la profundidad de quien ya ha visto la muerte, el renacimiento y el dolor absoluto.

Y entonces se acercó, despacio, colocando su frente contra la de él.

—Te amo —dijo, y esa vez no hubo miedo, ni culpa, ni grietas.

Solo certeza.

Sholan la besó con dulzura.

No con la urgencia de quien teme perder algo, sino con la calma de quien ya lo tiene todo.

Sus labios se encontraron en medio de esa brisa suave, bajo las estrellas que parecían inclinarse para ver.

—Yo también —susurró contra su boca—.

Wanda Maximoff… esposa, madre, reina de mi corazón.

Ella soltó una risa ligera, feliz.

—Eso fue demasiado cursi, incluso para ti.

—Pero funcionó —le respondió él mientras la tomaba en brazos con una sonrisa.

Cruzaron la pequeña plataforma que los llevaba a una cabaña escondida entre árboles.

Dentro, el ambiente era cálido, iluminado por velas y un fuego manso.

No había tecnología.

No había portales.

No había sistema ni misiones.

Solo ellos.

Y esa noche, sin batallas ni enemigos, sin cargas ni estrategias, Sholan y Wanda se amaron sin armaduras ni barreras.

Solo como dos almas que se habían encontrado en medio del caos… y habían decidido no soltarse nunca más.

Las sombras danzaban en las paredes, mientras los suspiros y caricias tejían un nuevo tipo de magia.

Una más antigua.

Más real.

Más humana.

Y al amanecer, cuando Wanda se acurrucó aún dormida contra su pecho, y las aves dimensionales entonaban cantos lejanos, Sholan entendió que en toda su travesía a través del omniverso… …ese era el lugar más importante donde había estado.

—– En un lugar donde el cielo parecía desangrarse en tonos carmesí y el aire cargado de energía arcana ardía con cada respiración, Lady Dorothea Grethe abrió los ojos.

Estaba de pie sobre un terreno nuevo, un mundo que no reconocía, pero cuyas corrientes mágicas vibraban con vida y desorden.

El viento ondeaba su vestido negro de gala, desgarrado por su huida, y su mirada se alzó al firmamento de este nuevo mundo: la Tierra del universo Marvel.

Su escape del Reino de Redia había sido costoso.

Ante la derrota final que se cernía sobre ella a manos de Adonis, había utilizado su último recurso prohibido: el Sacrificio del Envase Vacío.

Recordaba bien ese momento.

Adonis, rodeado por un ejército de autómatas y fuego alquímico, había invocado el poder de los dioses y las runas antiguas.

La hoja sagrada brillaba con un fulgor rojo plateado cuando perforó su corazón.

Pero no fue su alma la que cayó… sino la de un “envase”, un cuerpo clonado y carente de esencia, una marioneta con su rostro.

El verdadero núcleo de Dorothea, oculto tras capas de hechizos, fue lanzado más allá del velo de mundos.

Ahora estaba aquí.

Ella cerró los ojos y extendió los dedos, invocando su habilidad: Mandrágora —la capacidad de infiltrar los deseos más profundos de un ser, sembrar raíces psíquicas en su alma, y manipularlos desde dentro como una semilla venenosa.

—Muéstrenme… lo que este mundo me ofrece.

Cientos de raíces etéreas salieron de sus dedos, conectándose con la red mágica del mundo.

Su habilidad escarbó entre hilos del destino, revolviendo eventos, posibilidades y líneas temporales.

Y entonces… lo vio.

Sholan.

Una anomalía.

Una constante.

Una figura que los destinos rechazaban leer, cuyo nombre no podía ser registrado por el tejido del tiempo sin deformarse.

Un faro.

Un pilar.

Y Wanda.

La mujer escarlata, catalizador del caos y guardiana de una línea de sangre increíblemente poderosa.

Y sus hijas… cinco pequeñas chispas que ardían como soles jóvenes.

Dorothea entrecerró los ojos.

—Mmm… qué dulce linaje —susurró—.

Perfecto para incubar a Alfredo.

Con un gesto lento, se materializó una esfera de cristal verde oscuro.

Dentro, el alma dormida del hechicero caído Alfredo flotaba como un humo encerrado, palpitando débilmente.

—No necesito al padre.

Solo necesito el lazo.

Wanda es fuerte… y esas criaturas serán un obstáculo… pequeño.

Nada que no pueda arrancar.

Incluso puedo hacer que él lo haga por mí.

Dorothea sonrió y sus ojos brillaron con tono violáceo al activar su habilidad.

—Mandrágora.

Comenzaré sembrando duda, temor, amor distorsionado.

Puedo hacer que él mate por mí.

Que arrodille su mundo.

Que me regale su sangre más preciada.

Las raíces mágicas emergieron una vez más, como tentáculos de energía viva, danzando alrededor de su cuerpo.

Pero antes de que alcanzaran a proyectarse hacia el mundo…

Una voz surgió del vacío.

Su tono era tan frío que incluso el infierno habría temblado al oírla: —Tú no tendrás esa oportunidad.

Dorothea se giró de inmediato.

El cielo cambió.

La luz se rompió.

Detrás de ella, sobre la colina ennegrecida, de pie como una estatua imposible, estaba Sholan.

Su cabello ondeaba suavemente, el aura negra y azulada se arrastraba como sombra líquida alrededor de su figura.

Y lo más perturbador… eran sus ojos.

Ojos del Infinito.

El reflejo del multiverso.

El fin de toda mentira.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo