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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 244

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  4. Capítulo 244 - 244 La Caza de la Bruja Negra
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244: La Caza de la Bruja Negra 244: La Caza de la Bruja Negra La brisa nocturna acariciaba la superficie del mundo mientras la realidad vibraba, apenas percibible, como si algo antiguo y profundo estuviera a punto de moverse.

En una de las habitaciones ocultas de Villa Loriana, Sholan alzó su mano.

Una de sus cinco cadenas, la Cadena de Rastreo, brillaba con una luz dorada intensa, temblando como una bestia enjaulada que había olido a su presa.

—No voy a esperarte —murmuró con una calma peligrosa—.

No dejaré que algo como tú deambule libremente.

Con un impulso brutal, la cadena se disparó hacia el vacío, como una lanza atravesando mundos.

El aire crujió.

El espacio se dobló.

Dimensiones enteras fueron rasgadas por su paso, como si esa cadena estuviera más allá del concepto de límites.

Iba a cazar…

y no se detendría.

En otra realidad, un cuarto oscuro lleno de velas y símbolos arcanos latía con una energía maldita.

Agatha Harkness murmuraba frases en idiomas olvidados, los dedos manchados de sangre ritual.

Frente a ella, el Darkhold…

o lo que quedaba de él.

Un simple libro en blanco.

Un cascarón sin alma.

—¡Maldito sea ese libro!

—gritó con frustración—.

¡Todo se perdió!

¡Pero no Wanda…

ella está intacta!

¡Llena de poder!

Si no puedo tener al Darkhold, tomaré su esencia, su alma…

su misma existencia.

Sus planes eran oscuros.

Desde la invasión, cuando vio a Wanda en televisión desatar poder contra los Chitauri, había comenzado a diseñar una red de rituales.

Cada uno más siniestro.

Algunos implicaban usar los cuerpos de sus hijas.

Otros, invocar horrores de los Reinos de las Sombras.

Todos, una promesa de sufrimiento.

Fue entonces que el aire se partió.

Un desgarrón dorado iluminó su altar.

Una cadena surgió del vacío y se enrolló en torno a su cuerpo como una serpiente divina.

Sus poderes fueron sellados al instante, sus palabras ahogadas por el sello rúnico que brilló en su garganta.

—¿Qué…

qué es esto?

—jadeó con miedo.

De la grieta, Sholan emergió con los ojos entrecerrados, su presencia tan serena como una tormenta a punto de explotar.

—Veo que tenías planes poco…

amigables con mi esposa.

Agatha se quedó sin palabras.

—Así que haré lo mismo contigo —continuó Sholan con voz baja y peligrosa.

Con un gesto simple, invocó a Nightbringer.

Desde su sombra surgió la figura oscura, gigantesca, cuyos ojos ardían con fuego infernal.

En Villa Loriana, Tusk ocupaba su lugar, protegiendo en silencio la habitación de Celeste.

Agatha palideció.

—Tú…

tú controlas a Dormammu…

—Yo lo llamo Nightbringer —respondió Sholan, ignorando el nombre—.

Y quiero que le extraigas toda su sabiduría sobre runas.

No necesitas ser delicado.

La criatura asintió y se lanzó sobre la bruja.

Gritos llenaron el aire, rituales oscuros fueron deshechos, secretos arrancados de su mente como dientes de una boca cerrada.

Cuando todo terminó, Agatha cayó de rodillas, jadeando, los ojos llenos de odio.

—¡Te juro que regresaré!

¡Haré cosas que tu mente no podrá concebir!

Sholan sonrió, pero su risa fue hueca, una que no alcanzaba sus ojos.

—Tú no temes a la muerte…

porque la muerte ha sido tu amante.

Pero yo tengo otro plan para ti.

Invocó el Sekishiki Mekai Ha, y con un estruendo espiritual, ambos fueron arrastrados al Cruce.

Un lugar entre la vida y la muerte, donde las almas quedan suspendidas, sin avanzar ni retroceder.

Allí, la dejó enterrada hasta el cuello, la cara expuesta, incapaz de hablar, moverse o morir.

Fue entonces que Muerte descendió.

Pero no como una figura distante, sino en su forma mortal como Río Vidal, vestida de negro, con una presencia gélida.

—Su alma me pertenece —dijo con una voz que congelaba el tiempo.

Sholan la miró sin hostilidad.

—No la reclamo.

Solo la puse aquí…

para que no vuelva a hacer daño a mi familia.

No la estoy castigando…

la estoy neutralizando.

Muerte lo observó.

A punto estuvo de alzar la mano contra él…

hasta que lo vio realmente.

Sus ojos se abrieron ligeramente.

—Tú…

tú eres…

Sholan solo ladeó la cabeza, confundido.

—¿Qué?

¿Hay algo mal?

Pero ella no dijo nada.

En cambio, bajó la mano y asintió, con una sonrisa extraña.

—Me has convencido.

Me quedaré aquí con ella un tiempo…

mi querida no irá a ningún lado.

Y así, Sholan se retiró.

—– En la frontera cósmica donde la realidad toma forma, Eternidad se materializó como una figura de galaxias vivientes.

A su lado, Muerte en su forma pura lo esperaba.

—Has hablado con él —dijo Eternidad.

—Sí.

—¿Sabe quién es?

—No.

Y eso es lo mejor, por ahora.

Eternidad se quedó en silencio.

—¿Y los soldados sombra?

Los que crea a partir de los muertos…

¿acaso no perturban el equilibrio?

Muerte negó suavemente.

—Son extensión de un principio mayor.

No son esclavos.

Son voluntades olvidadas que el Pilar reaviva con propósito.

Es una forma de redención para algunos…

y un castigo para otros.

Eternidad entrecerró sus estrellas.

—Y tú, que odias la vida, ¿lo aceptas?

—Acepto que él es necesario.

Y aunque no lo sepa…

el Pilar Omniversal no debe ser perturbado.

Porque no es solo el equilibrio lo que mantiene…

Muerte lo miró con ojos vacíos.

—Es nuestra última esperanza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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