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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 247

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  4. Capítulo 247 - 247 El Milagro en Kaua’i
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247: El Milagro en Kaua’i 247: El Milagro en Kaua’i Las siete esferas del dragón flotaban suspendidas en el aire, girando con un zumbido suave, como si el universo contuviera la respiración.

Una luz dorada emergió de su núcleo y se disparó hacia el cielo como una señal ancestral.

Las nubes se arremolinaron, el viento se detuvo… y entonces, el rugido grave de una criatura antigua rasgó el firmamento.

Shen Long emergió entre truenos dorados.

Su cuerpo de dragón serpenteó sobre la isla como un río celestial.

—¿Cuál es tu deseo?

—tronó su voz, profunda y eterna.

Frente a él, de pie sobre un círculo de piedra tallada con símbolos de paz y familia, Sholan no vaciló.

—Quiero que los padres de Lilo y Nani vuelvan a la vida… —dijo con voz firme— —…y que puedan vivir la vida que les fue arrebatada.

El cielo se llenó de luz.

Pero no fue solo el deseo de Shen Long lo que actuó.

Sholan no bajó las manos.

Las alzó hacia la luz con los dedos abiertos, y su Ki Radiante brotó de él como un río de fuego blanco y dorado.

No solo bastaba devolver la vida.

Él la tejió, la reconstruyó, como si esculpiera recuerdos, cuerpos y alma con paciencia.

Dos figuras comenzaron a formarse.

Primero como siluetas luminosas, luego con detalles: piel, ojos, manos entrelazadas.

Y luego… la respiración.

Los padres de Lilo y Nani abrieron los ojos.

No con gritos.

No con miedo.

Con calma.

Como si despertaran de un sueño largo y suave.

Sholan se arrodilló ante ellos, con respeto.

—Sus hijas han sido valientes —les dijo con una sonrisa cálida—.

Y merecen una segunda oportunidad… con ustedes.

Ellos no comprendían del todo cómo estaban vivos, pero algo en el aura de aquel hombre, en esa paz que los envolvía, les dijo que no estaban soñando.

Él los ayudó a levantarse, y los guió entre los árboles hasta el camino de arena que descendía hacia la playa.

El sol se escondía lentamente en la costa de Kaua’i, tiñendo el cielo de rojo y oro.

La brisa marina traía el aroma de sal y flores.

Lilo moldeaba figuras en la arena, canturreando para sí.

Nani fregaba el porche, tarareando la misma melodía.

La rutina de cada tarde, tranquila, familiar.

Hasta que algo en el aire… cambió.

No fue un portal, ni una luz mágica.

Solo pasos.

Suaves.

Humanos.

Reales.

Lilo fue la primera en notar las figuras entre las palmeras.

Parpadeó.

Nani alzó la vista y dejó caer la escoba sin darse cuenta.

Dos siluetas caminaban hacia ellas de la mano.

No tenían prisa.

No parecían fantasmas.

Eran mamá y papá.

Lilo dio un paso hacia adelante, con el corazón en la garganta.

—…¿Mamá?

¿Papá?

Ellos sonrieron, con lágrimas en los ojos.

Y luego, todo fue movimiento: pies descalzos corriendo sobre la arena, brazos entrelazados con fuerza desesperada, risas mezcladas con llanto.

Nani se aferró a su madre como si pudiera perderla otra vez.

Lilo rodeó el cuello de su padre con los brazos y no lo soltó.

El mar parecía detener su oleaje.

El mundo mismo se tomó un respiro para dejarles ese momento eterno.

…Stitch observaba desde la colina, en silencio.

No había celos en su mirada.

No tristeza.

Solo algo nuevo… algo brillante.

—Esto… es ohana —susurró con ternura.

Sholan se acercó a él.

En su mano, una cápsula.

El cristal mostraba a una figura dormida dentro: una criatura de pelaje rosa, tan pequeña como él, con una flor en la oreja.

El Experimento 624 Sholan extendió la cápsula.

—¿Listo para empezar una nueva vida?

Stitch asintió con fuerza, y trepó por su hombro como si siempre hubiera pertenecido ahí.

—Sholan… familia.

Sholan lo miró de reojo, con una media sonrisa.

—Sí, hermano.

Lo eres.

Y juntos comenzaron a caminar por la playa.

Detrás de ellos, la familia se abrazaba bajo el resplandor dorado del atardecer.

Y en lo alto, las primeras estrellas comenzaban a brillar.

Porque para Stitch… el experimento había terminado.

Ahora, comenzaba la vida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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