Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 253
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- Capítulo 253 - 253 El Destino de los Consumidos
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253: El Destino de los Consumidos 253: El Destino de los Consumidos Akuma temblaba mientras se reincorporaba.
El Satsui no Hado lo devoraba desde dentro, su cuerpo ya no era más que un contenedor de odio.
La oscuridad brotaba de su piel, formando tentáculos de energía negra que distorsionaban el aire.
Sholan lo observó con calma, de pie sobre el campo resquebrajado por la batalla.
El viento cesó.
Y entonces, con una seriedad que heló la sangre de todos los presentes, soltó un suspiro profundo.
Un suspiro que parecía contener el juicio mismo del universo.
—Por respeto…
a un guerrero…
—dijo con voz de trueno— no me voy a contener.
El estallido fue inmediato.
¡FWOOM!
Su aura dorada rugió como un dragón celestial.
El cabello se elevó con energía pura, los ojos brillaron con intensidad esmeralda.
Sholan se transformó en Super Saiyan sin esfuerzo, sin gritar, sin drama.
Era una declaración silenciosa de supremacía.
Y Akuma apenas tuvo tiempo de parpadear.
Sholan desapareció frente a él.
Lo tomó por el rostro.
—¡Desaparece!
¡BOOM!
Akuma fue lanzado al cielo como un cometa inverso, dejando una estela negra detrás.
El aire vibró, los árboles crujieron, el suelo tembló.
Sholan se paró firme.
Extendió ambas palmas abiertas en posición horizontal, y comenzó a cargar energía en cada una.
El ambiente se electrificó.
El ki dorado giraba en espiral alrededor suyo, fusionándose lentamente al centro.
—… Sus palabras fueron innecesarias.
El universo sabía lo que venía.
¡FINAL…
FLASH!
¡KRAAAAAAAAAAAAKOOOM!
El rayo atravesó los cielos, un chorro descomunal de energía dorada, recto y absoluto, disparado con ambas manos hacia el cielo.
El impacto fue instantáneo.
La figura de Akuma fue engullida por la luz.
No hubo gritos.
No hubo resistencia.
Solo la energía cruda de un ataque tan veloz y poderoso que lo desintegró al instante, hasta que no quedó nada… salvo un pequeño trozo carbonizado de su cinta roja que descendió lentamente, flotando como una hoja negra sobre el cráter humeante.
Sholan bajó los brazos.
Su aura seguía chispeando, pero su expresión era serena.
—Ese es el destino…
de quienes se dejan devorar por su propia oscuridad —dijo, sin arrogancia, solo verdad mientras regresaba a su estado normal.
El fragmento de tela cayó a sus pies.
Lo miró por un segundo, y luego simplemente se dio la vuelta.
Ryu, Ken y Chun-Li no podían hablar.
Ni moverse.
Stitch, aún en su hombro, murmuró medio dormido: —Ese “¡zaz!” grande…
Sholan respiró hondo.
—Ahora entienden —dijo a los tres discípulos—.
El poder no es la meta.
El equilibrio lo es.
Porque sin equilibrio… no quedan ni cenizas.
Y así, en ese campo marcado por el juicio, continuaría su entrenamiento.
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