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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 261

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  4. Capítulo 261 - 261 El Guardián Silencioso del Camino del Guerrero
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261: El Guardián Silencioso del Camino del Guerrero 261: El Guardián Silencioso del Camino del Guerrero El mundo seguía girando.

Torneos se habían ganado.

Guerreros habían cambiado.

Algunos cayeron… otros se levantaron.

Desde las sombras, alguien los había observado.

Guiado.

Corregido sin reclamar crédito.

Sholan.

Mientras el mundo gritaba nombres como Ryu, Ken, Chun-Li, Guile, Zangief, Cammy, y Juri… él era el fuego bajo la superficie.

El pilar sin nombre.

Y Cammy lo sabía.

Durante años, tras aquel día en Grecia donde perdió su “nombre”, Cammy eligió seguir a Sholan.

No solo por necesidad… sino por hambre.

Hambre de propósito.

Hambre de crecimiento.

Y lo que recibió fue algo mucho más grande.

Entrenamientos que desafiaban la física.

Filosofía que quebraba la mente.

Batallas donde perder significaba morir… o aprender.

Cammy aprendió a ocultar su presencia por completo.

A moverse con el cuerpo y el alma sincronizados.

Su velocidad, que ya era letal, se volvió sobrenatural.

Sholan la entrenó con gravedad aumentada, sin comida, sin agua, a ciegas… y le enseñó a pelear con los sentidos del alma, no solo los del cuerpo.

—La fuerza no es lo que te enseñaron —le dijo una vez—.

Es la voluntad de proteger incluso cuando nadie sabrá que lo hiciste.

Pasaron los años.

Y el mundo seguía luchando.

Los eventos de Street Fighter II ocurrieron.

Bison cayó.

Pero la oscuridad no murió.

Los eventos de Street Fighter IV trajeron a Seth.

Los eventos de Street Fighter V trajeron a G y a la sombra de JP.

Shadaloo fue fragmentada, devorada por su propio eco.

Los nombres cambiaban.

Pero la batalla por el alma del mundo nunca acabó.

Y en cada punto de quiebre, alguien aparecía.

Ryu lo buscó cuando su espíritu se quebró tras una batalla con Dhalsim que lo sacudió hasta el núcleo.

Había abandonado el Satsui no Hado, pero no sabía qué quedaba de él.

—No puedes encontrar la respuesta si la pregunta es errónea —le dijo Sholan—.

No eres el puño.

Eres el eco que deja.

Y Ryu encontró paz.

No victoria.

Paz.

— Ken, desesperado por proteger a su familia sin volverse débil, encontró a Sholan en mitad de una tormenta en las montañas de Colombia.

—Si tienes miedo de perder a los tuyos, haz que tu llama no pueda ser apagada —le dijo Sholan.

Desde entonces, el fuego de Ken fue diferente.

Menos rabia.

Más determinación.

— Chun-Li llegó a él sin palabras.

Solo lágrimas.

Había fallado una misión.

Un niño murió.

Culpaba a sí misma.

Sholan la llevó al templo de Ofiuco.

No dijo nada.

Solo la dejó llorar.

Y luego, la puso a pelear contra su reflejo por 12 días.

Hasta que pudo mirarse y decir “yo también merezco vivir”.

— Guile fue distinto.

Lo encontró una noche, creyendo que Sholan era un espía enemigo.

Le lanzó un Sonic Boom sin dudar.

Sholan no se movió.

Lo detuvo con dos dedos.

—¿Ya terminaste?

Horas después, reían.

Bebiendo juntos.

Hablando de la guerra.

Del peso de ser “el fuerte”.

Sholan le contó que no todos los soldados vuelven rotos… algunos se convierten en líderes.

Guile volvió con un nuevo objetivo: ser mentor de los próximos.

Y lo ha cumplido desde entonces.

— Dhalsim lo encontró en un plano astral.

Sin palabras, pelearon en silencio.

Mente contra espíritu.

Al final, Dhalsim bajó la cabeza.

—Tú no viniste del karma… fuiste enviado por el equilibrio.

— Rose, en cambio, lo vio con sus ojos místicos y se alejó con respeto.

—La línea del destino te evita.

Porque tú… caminas por encima de ella.

— Zangief y E.

Honda se convirtieron en discípulos suyos tras ser derrotados en un sparring amistoso.

—Quiero velocidad —dijo Zangief.

—Quiero sutileza —dijo Honda.

Y Sholan se los dio.

El primero volaba como una bala de carne en el ring, el segundo se volvió sigiloso como un gato en los baños de vapor.

Fuerza y gracia, fusionadas.

— También entrenó a Mimi y Dee Jay.

La primera con una sed de reconocimiento.

El segundo con ritmo pero sin control.

—El ritmo sin dirección es ruido —le dijo a Dee Jay—.

Y la perfección sin identidad es un espejo vacío —le dijo a Mimi.

Ambos encontraron su centro.

Y con eso, su estilo.

— Juri Han, arrogante como siempre, intentó provocarlo.

Lo desafió.

Intentó seducir.

Intentó matar.

Duró 14 segundos.

Sholan no la golpeó.

Solo se le acercó con tal presión de aura… que sus piernas fallaron y vomitó sangre.

—Vuelve cuando no dependas del dolor para sentirte viva —le dijo.

— JP, viéndolo desde las sombras, quiso manipularlo… hasta que el ojo de Sholan lo vio a través del plano.

JP aún no sabe cómo… pero desde ese día, su cuerpo nunca ha sanado del todo.

— Y cada uno de ellos… cambió.

Cada uno, al cruzarse con Sholan, se convirtió en algo más.

No discípulos.

No seguidores.

Protectores.

Guerreros que, sin saberlo, respondían a un nuevo principio: el multiverso también necesita guardianes.

Y Sholan se encargó de forjarlos.

—– Cammy solía odiar ese nombre.

Ahora… lo abrazaba.

Porque era ella quien lo había reclamado esta vez.

Pero si alguien le hubiera dicho hace años que acabaría entrenando con un ser azul llamado Stitch como compañero de batallas y travesuras… habría pateado a esa persona sin pensarlo.

Y sin embargo, ahí estaba.

En una sala con la gravedad 10 veces mayor, haciendo flexiones mientras Stitch se colgaba de su espalda.

—¡Vamos, rubia peligrosa!

¡Más rápido, o me aburro!

Cammy gruñó y empujó el suelo con furia, sudando como nunca antes.

Desde que aceptó seguir a Sholan, no había tenido un solo día de paz… y era glorioso.

El primer día que conoció a Stitch, lo subestimó.

Pequeño, chillón, molesto… y con seis brazos.

A los diez minutos, ya lo había intentado patear.

A los once, él le había mordido la pierna y le había ganado en ajedrez.

Desde entonces, no se separaban.

Cammy no estaba acostumbrada a que le dieran órdenes.

Y menos aún, a que alguien como Sholan lo hiciera con ese tono tranquilo, como si lo que fuera a decir no tuviera ninguna posibilidad de ser rechazado.

—Nos vamos —le dijo.

Ella apenas giró la cabeza.

—¿A dónde?

Sholan la miró directo a los ojos.

—A mi mundo.

Ella frunció el ceño.

—¿Y para qué quieres que te siga hasta allá?

El silencio se rompió por una voz gutural, rasposa y corta.

—Tú.

Niñera —dijo Stitch, sentado en una caja, con una sonrisa afilada.

Cammy giró lentamente.

—¿Disculpa?

—Tú.

Niñas.

Cuidar —repitió Stitch, encogiéndose de hombros.

—¡¿Niñera?!

—espetó Cammy, levantándose con rabia contenida—.

¿Me trajiste a entrenar para terminar cambiando pañales?

Sholan no se alteró.

Solo caminó un par de pasos, quedando frente a ella.

—No son niñas normales.

Cammy entrecerró los ojos, desafiante.

—¿Qué tienen?

¿Garras?

¿Fuego en las manos?

¿Eso se supone que me va a convencer?

Sholan sostuvo su mirada.

—Son mis hijas.

Eso la hizo frenar.

Por un instante, sus labios se entreabrieron.

—¿Tuyas?

—Cinco.

Cada una con más potencial del que podrías imaginar.

Stitch murmuró algo en su idioma: —”Niñas…

pequeñas.” Sholan asintió.

—Vamos a mi hogar, Cammy.

Y allá hay seres capaces de borrar mundos con un pensamiento.

No necesito que pelees contra ellos.

Necesito a alguien especial para mis hijas.

Alguien fuerte, libre… que haya pasado por la oscuridad y aun así se haya mantenido de pie.

Cammy apretó los puños.

—¿Y por qué yo?

Sholan sonrió, leve.

—Porque sabes lo que es ser una marioneta…

y romper los hilos.

El silencio se hizo denso entre ambos.

Cammy bajó la mirada.

Nadie se lo había dicho así antes.

Nadie había señalado su dolor y al mismo tiempo, su fuerza.

—No sé cómo cuidar niñas… —No necesito una madre.

Necesito a alguien que les enseñe a pelear con el corazón… y sin perderse en el camino.

Stitch se acercó, con su andar extraño, y tiró de su bota.

—Tú.

Bien.

Ellas…

grawrr si aburren —dijo, medio divertido.

Cammy no pudo evitar reír por primera vez en días.

—Supongo que ya no hay marcha atrás, ¿no?

Sholan le ofreció la mano.

—Solo hacia adelante.

Ella la tomó.

Y por primera vez… no sintió que estaba obedeciendo.

Estaba eligiendo.

—– Con el tiempo, Cammy se daría cuenta de que esas cinco niñas no eran solo “poderosas”.

Eran energía pura, emoción sin filtros, instintos afilados… y amor brutal por sus padres.

También descubriría que Stitch no era solo protector, sino una tormenta compacta con sentido del humor.

Y ella, que no sabía lo que era pertenecer…Por fin tendría un lugar.

Y por primera vez en su vida… no querrá irse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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