Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 268
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- Capítulo 268 - 268 El peso de un legado
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268: El peso de un legado 268: El peso de un legado Las horas pasaron sin que nadie se diera cuenta.
Celeste, Esme, Irma, Phoebe y Sophie no paraban de transformarse una y otra vez, gritando los nombres de sus Riders con energía, corriendo por la casa, y haciendo poses frente a los espejos con emoción pura en los ojos.
—¡Na-Go Fantasy!
—gritaba Irma, haciendo una reverencia exagerada tras su transformación.
—¡Jackal Time!
—exclamaba Esme al mismo tiempo que saltaba sobre el sofá con un grito de guerra improvisado.
—¡Femme!
¡Femme!
¡Miren mi espada!
—presumía Sophie, causando risas entre sus hermanas.
Stitch, disfrazado con una toalla a modo de capa, las seguía, haciendo sus propias transformaciones con gruñidos y ruidos, al grito de: —¡Kamen Stitch!
¡Pah!
—agitando un salero como si fuera un cinturón especial.
Sholan los observaba desde un rincón del salón, con los brazos cruzados y una sonrisa suave.
Wanda estaba sentada a su lado, divertida, pero también con una mirada que reflejaba orgullo.
Finalmente, cuando la última ronda de transformaciones terminó y las niñas empezaban a mostrar señales de agotamiento, Sholan dio un paso al frente.
Se agachó a su nivel y habló con voz firme, pero serena: —Chicas… escúchenme un momento.
Cinco pares de ojos se giraron hacia él.
—Estos poderes que ahora tienen son increíbles, lo sé.
Pero no son un juego.
Ser Kamen Rider no es solo transformarse o verse genial… es proteger a los demás, incluso si tienen miedo o no entienden por qué.
Con un gran poder…
viene una gran responsabilidad.
Celeste bajó la mirada, reflexionando.
Esme infló los cachetes, como si intentara contener sus ganas de seguir jugando.
Irma asintió con la cabeza, y Phoebe, tímida, se acercó a su mamá, tomándole la mano.
Sophie murmuró un “lo prometo” apenas audible.
—Ustedes serán grandes —agregó Sholan, acariciando el cabello de cada una—, pero deben recordar siempre: su poder está para proteger, no para presumir.
Wanda sonrió, visiblemente conmovida, y aplaudió suavemente.
—Bueno, ya basta por hoy.
Hora de dormir, pequeñas Riders.
—¿Awww… tan pronto?
—protestó Esme.
—Mañana pueden seguir practicando —respondió Wanda, guiándolas suavemente hacia la escalera.
Stitch, con la toalla aún amarrada, bostezó ruidosamente y tropezó detrás de ellas, tambaleándose.
—Stitch…
derrotado por sueño…
—murmuró antes de subirse a caballito sobre Phoebe.
Una vez que todas estuvieron dormidas y la casa en silencio, Wanda regresó al salón donde Sholan guardaba los cinturones en un compartimento de seguridad.
Se acercó por detrás, puso sus brazos alrededor de su cintura y apoyó la cabeza en su hombro.
Con voz baja, casi un susurro ronco, dijo: —Lo que hiciste por ellas… por mí… por nuestra familia… —…no vas a dormir esta noche.
Sholan sintió un escalofrío que nada tenía que ver con el clima.
La forma en que Wanda lo miró, con deseo y devoción, no dejaba lugar a dudas.
No respondió con palabras.
Solo sonrió y la alzó en brazos rumbo a su habitación.
A la mañana siguiente tras desayunar y ayudar a las niñas a prepararse para el kínder, Wanda las despidió con besos y promesas de que practicarían más tarde.
Sholan, ya cambiado, las acompañó hasta que el transporte se las llevó.
Una vez solas, él se volvió hacia ella.
—Tengo cosas que hacer —le dijo, colocándose su chaqueta.
Wanda se acercó, lo acomodó un poco, acariciándole el rostro con delicadeza.
—Ve, amor mío.
Haz lo que tengas que hacer.
Pero regresa con hambre.
—Y le guiñó el ojo.
Sholan rio por lo bajo, la besó en la frente y salió al jardín.
Alzó vuelo con velocidad media, sin dejar una sola onda de choque a su paso.
Mientras ascendía por encima de las nubes, abrió su comunicación mental.
—Cortana, ubícalo.
La IA respondió con precisión: —Ubicación actual: un bar sin nombre, en las afueras de Novi Grad, Sokovia.
Coordenadas enviadas.
Sholan descendió como un rayo, atravesando la atmósfera sin ser detectado.
Aterrizó fuera de la ciudad y como un fantasma la navegó hasta llegar frente a un edificio viejo, con la pintura descascarada y las ventanas oscurecidas por polvo y descuido.
Un letrero caído colgaba torcido, y desde dentro se oía música suave y murmullos.
Caminó con calma hacia la puerta del bar, empujándola con una sola mano.
El ambiente adentro era denso, cargado de humo, y todos lo observaron durante un segundo.
Sholan no se inmutó.
Se acercó a la barra, fijando la mirada en el hombre que limpiaba un vaso con parsimonia.
—Busco a Helmut Zemo.
El silencio se hizo aún más profundo.
El hombre levantó la mirada lentamente, y en sus ojos había algo que no era sorpresa… sino reconocimiento.
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