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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 269

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  4. Capítulo 269 - 269 El orgullo de Sokovia
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269: El orgullo de Sokovia 269: El orgullo de Sokovia La música suave de un cuarteto de cuerda llenaba el bar con un aire melancólico.

Era un lugar antiguo, casi detenido en el tiempo, con paredes de madera oscura, botellas polvorientas en las estanterías y un camarero que no hacía preguntas.

Sholan no necesitaba buscarlos.

Sabía exactamente dónde encontrarlo.

Zemo estaba en una mesa del fondo, vestido con ropa sencilla, sin el uniforme habitual.

Observaba con la mirada perdida el fondo de su vaso.

La expresión de su rostro era la de un hombre que aún no terminaba de tragar el sabor amargo de la derrota… o de la verdad.

—Pensé que los hombres como tú evitaban los bares decadentes —dijo con sequedad, sin levantar la mirada.

—Y pensé que los patriotas no se rendían —respondió Sholan con serenidad mientras tomaba asiento frente a él.

Zemo alzó los ojos, desconfiado.

Lo observó con cuidado, como un cazador estudiando a su presa.

Aunque Sholan no mostraba señales de amenaza, había algo en él que lo inquietaba: una calma demasiado absoluta.

—¿Quién eres?

—Alguien que necesita tu ayuda —respondió, con una leve sonrisa—.

Pero antes de que te niegues, quiero que sepas que esto es por Sokovia… y por Wanda Maximoff.

Zemo entrecerró los ojos.

El nombre de ella bastó para cambiar la atmósfera.

—¿Qué sabes tú de Wanda?

—preguntó con un tono duro, protector.

—Sé que es el orgullo de Sokovia.

—dijo Sholan con sinceridad—.

Por eso estoy aquí.

Porque lo que está por ocurrir puede destruir todo lo que ella representa…

o salvarlo.

Zemo dejó el vaso sobre la mesa y se puso de pie.

—Salgamos.

No me gustan las conversaciones importantes entre humo y alcohol.

Sholan asintió.

Lo siguió sin prisa mientras ambos salían del bar y caminaban por una de las calles adoquinadas de la vieja ciudad.

La noche estaba tranquila, con faroles apagados por la crisis energética que aún azotaba la región.

Solo se oían pasos, y el murmullo lejano del viento.

—Habla —ordenó Zemo con tono militar—.

¿Qué sabes exactamente?

—Sé que Ultron va a nacer —respondió Sholan, sin rodeos—.

Que su creación será inevitable.

Y que si no actuamos con precisión…

Sokovia será su primer campo de pruebas.

Zemo frunció el ceño.

—¿Por qué no lo detienes ahora, antes de que empiece?

Fue entonces que el aire comenzó a cambiar.

A medida que caminaban, el entorno alrededor de ellos empezó a fragmentarse como vidrio resquebrajado.

Las casas se rompían en líneas geométricas flotantes, y en los bordes del espacio empezaban a surgir visiones: imágenes rotas, incompletas, de posibles futuros.

Niños corriendo entre ruinas.

Familias llorando bajo estructuras colapsadas.

Un cielo rojo, iluminado por rayos azules que caían como castigos divinos.

—Porque es un evento Nexus —dijo Sholan, mientras las imágenes giraban a su alrededor—.

Y por más que duela…

estos eventos son puntos fijos en el flujo del tiempo.

Intentar evitarlos solo genera ramificaciones peores.

Zemo, pese a lo perturbador del espectáculo, se mantenía firme.

Observaba los fragmentos del futuro con los puños apretados.

—Explícate.

—Un evento Nexus es un punto de quiebre.

Algo que afecta no solo este mundo, sino todo el multiverso.

Es como una raíz que conecta muchas realidades.

Si lo rompes…

el árbol completo puede colapsar.

—¿Y tú obedeces esas reglas?

Sholan negó con la cabeza.

—No.

Para mí, las reglas del tiempo y del destino no son una barrera.

Pero en este caso… dejar que Ultron nazca es beneficioso.

Zemo se giró hacia él, furioso.

—¿Beneficioso?

¿El fin de mi país te parece útil?

—Escúchame —dijo Sholan, alzando una mano.

El entorno se congeló, y los fragmentos quedaron suspendidos en el aire como cuadros colgando del vacío—.

En el multiverso, existen versiones de Ultron mucho más peligrosas.

Una de ellas ha alcanzado un poder casi divino.

Pero todas… comparten debilidades comunes.

Si permitimos que el Ultron de este mundo emerja bajo control, podremos observarlo, estudiarlo y encontrar su punto débil.

—Usar a Sokovia como experimento… —Zemo murmuró, dolido.

—No como experimento.

Como base de defensa.

Por eso necesito tu ayuda.

Zemo guardó silencio, procesando.

—¿Qué quieres que haga?

Sholan se detuvo.

La calle se restauró lentamente, como si el mundo regresara a su lugar.

—Cuando llegue el momento, yo dormiré a toda la ciudad.

Y la teletransportaré a un sitio seguro, fuera del alcance de Ultron.

Pero para que eso funcione, necesito que, desde ahora, implementes un protocolo de emergencia.

—¿Qué clase de protocolo?

—Uno en el que cualquier ciudadano, sea nacional o extranjero, al activarse la alerta, permanezca dentro de su hogar o edificio, en posición de protección.

Eso me permitirá localizarlos más rápido y garantizar que ninguno quede fuera del alcance del transporte.

Zemo asintió con lentitud.

—Puedo hacerlo.

¿Algo más?

Sholan levantó la mano.

Un suave destello blanco y dorado iluminó la noche.

Tres cartas flotaron en el aire, como naipes místicos con símbolos grabados en relieve.

—Esto es tecnología de movimiento dimensional.

Las llamo… trampas de escape —dijo con una leve sonrisa—.

Una para tu esposa.

Una para tu hijo.

Y una para tu padre.

Si alguno de ellos se ve en peligro extremo, las cartas se activarán solas y los llevarán al punto de protección designado.

Zemo las tomó sin decir palabra, pero sus ojos se humedecieron apenas al escuchar a quién iban dirigidas.

—¿Dónde está ese punto?

—Una isla fuera del radar.

Nadie puede encontrarlo.

Nadie puede seguirlos allí.—dijo Sholan dándole las coordenadas a Zemo.

Zemo miró las cartas, luego al hombre que tenía frente a él.

Todo lo que había visto, lo que había oído… lo sobrepasaba.

Pero en el fondo, sentía que no era una mentira.

Aún así Zemo volvió a mirarlo con dureza, aún desconfiando de sus verdaderas intenciones.

—¿Por qué hacer esto?

¿Qué ganas tú?

—No entiendo por qué alguien como tú se preocupa tanto por Sokovia.

¿Qué te importa lo que pase con mi país?

Sholan bajó la mirada por un instante.

Luego, su voz salió más suave, con un dejo de nostalgia que Zemo no esperaba.

—Porque yo también soy sokoviano, Zemo.

Eso lo desconcertó por completo.

—¿Qué estás diciendo?

—No nací allí, pero viví en sus calles.

Compartí el pan con su gente y protegí a niños de los bombardeos.

Sokovia me dio un hogar cuando no tenía absolutamente nada.

—Sholan alzó la vista, con los ojos ardiendo de convicción—.

Odiaría ver este país destruido por la indiferencia de quienes aún pueden salvarlo.

Zemo no respondió de inmediato.

Solo asintió muy lentamente, como un hombre que acababa de reconocer a otro patriota en un extranjero.

Ya en las afueras de la ciudad, bajo el cielo estrellado, Sholan se detuvo.

El viento soplaba con fuerza.

Zemo dio un paso atrás, instintivamente, cuando lo vio elevarse suavemente del suelo.

—Haz tu parte, Helmut Zemo.

El futuro de tu país… y de muchos otros, depende de ello.

Y sin más palabras, despegó a toda velocidad, dejando solo un leve zumbido tras de sí y una ráfaga de aire que hizo ondear la chaqueta de Zemo.

El patriota observó el cielo durante un largo rato.

Por primera vez en mucho tiempo, sentía que alguien confiaba en él por lo que era… y no por lo que representaba.

Apretó con fuerza las cartas en su mano.

Y se giró para volver a casa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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