Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 284
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- Capítulo 284 - 284 La única oportunidad
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284: La única oportunidad 284: La única oportunidad Midoriya no entendía muy bien qué estaba pasando cuando Sholan lo llevó con firmeza, pero sin brusquedad, fuera del parque.
Lo seguía en silencio, aún estremecido por lo que había visto.
Bakugo no volvió a acercarse… por primera vez, él había sentido miedo real.
Caminaron durante unos veinte minutos hasta llegar a la playa Dagobah, un vertedero en ruinas de basura olvidada, refrigeradores oxidados y montañas de electrodomésticos inservibles.
El viento traía un olor salobre, el sol ya comenzaba a ponerse en el horizonte.
—¿Qué es este lugar?
—preguntó Midoriya.
—Tu campo de entrenamiento —respondió Sholan, sacando de su inventario una pequeña jeringa metálica del tamaño de un pulgar.
Dentro brillaba un líquido gris con destellos esmeralda.
Lo sostuvo frente a Midoriya—.
Esto es el Nanite Omega-1, esto se usaría para crear supersoldados.
Hoy, te lo doy porque voy a darte una sola oportunidad.
Antes de que Midoriya pudiera responder, Sholan le aplicó la inyección directamente en el cuello.
El líquido se dispersó en su sistema nervioso, y el chico sintió una oleada de calor recorrerle la columna, seguida de un zumbido en los oídos y una ligera presión en el pecho.
No dolía, pero lo alteró a un nivel fundamental.
—¿Qué… qué me diste?
—preguntó, temblando.
—Te di un futuro.
Los nanites se integrarán a tu sistema.
Te permitirán crear construcciones mecánicas a partir de tu cuerpo… pero necesitan tiempo y esfuerzo para adaptarse a ti y replicarse.
Y lo más importante, necesitan que tú te fortalezcas para no destruirte desde adentro.
Lo que te acabo de dar no es un atajo.
Es una herramienta.
Tú eres el único que puede hacer que funcione.
Midoriya tragó saliva.
—¿Y qué tengo que hacer…?
Sholan señaló la playa.
—Límpiala.
Toda.
Cada pedazo de basura, cada escombro, cada mueble oxidado.
Sin excusas.
Midoriya miró los montones y protestó, jadeando: —¡Pero esto… esto pesa demasiado!
¡No puedo solo!
—Sí puedes.
Tienes que hacerlo.
Porque si no puedes con esto, no vas a soportar el poder que quieres tener.
Esto no es solo para entrenar tu cuerpo.
Es para que los nanites comiencen a replicarse, a extenderse por ti, a fortalecerte desde adentro.
Pero solo responden al esfuerzo genuino.
No hay botón mágico.
No hay milagros.
Solo trabajo duro.
El poder no es un derecho es una necesidad.
Midoriya apretó los puños.
Su respiración era pesada, pero sus ojos empezaban a llenarse de fuego.
Sholan se agachó a su altura, mirándolo con una seriedad imponente: —Esta es tu única oportunidad.
Yo no voy a estar aquí para cuidarte.
No soy tu niñero.
Yo te doy los medios, pero tú eres quien tiene que tomarlos con tus propias manos.
No quiero que me agradezcas.
Quiero que lo merezcas.
Si quieres ser un héroe… entonces demuestra que tienes el corazón para convertirte en uno.
No basta con quererlo.
Los sueños solo se cumplen si trabajas por ellos, si te rompes el alma por alcanzarlos.
Nadie te va a regalar nada.
El mundo es cruel.
Pero si tienes determinación… puedes cambiarlo.
Luego, le habló con un tono más neutral: —Cada noche, mientras duermas, el nanite omega te enseñará sin que lo notes, y te entrenará mientras sueñas.
Si tu cuerpo responde, verás los resultados incluso antes de darte cuenta.
Pero para eso, necesitas esforzarte durante el día como si tu vida dependiera de ello.
Midoriya bajó la cabeza.
Por dentro, una tormenta de emociones hervía.
Lágrimas comenzaron a caer, pero esta vez no eran de derrota, sino de comprensión… y de algo más fuerte: Voluntad.
En su corazón, agradeció a Sholan.
Porque no lo trató como un caso perdido.
No le dio la mano para levantarlo, le dio una carga… le dio responsabilidad.
Por primera vez, alguien lo había mirado como alguien digno de luchar, no como un pobrecito al que había que consolar.
—Sí, señor.
—Midoriya levantó la mirada, y aunque las lágrimas seguían bajando, su voz ya no temblaba—.
¡Lo haré!
¡Lo juro!
—Tranquilo Midoriya no tienes que ser tan formal, solo soy algunos años mayor que tú.
—dijo Sholan asintiendo con una sonrisa apenas perceptible, y luego comenzó a alejarse.
Desde lejos, oculto entre las sombras del parque, un hombre alto y delgado con un abrigo grande y una gorra de visera observaba la escena con detenimiento.
Sus ojos estaban ocultos, pero su expresión era de asombro profundo.
All Might.
Había seguido al extraño después de ver lo que le hizo a Bakugo.
Quería asegurarse de que no fuera una amenaza… pero ahora, lo que había presenciado lo dejó sin palabras.
Aquel hombre, no era un cualquiera.
Era una tormenta envuelta en fuego y acero.
Palabras duras.
Acciones firmes.
Pero debajo de todo… un corazón inquebrantable.
Un forjador de héroes.
All Might se llevó una mano al pecho, donde aún guardaba el peso simbólico de su legado.
Y por primera vez desde hacía años, dudó de su decisión inicial.
All Might no lo sabía aún, pero en su mente, algo comenzaba a resonar.
Tal vez… ese hombre extraño no solo había salvado a ese joven de un futuro de tristeza y amargura.
Tal vez había plantado la semilla de algo mucho más grande.
—Tal vez… él… —murmuró—.
Tal vez ese hombre sea… digno de heredar el One For All.
Y sin saberlo, el destino de varios mundos comenzó a inclinarse en una dirección completamente inesperada.
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