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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 285

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  4. Capítulo 285 - 285 Fuego redes y voluntad
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285: Fuego, redes y voluntad 285: Fuego, redes y voluntad El sol de la tarde acariciaba el cielo sobre la ciudad mientras las olas rompían en la playa cubierta de basura.

En una de las zonas despejadas, Wanda Maximoff giraba sobre sí misma, trazando semicírculos con su Espada de Protección.

La hoja centelleaba con un brillo suave, como si respondiera a su energía interior.

Cada movimiento que realizaba, cada estocada y corte, estaba acompañado por pequeñas explosiones de energía carmesí.

La espada era más que un arma.

Era un catalizador.

Un conducto entre su voluntad, su magia y la realidad.

Al cortar el aire, Wanda sentía cómo su control sobre la energía mágica se estabilizaba, cómo sus pensamientos se alineaban, y cómo su poder dejaba de ser una furia incontenible para convertirse en precisión afilada.

A pocos metros, Cortana proyectaba una figura de entrenamiento que ejecutaba posturas de guardia y contraataque en tiempo real.

Wanda copiaba, corregía, perfeccionaba.

Las muñecas le ardían, los brazos le temblaban.

Pero no se detenía.

Ya no era la joven descontrolada del pasado.

Era madre, esposa… y una guerrera.

Sobre el techo de un edificio cercano, Peter Parker se entrenaba con su KumonoSlayer y el Venomix Shooter, el arma especial del guerrero Spider Kumonos de su universo.

—Dancing King —murmuró Peter, deslizándose por la superficie como una araña.

El KumonoSlayer brilló en su mano derecha, generando una capa de hilos en su espalda como si fueran patas arácnidas simbólicas.

A su lado izquierdo, el Venomix Shooter cargaba municiones con esferas energéticas de aspecto púrpura.

Saltó, giró en el aire, y disparó una ráfaga de púas venenosas hacia los blancos flotantes generados por Cortana.

—¡Web Buster!

—gritó, ejecutando un ataque giratorio con su daga que derribó los blancos con una explosión de energía violeta.

No solo estaba entrenando su agilidad o puntería.

Cortana le exigía mantener una respiración controlada, calcular distancias y sincronizar los dos sistemas de armas como si fueran uno solo.

Peter cayó de pie, jadeando pero sonriente.

El traje ceremonial que usaba se adaptaba como una segunda piel, con detalles dorados en los bordes del torso.

A diferencia de su traje clásico, este lo hacía sentir como parte de un legado más antiguo… más solemne.

En la playa, Midoriya Izuku cargaba un enorme refrigerador oxidado sobre su espalda, tambaleándose hasta dejarlo sobre una pila de basura.

La transpiración le empapaba la ropa.

El cuerpo le dolía.

Tenía las manos llenas de cortes y ampollas.

Pero no se detenía.

La voz de Sholan había sido clara esa mañana.

—Lo que te di no es una solución mágica.

Es una oportunidad.

—¿Una oportunidad?

—El Nanite Omega-1 que llevas en tu sistema puede adaptarse a ti, replicarse, y darte acceso a tecnologías avanzadas… incluso armas, escudos, sistemas de apoyo.

Pero no lo hará si tu cuerpo no puede soportarlo.

—¡Pero toda esta basura es pesadísima!

—Y eso es exactamente lo que necesitas.

Esta playa está llena de peso… igual que tu destino.

Si no puedes levantar una lavadora, ¿cómo vas a levantar un mundo cuando dependa de ti?

Midoriya lo miró con los ojos muy abiertos.

—Cada día que trabajes aquí, tu cuerpo se fortalecerá.

Cada vez que levantes algo más pesado, los nanites se replicarán un poco más y te fortalecerán desde dentro.

Pero si te detienes, se detendrán.

—¿Y qué pasa si no lo logro…?

—Entonces no mereces tu sueño.

La frase cayó como un puñal.

Midoriya sintió que el estómago se le cerraba.

—Esto es una prueba de tu temple.

De tu voluntad.

No estaré aquí para cuidarte.

No te voy a cargar.

—Te doy la oportunidad y los medios.

Lo que hagas con ellos depende de ti.

Esa noche, mientras dormía, Cortana activó el modo de entrenamiento subconsciente.

En un plano de sueños, Midoriya se veía a sí mismo levantando estructuras metálicas, ensamblando partes mecánicas desde su cuerpo, aprendiendo cómo invocar extensiones biomecánicas, cómo usar las microconstrucciones del Nanite para moverse más rápido, defenderse o analizar enemigos.

No lo sabía… pero su mente se estaba entrenando a niveles que ningún humano común jamás alcanzaría.

Al día siguiente, la ciudad se estremeció por una explosión.

Gritos.

Caos.

Sholan, que meditaba en la azotea, abrió los ojos al instante.

Su figura desapareció.

En una calle, el Villano de Lodo había atrapado a Bakugo, que luchaba dentro de la masa viscosa, liberando explosiones que apenas le permitían respirar.

—¡Maldición!

¡Quítate, pedazo de mierda!

—gritaba el rubio con furia.

Una figura oscura aterrizó entre el humo y la confusión.

Sholan se acercó caminando, tranquilo.

—Qué escena tan patética —dijo con desprecio.

—¡Lárgate, basura!

¡No necesito tu ayuda!

—escupió Bakugo, atrapado hasta el cuello.

Sholan lo miró.

La sonrisa se borró.

—No necesito que me agradezcas para ayudarte.

Pero sí necesito que cierres esa maldita boca.

Extendió su brazo.

Su palma brilló.

Una corriente de Ki atravesó el lodo y soltó a Bakugo en un segundo.

El villano intentó escapar, pero Sholan se movió más rápido que el pensamiento.

Lo golpeó con la parte externa del brazo infundido discretamente en Haki de armadura, luego lo estrelló contra una pared con una onda que hizo temblar los cimientos.

El lodo vibró… y justo cuando parecía que se recompondría, un estruendo mayor rasgó el cielo: —¡DETROIT… SMASH!

—rugió All Might, cayendo como un meteorito.

El golpe hizo añicos al villano, desparramándolo por el suelo hasta que sólo quedaron restos inofensivos.

Sholan dio un paso atrás, cruzándose de brazos.

All Might se giró hacia él, sus ojos brillando entre la sombra de su rostro musculoso.

—Eres fuerte —dijo simplemente.

—No tanto como tú —respondió Sholan sin arrogancia, sólo con respeto.

Bakugo tosió, furioso.

—¡Maldito bastardo!

¡Te metiste donde no te llamaban!

Sholan lo fulminó con la mirada.

—Y tú deberías estar encerrado en un basurero con esa actitud.

¿Quieres respeto?

Gánatelo.

Deja de ladrar como un perro rabioso.

Bakugo palideció, temblando.

Por un instante, sintió que el mundo era demasiado grande.

Se orinó encima nuevamente sin darse cuenta.

All Might observó la escena en silencio mientras se retiraba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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