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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 294

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  4. Capítulo 294 - 294 Informe de Ruina
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294: Informe de Ruina 294: Informe de Ruina Las luces de emergencia iluminaban tenuemente los pasillos de concreto armado.

Todo estaba silencioso, salvo por los pasos decididos de un soldado con uniforme de camuflaje urbano, quien caminaba directo hacia la sala de mando del general.

Las puertas blindadas se abrieron con un chasquido hidráulico.

En el centro de la sala, rodeado de monitores y mapas tácticos, estaba el General Thaddeus Ross, con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

—¿Reporte de la Operación Dragón Helado?

—preguntó sin levantar la vista de su pantalla.

El soldado tragó saliva.

Tenía en la mano una carpeta metálica, pero sus ojos hablaban de algo más grave.

Algo que ni los números ni los gráficos podían contener.

—Señor… la operación fracasó.

Fracasó de forma espectacular.

Ross giró la cabeza lentamente.

—¿Qué parte?

—Todas.

Señor, las unidades avanzadas fueron eliminadas antes de siquiera llegar a Villa Loriana.

El escuadrón aéreo fue derribado en cuestión de minutos por una criatura… un perro grande.

Azul.

Tenía un poder descomunal.

Rompió tanques como si fueran juguetes.

Aplastó helicópteros en el aire y desvió misiles con la cola.

Ross frunció el ceño.

—¿Y los equipos terrestres?

El soldado abrió el informe y leyó con voz cada vez más temblorosa.

—Las tropas de asalto entraron por el flanco norte, divididas en cinco pelotones.

Cada uno fue interceptado por una de las niñas.

Las cinco… cambiaron.

No tenemos otra palabra para describirlo.

Sus trajes se alteraron, como armaduras de combate biomecánicas.

Sus cuerpos brillaban con energía y velocidad sobrehumana.

—¿Cuánto daño causaron?

—Cada una neutralizó un pelotón completo.

No con aturdidores ni armas no letales.

Les rompieron las extremidades a todos.

Fracturas múltiples, desplazamiento de huesos, ligamentos desgarrados.

Una de ellas cortó las armas con ondas de energía afilada.

Otra usó una especie de látigo magnético para lanzar vehículos blindados contra sus propios conductores.

Ross se sentó lentamente.

Su rostro era una máscara de ira contenida.

—¿Y las fuerzas especiales?

—El equipo de soporte fue interceptado por… el Soldado del Invierno.

Pero señor, ya no es el mismo.

Su brazo metálico…

no es tecnología Stark ni Wakandiana.

Destruyó las armas sónicas y las armas EMP con un solo golpe, como si estuvieran hechas de papel.

—¿Y los francotiradores?

El soldado bajó la mirada.

—Neutralizados por tropas sombra.

No sabemos de dónde salieron.

Eran soldados oscuros, sin rostro visible, con movimientos militares perfectos.

Se desplazaban entre las sombras, ignoraban las balas y destrozaron las posiciones con precisión quirúrgica.

No quedó ni uno con capacidad de combate.

Ross apretó los dientes.

—¿Y la infraestructura?

¿Las grabaciones?

¿Las comunicaciones?

—Señor… esto es lo peor.

El soldado tragó saliva.

—Todo fue borrado.

Y cuando digo todo, me refiero a **los servidores encriptados, las unidades offline, los backups aislados… incluso los discos duros con protección física y analógica.

Toda la información relacionada a la operación, a usted, a nuestras rutas, contraseñas, fondos, identidades encubiertas… fue eliminada.

Totalmente.

Sin dejar rastro.

Como si nunca hubiéramos existido.

Ross se quedó en silencio.

—¿Cómo demonios pudieron hacer eso…?

El soldado levantó la vista con expresión grave.

—Se confirmó la identidad de las niñas.

Son hijas de… la Bruja Escarlata.

Ross entrecerró los ojos.

Finalmente, una pieza del rompecabezas encajaba.

—Eso lo explica.

Wanda Maximoff… poderes de alteración de la realidad, telepatía, manipulación de la probabilidad.

Podemos manejarlo.

Aún hay margen.

El soldado dudó un segundo… y entonces dejó caer la bomba.

—Con todo respeto, señor… no lo hay.

Ross lo miró, esta vez con una sombra de duda en el rostro.

—¿Qué quiere decir?

El soldado inhaló hondo… y dijo las palabras que marcaron el inicio de su desesperación: —Se ha confirmado que el padre de las niñas… es Nanashi.

Ross se quedó paralizado.

El aire pareció salir de la sala de mando.

Los monitores seguían parpadeando, pero él ya no los veía.

—…No puede ser.

—Lo es, señor.

ADN verificado.

Reconocimiento visual.

Cruce con señales energéticas.

Todas las lecturas coinciden.

Ross se levantó lentamente, como si sus piernas ya no tuvieran fuerza.

—Eso no es una amenaza…

eso es un desastre natural armado con un pitillo de cartón.

Se pasó una mano por el rostro.

—Tenemos que darnos prisa.

Ya no se trata de controlar el caos.

Caminó hacia la terminal central, presionando una serie de comandos.

—Es hora de sacar los Acuerdos de Sokovia de la congeladora.

Y esta vez… no pediremos permiso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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