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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 321

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  4. Capítulo 321 - 321 Cenizas que germinan
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321: Cenizas que germinan 321: Cenizas que germinan La luz de la Onda Vitarayos aún se alzaba sobre el mundo como una aurora sin precedentes.

No era destructiva, ni abrasiva.

Era cálida.

Serena.

Absoluta.

Un manto tejido de sacrificio que envolvía el planeta con una intención clara: sanar.

Y mientras los cielos se teñían de dorado y los campos susurraban bajo el murmullo de un viento transformador, una carta comenzó a resonar en los corazones de quienes, conscientes o no, serían tocados por el legado de Nanashi.

No había un monumento.

No había rostro.

Solo palabras… y una voluntad tan firme que había alterado el destino del mundo.

“*A quienes hereden este nuevo amanecer…

Fui conocido como Nanashi.

El que no tenía nombre.

El sin rostro.

No nací para ser admirado, ni seguido.

Nací para proteger.

No vine a gobernar, ni a imponer, sino a entregar…

todo.*” En distintos rincones del mundo, niños que antes habrían nacido con mutaciones peligrosas ahora se encontraban sanos, sus genes estabilizados por una fuerza invisible que reescribía las reglas de la biología en tiempo real.

“*La Onda de energía es mi legado.

Una última ofrenda al mundo que amé más que a mi propia existencia.

Su propósito es el siguiente…*” Médicos en quirófanos alzaban la vista de sus instrumentos al ver cómo las anomalías desaparecían de los fetos en gestación.

Padres al borde del colapso caían de rodillas, entre lágrimas, al recibir noticias de que sus hijos no estarían condenados.

“Primero, estabiliza las mutaciones peligrosas.

Las detiene antes de que puedan florecer.

Antes de que un niño se convierta en una bomba de tiempo.” En parques y escuelas, niños jugaban sin temor.

Aquellos con señales prematuras de manifestación quirks se veían libres de incidentes.

Ya no había llanto, ni gritos de emergencia.

“Segundo, establece una edad segura.

A partir de ahora, los dones se manifestarán a los cuatro años.

Ni antes.

Ni después.” Y entonces, la prueba final: un niño de seis años, cuyo quirk solía activarse por ansiedad, sintió una chispa recorrer su mano.

Cerró los ojos, respiró, y dijo con voz firme: “Detente.” La energía se disipó al instante.

Por primera vez, control.

Por primera vez… paz.

“*Y tercero… he otorgado un comando mental: una palabra para frenar el poder.

Cada niño podrá decir ‘Detente’, y su don cesará.

Un derecho al descanso.

A la infancia.

A elegir.*” Nanashi había desaparecido sin cuerpo que enterrar, sin estatua que cargar con su rostro.

Pero las flores comenzaron a aparecer igual.

Cartas, dibujos, máscaras hechas a mano.

En una colina, alguien levantó una capa sobre una estructura metálica.

Y en la base de ese símbolo sin identidad, un niño dejó una figura de arcilla diciendo: —Él me salvó.

“*Yo no soy un héroe.

No vine a salvar al mundo con puños o discursos.

Solo quise darles una oportunidad de ser mejores.

Y por eso caigo.*” Las últimas palabras llegaron como un eco desde el alma de alguien que ya no estaba.

“*Caigo por las nuevas generaciones.

Caigo por mis amigos.

Por mi familia.

Por el mundo que tanto amo.

Porque, como alguien que respeto profundamente dijo una vez… Con un gran poder… viene una gran responsabilidad.*” Las ondas siguieron su curso.

En África, en Asia, en América.

Cruzaron océanos.

Tocaron a niños dormidos.

A futuros héroes.

A aquellos que alguna vez habrían sido monstruos, sin quererlo.

“Y esta… fue mi responsabilidad.

Si un solo niño puede ahora reír sin miedo a explotar… Si una niña puede correr sin convertirse en un arma… Entonces… valió la pena.*” La luz comenzaba a apagarse.

La Onda VitaRayos se asentaba como un susurro eterno, como un contrato firmado con la esperanza.

“*Dejo atrás mi cuerpo.

Pero si algo queda de mí… Que sean cenizas.

Y que mis cenizas… fertilicen las semillas de un nuevo futuro.*” Y así terminó Nanashi.

No con estruendos.

No con gloria.

Sino con la semilla de un mundo distinto brotando… desde el sacrificio absoluto.

Nadie supo más de él.

No hubo cuerpo.

No hubo funeral.

Solo la leyenda del héroe que nunca tuvo rostro… ni nombre… pero que le dio al mundo un mañana.

Y en el futuro los niños preguntarán a sus padres: —¿Mamá?

¿Papá?

¿Quién era Nanashi?

Y las respuestas eran siempre distintas, pero todas verdaderas: —Nanashi era un símbolo.

—Era la esperanza.

—Era el héroe que nos salvó… —Y quizás… podrías ser tú.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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