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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 324

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  4. Capítulo 324 - 324 Ondas en la Oscuridad
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324: Ondas en la Oscuridad 324: Ondas en la Oscuridad La noche era pesada, como si el cielo mismo contuviera la respiración.

En la torre más alta de la Escuela de Auradon, una mujer dormía en silencio, su rostro iluminado tenuemente por la luz de la luna.

Sin embargo, la calma no duraría mucho.

El sueño llegó como un puñal invisible.

Primero fue el sonido: gritos, llantos, susurros que reptaban por los rincones de su mente como hiedra venenosa.

Luego vino el fuego.

Llamas devoraban la Isla de los Perdidos, un océano de sangre burbujeante envolvía los tejados en ruinas.

Y en el centro de ese apocalipsis, una figura se alzaba.

Una mujer envuelta en un fulgor rojo sangre, con los ojos como carbones encendidos, su sola presencia hacía vibrar el aire de desesperación.

A su lado, una sombra alta, envuelta en negro absoluto, arrancaba a la fuerza los corazones de los caídos, devorando sus almas con un hambre imposible de saciar.

La oscuridad se extendía con cada alarido, con cada alma consumida.

El mundo mismo parecía estar siendo tragado.

Pero antes de que todo quedara envuelto en la nada, aparecieron tres luces.

El ave de fuego, la mujer de mirada escarlata y el chico de la red, irradiando un brillo cálido y protector, que chocaban con la oscuridad como estrellas enfrentando la noche creando un pilar de luz dorada y una aurora boreal que disipaba la oscuridad.

No se podía ver quiénes eran, pero su sola presencia traía esperanza.

Fue entonces cuando ella despertó, empapada en sudor, con la respiración temblorosa y la certeza de que aquello no había sido un sueño cualquiera.

—Mamá… —susurró una voz familiar.

Ella se giró y vio a su hija Jane en la puerta, los ojos abiertos como platos y lágrimas secas en las mejillas.

—Tuviste el mismo sueño… ¿verdad?

—preguntó la madre con una voz baja, grave.

Jane solo asintió con la cabeza.

Sin decir más, la mujer se levantó.

Se vistió con rapidez, cubriéndose con su capa ceremonial azul claro.

Su rostro mostraba la serenidad de alguien que sabía que debía actuar, aunque temiera lo que iba a encontrar.

Sabía que las ondas de ese sueño no venían de su imaginación.

Eran un mensaje.

Un susurro de las fuerzas del bien, de la balanza que protegía el orden mágico del mundo.

Atravesó los pasillos de mármol del castillo, subió escaleras sin detenerse y finalmente cruzó las puertas del salón del trono.

Allí, la reina vestida con tonos dorados y el rey con su capa real ya la esperaban, convocados por la urgencia del llamado.

—¿Qué sucede, Hada Madrina?

—preguntó la reina con preocupación al ver su rostro.

—Tuve un sueño.

No… una visión, un presagio.

Jane también lo tuvo.

Vimos sangre, fuego…

vimos la Isla de los Perdidos cubierta de oscuridad.

Vimos a una mujer envuelta en rojo sangre y una criatura negra devorando almas.

Y después… tres luces.

—su voz se quebró un instante—.

Fue una advertencia.

El rey rodó los ojos ligeramente.

—Todos tenemos pesadillas… el estrés, la magia residual… —No —interrumpió con firmeza la mujer—.

No me subestimes.

He guiado generaciones de magia.

He sentido el poder de la Luz y la Oscuridad.

Esto fue real.

¡Jane lo vio también!

¿Qué clase de coincidencia crees que es esa?

En ese momento, un guardia entró corriendo con una tableta de comunicación.

—Majestad… deben ver esto.

El rey la tomó y sus ojos se abrieron al leer el contenido.

—Hemos perdido contacto con la Isla de los Perdidos.

Tres días sin señal… La última transmisión fue incoherente, pero… hay palabras.

“Una mujer… rojo… criatura oscura…” La sala se congeló.

El corazón de la reina se aceleró.

La madrina apretó los puños.

—¿Ahora lo entienden?

¡La oscuridad ha despertado!

Algo terrible ha ocurrido allá.

El rey se giró hacia sus consejeros.

—Necesitamos encontrar a los tres… esas figuras de luz de la visión de la hada madrina.

Tal vez estén entre nosotros.

Pero entonces, el aire se quebró.

Una luz cálida e intensa inundó el centro del salón como un sol naciente contenido en un estallido.

Tres figuras comenzaron a formarse desde motas de energía pura.

Una silueta masculina, otra femenina y una más delgada y ágil.

Cuando la luz se disipó, allí estaban.

Él con una mirada que había visto demasiados mundos, ella con un aura de poder contenido en emociones profundas, y el tercero con ojos llenos de ingenio y carga moral.

Sholan, Wanda y Peter habían llegado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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