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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 325

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  4. Capítulo 325 - 325 Tres Horas para la Oscuridad
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325: Tres Horas para la Oscuridad 325: Tres Horas para la Oscuridad Una explosión de luz atravesó el salón del trono como un relámpago contenido.

Cuando se disipó, tres figuras permanecieron firmes en el centro, como si hubieran sido invocadas por el mismo destino.

Un halo de energía flotaba aún alrededor de ellos, ondulando en el aire como humo dorado.

Fue entonces cuando una gran ventana de emergencia del sistema de Sholan solo usada en estado de máxima alerta se encendió con un brillo rojo.

Un contador digital titilaba en su interior, marcando un tiempo descendente.

[2:59:58] Una alarma sorda y grave vibró en las paredes.

Todos los guardias en la sala sacaron sus armas y las apuntaron directamente hacia los recién llegados.

—¡Identifíquense ahora!

—ordenó el comandante de los guardias con la voz temblorosa.

El rey se levantó de su trono, su capa ondeando con autoridad, su ceño fruncido con indignación.

—¿Quiénes son ustedes?

¿Cómo llegaron aquí?

¡Hablen!

Los tres levantaron las manos lentamente, sin señales de amenaza.

—No lo sabemos con precisión —dijo Sholan, con tranquilidad—.

Algo nos jaló como si nos hubiera querido aquí.

—Yo solo quería desayunar tranquilo —añadió Peter, alzando las cejas—.

Y ahora estamos en castillo de cuento.

¿Dónde están los waffles reales?

¿Hay waffles reales?

¿O solo galletas mágicas?

Porque si tienen waffles— —¡Cállate!

—gritó uno de los guardias, visiblemente alterado, y en un impulso cruzado por el miedo, se lanzó directo hacia él con un bastón tonfa en alto.

Peter suspiró y saltó hacia atrás con gracia, haciendo una voltereta en el aire.

Mientras giraba, las nanomáquinas lo cubrieron por completo, ensamblando sobre su cuerpo el traje clásico rojo y azul.

—¡Spider-Man, al servicio!

—exclamó con tono burlón, lanzando una telaraña que arrancó el arma de las manos del guardia y la pegó a una de las columnas.

—Rayos, Peter… —gruñó Sholan entre dientes, apenas moviendo un dedo—.

Hay veces en las que deberías tener la boca cerrada.

El aire alrededor de Sholan se volvió incandescente por un instante.

Un anillo de fuego naranja y dorado brotó de sus pies, y con un movimiento de su mano, una llamarada en forma de fénix emergió, no para herir, sino para desarmar.

Las armas de todos los guardias fueron arrancadas por la presión de un calor controlado, y cayeron al suelo incandescentes quemando las manos de los guardias.

Wanda cerró los ojos y levantó la mano.

Una esfera de energía escarlata pulsó desde su palma y formó un campo de fuerza que separaba al grupo del resto del salón.

Lo justo para calmar la situación sin lastimar a nadie.

Fue entonces cuando se abrió una de las puertas laterales y una joven entró corriendo, aún en pijama.

Su cabello estaba algo despeinado, pero su mirada estaba fija.

—¡Mamá!

—exclamó Jane, aferrándose al brazo de la mujer que la acompañaba—.

Son ellos.

Los tres.

El ave de fuego, la mujer de mirada escarlata… y el chico de la red.

¡Son ellos!

La varita mágica de la mujer se encendió al instante, y al levantarla, todos los guardias se congelaron en su lugar.

—¡Basta!

—ordenó con voz clara y poderosa deteniendo mágicamente a los guardias.

Se acercó un paso más al trío, los observó, y luego se giró hacia el rey.

—Majestad, no pueden ser enemigos.

Ellos son los tres que luchaban contra la oscuridad en el sueño.

Jane los vio también.

La advertencia es real.

El rey miró a todos los presentes.

Dudó.

Finalmente, suspiró.

—Entonces… ¿Qué hacen acá?

Sholan bajó la mirada y respondió con calma: —No lo sabemos con exactitud.

Solo… escuchamos un grito.

Un lamento etéreo que nos arrastró aquí.

Se giró hacia la gran ventana y miró hacia la Isla de los Perdidos, apenas visible en la distancia, oscurecida por una bruma que se movía como si respirara.

—Siento como poco a poco presencias en esa isla están desapareciendo.

Como si fueran extinguidas una por una.

La mujer de la varita asintió con gravedad.

—Todos los villanos del mundo fueron encerrados ahí.

Protegidos por una barrera mágica.

Es el único lugar donde no pueden causar daño.

Sholan se volvió hacia ella con ojos de fuego.

—Entonces son unos tontos.

Las palabras cayeron como plomo en la sala.

—Encerraron oscuridad sin entenderla.

¿Saben lo que han hecho?

Han creado un kodoku.

Una prisión que fermenta la maldad, donde los más débiles son sacrificados y los peores sobreviven.

Todo lo que han hecho es mezclar venenos esperando que ninguno estalle.

Deberían ir a ver que es lo que está sucediendo El rey apretó los dientes.

—¡No dejaré que nadie entre!

¡No arriesgaré más vidas!

Sholan lo miró con dureza.

—Y cada segundo que se niega a actuar… más vidas se pierden.

Si no quiere arriesgar a su gente déjenos entrar a nosotros El hada madrina miró al rey.

Luego a su hija.

Finalmente, suspiró.

—Majestad… entrégueme el control del campo.

El rey titubeó.

Pero algo en su interior se quebró.

—Por orden de la guardiana mágica del reino… entréguenle el control.

Uno de los técnicos del castillo se acercó con un mando dorado y se lo dio a la mujer.

Ella lo extendió a Sholan, que lo aceptó sin decir palabra.

—Wanda, Peter… prepárense —dijo Sholan en voz baja.

—Pónganse los trajes.

En un parpadeo, su cuerpo se cubrió de energía dorada.

El traje que usó contra Vearn lo envolvió por completo como un héroe de guerra que descendía desde los cielos.

Wanda se adelantó un paso.

Sus ojos se tornaron escarlata y extendió las manos.

—Henshin.

Los anillos mágicos aparecieron en sus manos como un portal de runas.

Su cuerpo fue atravesado por luces verdes y púrpuras que formaron una armadura estilizada, majestuosa, con pliegues que imitaban la seda y una capa corta.

Su casco se cerró con un chasquido: era Kamen Rider Twilight Majade.

Peter, algo nervioso, sacó su KumonoSlayer.

Insertó la llave especial y la empujó con decisión.

Una voz mecánica respondió desde el arma: —GUYS GO!

Peter giró la llave, sonrió como un niño y dijo con voz fuerte: —Ohgai Busou!

Una lluvia de hilos brillantes lo cubrió, formando una crisálida que luego fue destruida por una tarántula etérea revelando su armadura especial.

Sin decir nada más, los tres se miraron entre sí… y se elevaron.

A través del ventanal abierto, cruzaron el cielo como meteoros, Wanda y Peter envueltos en energía carmesí pura, rumbo directo a la Isla de los Perdidos.

La cuenta regresiva seguía bajando.

Y la oscuridad… los esperaba.

[0:42:10]

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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