Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 326
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- Capítulo 326 - 326 El Juego de las Sombras
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326: El Juego de las Sombras 326: El Juego de las Sombras La Isla de los Perdidos era un lugar donde la esperanza se oxidaba, consumida por el resentimiento y la magia dormida.
Calles polvorientas, casas en ruinas, y un cielo siempre cubierto de nubes que jamás se atrevían a llorar.
Pero esa noche… no eran nubes lo que cubría el cielo.
Era otra cosa.
Más espesa.
Más viva.
Más hambrienta.
Cuatro figuras corrían por callejones estrechos: Mal, con su melena violeta flotando tras ella; Jay, con los músculos tensos y ojos llenos de rabia; Evie, jadeando y sosteniendo un espejo roto; y Carlos, con el rostro blanco como la cal.
Los Cuatro corrían desesperadamente mientras arrastraban junto a ellos a unas aterrorizadas Dizzy y Celia Detrás de ellos, a cada paso, resonaban risas suaves y distorsionadas.
No eran de un niño… ni de un adulto.
Eran de algo más.
—¡Está jugando con nosotros!
—gritó Carlos, tropezando con un cubo de basura oxidado—.
¡Nos está cazando como si esto fuera un juego!
—¡Entonces no le demos el gusto!
—gruñó Jay, empujando una valla de madera.
—No sirve, Jay —murmuró Evie, con la voz temblando—.
No importa cuánto corramos… siempre nos encuentra.
Los chicos en un fútil esfuerzo se separaron para tratar de confundir a quien los perseguía tratando de usar su conocimiento del lugar a su favor.
Desde una de las azoteas, la mujer de energía rojo sangre observaba con interés.
No caminaba.
Flotaba.
Sus ojos brillaban con un tono carmesí antinatural.
Su sonrisa era perfecta… y completamente vacía.
Su cuerpo estaba envuelto en un vestido de humo y sangre, y su silueta se deformaba como si el mundo no pudiera soportar su presencia.
—Vamos, pequeños… —susurró, su voz resonando directamente en sus mentes—.
Escondámonos.
¿No les gusta jugar?
Sin que lo supieran la mujer confundió sus sentidos y los volvió a reunir en un mismo lugar De pronto, un grito desgarrador resonó en la distancia.
Los cuatro chicos se detuvieron, con el corazón encogido.
—¿Qué fue eso?
—preguntó Mal, su voz temblando.
Fue entonces que lo vieron.
Una figura enorme, como un agujero andante en la realidad.
Oscura.
Sin rostro.
Con brazos largos y retorcidos que parecían flotar a su alrededor.
Cada paso que daba consumía la luz misma.
A su alrededor, varios villanos adultos estaban siendo arrastrados por monstruos oscuros desde diferentes direcciones, cerrado cualquier tipo de salida que los chicos hubieran considerado antes El Dr.
Facilier fue el primero en caer.
Sus ojos se apagaron al contacto con uno de los brazos oscuros del monstruo más grande, su alma absorbida como si fuese vapor.
Luego siguió Lady Tremaine, y tras ella, Claude Frollo.
Sus cuerpos colapsaban sin vida, dejando solo cáscaras vacías… y una energía espesa que el monstruo absorbía con deleite.
Dizzy y Celia solo podían mirar con impotencia como sus familiares eran asesinados uno por uno.
El monstruo se acercó y se detuvo frente a los chicos.
Se inclinó y una voz indescriptible salió de él: —Vidas jóvenes… llenas de potencial.
Perfectas.
Sabrosas.
Alzó sus brazos oscuros, dispuesto a devorar.
Pero en ese instante, una onda de energía rojo sangre lo empujó hacia atrás.
—¡No!
—la mujer descendió del cielo como una pluma ardiente—.
Esos chicos… son míos.
El monstruo retrocedió, no por miedo… sino por respeto.
—Te fortaleces con los adultos.
Hazlo.
Toma a los demás.
Pero no toques a los jóvenes.
Los necesito… intactos.
Un silencio tenso se formó.
Y entonces… el monstruo asintió.
—De acuerdo.
En los minutos siguientes, el terror se desató en la isla.
Uno por uno, los grandes villanos fueron capturados.
Maléfica gritó al ver que su alma era arrancada desde dentro.
Jafar intentó usar sus habilidades de domar serpientes, pero no tuvo efecto alguno y fue reducido a polvo tras el desgarrador susurro del monstruo.
Cruella sola apenas pudo gritar antes de que el vacío se la tragara.
La Reina Malvada, aún con el espejo en mano, vio su final reflejado… y no pudo cambiarlo.
Los adultos… murieron.
Sus almas fueron comidas, uno por uno.
Sus cuerpos se derrumbaron, secos, vacíos, irreconocibles.
El monstruo se alzó, más grande, más sólido.
Ahora sus brazos brillaban con un tenue resplandor de los poderes absorbidos.
La mujer caminó hacia los chicos.
Levantó una mano… Y entonces… ¡BOOM!
Un estallido de energía sagrada iluminó la isla.
Tres figuras descendieron del cielo como meteoros envueltos en fuego, viento y luz.
Un chico con traje blanco, decorado con patrones de araña.
Una mujer con armadura blanca y negra, su mirada firme y decidida.
Un hombre de cabello negro y alborotado, cuyos ojos eran como estrellas encendidas.
El tiempo pareció detenerse.
El monstruo retrocedió.
Por primera vez, sintió algo parecido al miedo.
La mujer de energía rojo sangre ladeó el rostro… y su sonrisa desapareció por un segundo.
Sholan entrecerró los ojos, con el corazón latiendo de forma errática.
Esa energía… esa mirada… esa presencia… Solo alcanzó a murmurar, con la voz entrecortada: —…¿Wanda?
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