Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 328
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- Capítulo 328 - 328 Corazones bajo juicio
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328: Corazones bajo juicio 328: Corazones bajo juicio El cielo sobre Auradon era claro, pero el ambiente estaba cargado de tensión mientras los transportes traían a los sobrevivientes de la Isla de los Perdidos.
Heridos, aturdidos, algunos con miradas perdidas… y otros con lágrimas secas en sus rostros.
Evie sostenía la mano de Carlos; Jay ayudaba a Mal, que apenas podía caminar.
Sholan, Wanda y Peter cerraban la formación.
Las puertas del Instituto Auradon se abrieron.
Dentro, una multitud de estudiantes —hijos de los héroes más grandes de la historia— esperaban con curiosidad.
Pero no todos estaban preparados para lo que iban a ver.
—¿Eso es sangre en su ropa…?
—¿Mira cómo huelen…?
—¿No son los hijos de villanos?
—¿Qué hacen aquí?
Murmullos.
Susurros.
Risitas crueles.
Como cuchillos flotando en el aire.
Uno de los chicos, hijo de un caballero famoso, dijo en voz alta sin pensar: —¿Por qué deberíamos compartir nuestro comedor con asesinos en potencia?
Y fue suficiente.
El suelo tembló ligeramente.
Un viento invisible, denso y abrumador, cayó sobre la escuela como una tormenta invisible.
Los estudiantes comenzaron a sudar frío, algunos cayeron de rodillas.
Otros se desmayaron.
Los profesores intentaron actuar… y también cayeron, paralizados.
Una presión colosal dominó el aire, como si el cielo mismo estuviera a punto de derrumbarse.
—¡Suficiente!
—dijo Sholan, su voz amplificada no por gritos, sino por poder puro.
Su Haki del Emperador estalló como una ola destructora de orgullo, ego y prejuicio.
Toda la escuela fue silenciada al instante.
Sólo los chicos de la isla seguían en pie.
Temblorosos, sí.
Heridos.
Llenos de dolor.
Pero firmes.
Sholan caminó por el centro del jardín central de la academia.
Cada paso parecía el eco de un juicio ancestral.
Los estudiantes caían o bajaban la mirada.
Nadie podía mirarlo a los ojos.
—¿Cómo se atreven…?
—dijo, su voz resonando en cada sala, cada rincón del instituto—.
¿Cómo se atreven a tratar así a personas que acaban de escapar de una muerte segura?
¿A chicos inocentes que no escogieron a sus padres?
¿Que han vivido toda su vida como parias por crímenes que jamás cometieron?
El silencio era sepulcral.
—Han perdido a sus familias.
Han visto a sus padres morir, brutal y cruelmente, ante sus ojos… Y ustedes se atreven a burlarse, a despreciarlos… ¿Eso es lo que enseñan en Auradon?
¿Eso es lo que llaman ser ‘hijos de héroes’?
Todos los estudiantes estaban de rodillas.
Incluso los más arrogantes lloraban o bajaban la cabeza en vergüenza.
Y entonces, una voz se alzó entre ellos: —…Tienes razón.
El Rey Bestia— caminó con visible dificultad, la Reina Bella a su lado, visiblemente conmovida.
—Durante años creímos que bastaba con alejar a los villanos y fingir que el problema estaba resuelto.
Hoy veo la verdad…
hemos fallado.
No sólo como líderes… sino como padres.
Nuestros hijos están repitiendo los mismos patrones de tiranía, exclusión y crueldad que juramos erradicar.
Sholan finalmente dejó de emitir su Haki.
Los cuerpos que estaban en el suelo recuperaron el aliento y algunos se echaron a llorar.
Otros no podían ni hablar.
Mal y Evie se acercaron, aún afectadas por el aura de poder que había sentido toda la escuela.
—Sholan… ¿No te molesta que todos aquí te teman?
Él las miró con una expresión serena, pero decidida.
—Es mejor que me teman a mí… que a ustedes.
Si su odio, su ignorancia y su miedo deben volcarse sobre alguien, que sea sobre mí.
Así ustedes podrán caminar libres.
Además… alguien tiene que enseñarles a esos niñitos lo que es la verdadera vida.
Porque ellos no saben que las dificultades preparan a la gente ordinaria para un destino extraordinario.
Evie y Mal lo miraron en silencio, y por primera vez en días, se sintieron seguras.
Protegidas.
Lo admiraban.
Sholan lideró al grupo hasta el gran coliseo escolar, donde fueron acomodados todos los refugiados.
El Hada Madrina, visiblemente afectada, se acercó.
—¿Qué pasó allá?
—preguntó con voz temblorosa.
Sholan miró a la Hada, a Bestia y a Bella.
Su rostro se endureció.
—Murieron… muchos.
—¿Quiénes?
—preguntó Bella.
—Maléfica.
Jafar.
Cruella.
La Reina Malvada.
Ursula.
Gaston.
Lady Tremaine.
Dr.
Facilier.
Garfio.
Todos muertos.
Frente a los ojos de sus hijos.
—¿Cómo…?
—Fueron asesinados por dos entidades: una mujer llamada Dark Wanda, y un ser llamado Blackheart, un devorador de almas.
Logramos encerrarlos en un ataúd de cristal de hielo hecho con energía sacra… pero durará menos de 72 horas.
El aire se volvió más pesado aún.
—¿Y qué quieren?
—preguntó Bestia, preocupado.
—Eso es lo que no se… Pero algo en mi interior me dice que hay una forma de saberlo.
Sholan cerró los ojos y reunió en su palma una ráfaga pequeña pero pura de Ki Radiante.
Luego, sin anunciarlo, la liberó en el aire.
Una luz suave tocó a cada uno de los refugiados.
Y entonces sucedió algo inesperado.
Los corazones comenzaron a brillar tenuemente.
Los hijos de los héroes tenían un fulgor pálido.
Pero en los hijos de los villanos… —El resplandor era poderoso.
Intenso.
Radiante.
Sholan entrecerró los ojos.
Y entonces lo recordó.
El Reino de los Corazones.
El lugar donde nace la esperanza, donde habita el corazón omniversal.
El Kingdom Hearts.
Acceder a él requiere una llave.
Y esa llave…
reside en los corazones más puros y brillantes.
—No puede ser… —murmuró Sholan.
Los corazones que brillaban más que ningún otro eran los de Mal, Evie, Jay y Carlos.
Los hijos de los peores villanos de la historia.
—Ya entiendo… —dijo, poniéndose de pie—.
Ellos buscan el Kingdom Hearts.
Y para encontrarlo… necesitan la llave.
—¿Y la llave es…?
—preguntó Wanda.
—Los corazones de estos cuatro chicos.
Mal.
Evie.
Jay.
Carlos.
Ellos no sólo deben ser protegidos.
Ellos son la prioridad absoluta.
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