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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 330

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  4. Capítulo 330 - 330 Vínculos Bajo las Estrellas Sombras en la Cueva
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330: Vínculos Bajo las Estrellas, Sombras en la Cueva 330: Vínculos Bajo las Estrellas, Sombras en la Cueva El amanecer en Auradon no trajo paz, pero sí pequeños respiros.

El entrenamiento de Sholan continuaba en la soledad ardiente de la Cueva de las Maravillas, pero afuera, entre el grupo de jóvenes de la Isla de los Perdidos y los héroes recién llegados, los lazos empezaban a florecer… algunos con fuerza inesperada.

[Auradon – Día 2, 09:00AM] Wanda estaba sentada en el jardín del campus, con la espalda apoyada contra un roble.

A su lado, Mal y Carlos reían con confianza, como si la conocieran desde siempre.

Mal, con el cabello violeta suelto y una mirada relajada, lanzó una ramita al aire.

—Es extraño… —murmuró—.

Pero contigo, Wanda, siento algo que nunca había sentido… protección.

Carlos asintió, con una pequeña sonrisa en su rostro.

—Sí.

Cuando llegamos aquí… todos nos miraban como basura.

Pero cuando ese sujeto rico nos insultó y Sholan calló a todos, fue como… justicia poética.

Wanda soltó una risa suave, maternal, y le revolvió el cabello con ternura.

—Así es Sholan.

No dice mucho… deja que sus acciones hablen por él.

Sabe muy bien que las acciones gritan más fuerte que palabras.

—¿Él siempre ha sido así?

—preguntó Mal, apoyando la cabeza en el hombro de Wanda.

—Desde que lo conozco —respondió Wanda, bajando la mirada con una sonrisa nostálgica—.

Estuvimos juntos desde pequeñitos.

Desde que tengo memoria, él ha sido mi equilibrio.

Lo he amado desde entonces… y nunca ha cambiado.

Carlos abrió los ojos con sorpresa.

—¿Están juntos?

—Casados —dijo Wanda, orgullosa—.

Y tenemos seis niñas preciosas.

Todas tan intensas como su padre.

Mal y Carlos la miraron como si estuvieran escuchando la historia de un cuento de hadas real.

— [Cueva de las Maravillas – Tiempo Interior: Día 7 de entrenamiento] El Ki Radiante quemaba el aire como fuego dorado.

Sholan cruzaba el campo etéreo de la Cueva como un relámpago.

—Infinity.

Una barrera invisible se activó, deteniendo cientos de proyectiles mágicos lanzados por ilusiones hostiles creadas por la propia Cueva.

—Ao (Blue).

El entorno fue absorbido con fuerza gravitatoria, aplastando las ilusiones en un remolino de presión devastadora.

—Aka (Red).

El contraataque estalló hacia adelante, arrasando con una explosión repelente que destruyó todo lo que quedaba.

—Murasaki (Purple).

Una fusión aterradora entre Ao y Aka.

El rayo púrpura rasgó la dimensión interna misma.

La estructura de la cueva tembló… y rió.

Como si disfrutara del espectáculo.

— [Auradon – Patio de Entrenamiento] Mientras tanto, Peter Parker estaba entrenando con Jay mientras Evie los observaba.

Aunque Jay demostraba su destreza física con agilidad innata, era evidente que Peter tenía una constitución física superior.

Evie, con su usual coquetería, se le acercó entre risas.

—Cuando nos salvaste en la Isla… te veías como un caballero de armadura blanca.

Tan valiente, tan confiado.

—¿De verdad crees eso?

—dijo Peter, sonrojándose levemente.

—Claro que sí —respondió Evie, bajando la voz y pasando su mano por su pecho—.

Fue muy sexy.

[Flashback – Isla de los Perdidos] Una horda de demonios oscuros avanzaba hacia Dizzy, Evie y Jay, rodeándolos junto con el resto de sus amigos que se encontraban solo a unos pasos de distancia de ellos.

Entonces, una tela blanca bajó del cielo… y Peter descendió girando, lanzando telarañas.

Cada movimiento era preciso.

—¡Quédense atrás de mí!

El joven Spider se interpuso entre ellos y las criaturas, desatando una danza de ataques y esquivando con agilidad inhumana.

—MAD GEL, FAKE Sonó en el venomix shooter mientras varias ráfagas de energía venenosa acababan con varios demonios menores.

De repente una gran esfera de energía demoníaca cayó desde arriba… y Peter la cortó con su KumonoSlayer junto con el demonio que la lanzó.

—FINISHER!, DANCING KING.

Evie lo vio bajo la luz de la luna, con el reflejo de la luna en su traje… y no pudo evitar suspirar.

[Fin del Flashback] Peter un poco incómodo no rechazó la cercanía de Evie.

Solo desvió la mirada con una sonrisa tímida.

— [Cueva de las Maravillas – Tiempo Interior: Día 18 de entrenamiento] Sholan flotaba en meditación mientras la energía celeste lo rodeaba.

Sus brazos estaban marcados con runas brillantes que Cortana había sintetizado desde la Librería del Camino del Cielo.

Su voz salió firme: —Expansión de Dominio: Vacío Infinito.

El entorno se distorsionó y se volvió un campo de conocimiento puro.

Miles de líneas de información surgieron del aire, explotando con patrones y lógica multiversal.

En un instante, Sholan apareció al otro lado del dominio con un destello.

—Flecha Celestial.

Un disparo de energía concentrada atravesó la nada, perforando al objetivo simulado con fuerza total.

—Puerta del Destino.

Un portal se abrió a sus espaldas.

A él eran absorbidos objetos antes de desaparecer —Atmósfera Celestial.

Toda la cueva se iluminó con luz multicolor.

Su aura estalló, una mezcla perfecta entre poder, disciplina y determinación.

— [Auradon – Residencia de las chicas] Esa noche, las chicas de la Isla, junto con Jane y otras jóvenes de Auradon, se habían reunido en la habitación de Evie.

Cojines amontonados, colchones en el suelo, luces cálidas colgando como luciérnagas, y bandejas con dulces decoraban el ambiente.

Era un refugio improvisado, una burbuja en medio del caos.

Por primera vez, no había bandos.

No heroínas.

No villanas.

Solo chicas… intentando sanar.

—¡Vamos, Wanda!

—dijo Evie emocionada, abrazando una almohada como si fuera un peluche—.

¡Queremos saber todo sobre tu relación con Sholan!

Wanda, en su pijama carmesí con detalles plateados, soltó una risa suave mientras sostenía su taza humeante de chocolate caliente.

—¿Todo?

—¡Sííí!

—gritaron todas, entre risas y miradas cómplices.

La joven bruja se acomodó sobre una manta, cruzando las piernas.

Su cabello suelto brillaba bajo la luz cálida.

—Bueno… —empezó, con una sonrisa que mezclaba ternura y orgullo—.

Nos conocemos desde niños.

Siempre fue mi compañero, incluso antes de que entendiéramos lo que sentíamos.

Lo he amado desde siempre.

Nunca me sentí sola mientras él estuviera cerca.

Se detuvo un segundo, pensativa.

—Estamos casados… y tenemos seis hijas.

Cada una única, fuerte, especial… todas con algo de él.

Jane se llevó las manos al rostro.

—¡Eso es tan romántico!

¡Seis hijas!

—¿Y cómo es él cuando pelea?

—preguntó Lonnie con los ojos brillando de interés.

Wanda bajó la mirada a su taza, y luego alzó los ojos, con una expresión solemne.

—Es como una tormenta…

pero no una que arrasa por rabia.

Es poder… con propósito.

Nunca pierde el control, aunque podría.

Cada golpe suyo es una promesa de proteger, no de destruir.

Hizo una pausa.

—Cuando pelea, lo hace por amor.

Aunque él diga que lo hace por deber, por proteger el equilibrio… yo sé que lo hace por las personas.

Por los que sufren.

Por los que fueron ignorados.

Por todos.

Jade se abrazó a una almohada, pensativa.

—Cuando él nos rescató de los escombros, pensé que era un sueño.

Me acuerdo de estar atrapada bajo parte de un muro cuando buscaba a mi primo Jay… y de pronto, todo se iluminó.

Él me levantó como si no pesara nada, y me miró con una calma que me hizo sentir segura.

Por primera vez… me sentí valiosa.

Hazel, con los ojos fijos en el techo, murmuró: —Yo estaba en un callejón… toda la Isla estaba en ruinas.

Me había rendido.

Había tanto humo, tanto caos… pero él apareció, me cubrió con una manta y me dijo que ya estaba a salvo.

No prometió venganza.

Solo… me sostuvo.

Fue la primera vez que alguien me abrazó así.

Harriet Garfio asintió.

—Me acuerdo que cuando me encontró, yo estaba cubriendo a mi mejor amiga Claudine Frollo.

Había fuego por todas partes.

Él creó un escudo con su energía, envolviéndonos, y nos sacó volando entre los derrumbes.

Me miró… y sin decir nada, supe que había alguien que de verdad se preocupaba.

Freddy, visiblemente más seria, apretó los labios antes de hablar.

—Estaba sola.

Todo había colapsado.

Pensé que iba a morir ahí mismo.

Pero él… llegó.

A tiempo.

Como si supiera dónde estaba.

Me cargó y, mientras volábamos por encima del desastre, me dijo que no tenía que volver a estar sola nunca más.

Nunca nadie me había dicho eso… y que lo creyera.

CJ Garfio cruzó los brazos, como protegiéndose.

—Yo no creía en héroes.

Pero cuando me sacó de entre esos pilares caídos… y me curó la pierna… no dijo “te lo dije”.

Solo… me sonrió.

No necesitó palabras.

Lo hizo porque quiso, no porque yo lo mereciera.

Desde entonces, no he dejado de pensar en eso.

Jordan, con una mirada brillante, añadió: —Yo llegué justo cuando él estaba ayudando a los más pequeños.

Vi cómo los envolvía con su poder, los levantaba, los calmaba.

No era solo su fuerza… era su alma.

Es como si pudiera ver el corazón de cada uno de nosotros.

Wanda sonrió con una mezcla de nostalgia y respeto.

—Él no lo dice, pero lo siente todo.

No llora fácilmente… pero cuando los salvaba, yo vi su rostro.

Y créanme… lo sentía.

No como alguien que cumple una misión, sino como alguien que entiende el dolor y lo carga con ustedes.

Aunque no lo admita.

Audrey, que había estado en silencio, asintió.

—Y eso… eso es lo que lo hace especial.

Podría imponer miedo.

Podría gobernar.

Pero en lugar de eso… simplemente está ahí.

Y cuando está, el miedo se va.

Mal bajó la cabeza.

Sus manos temblaban.

—Mis padres… murieron.

Oscuramente.

Cruelmente.

Me dijeron toda mi vida que debía ser como ellos.

Que la compasión era debilidad.

Pero cuando me encontré entre escombros, herida, sucia… él se arrodilló ante mí.

No me juzgó.

No me reprochó.

Solo me dijo: “Estás a salvo ahora.” La voz se le quebró.

—Fue ahí… que supe que no quería volver a ese lugar.

No quería ser como ellos.

No quería seguir cargando esa oscuridad sola.

Evie comenzó a llorar.

CJ bajó la cabeza, tapándose el rostro.

Celia mordió sus labios con fuerza.

Uma cerró los ojos, dejando que las lágrimas cayeran mientras apretaba los puños con rabia contenida, su voz temblaba de impotencia: —Blackheart… apareció de la nada.

Como un huracán.

No tuvimos tiempo de pensar, de entender.

Solo… nos arrasó.

Freddy bajó la cabeza, abrazándose a sí misma.

—Jugó con nuestras heridas, con lo que más dolía.

Nos torció por dentro.

Y lo peor… es que por un momento creímos que eso era normal.

Que eso… era lo que nos correspondía por ser hijos de villanos.

Mal estaba temblando.

Audrey se acercó y la abrazó sin dudar.

Jane abrazó a Evie con fuerza.

Lonnie tomó las manos de Uma.

Ally se sentó junto a Celia, mientras Dizzy, sin pedir permiso, se lanzó a abrazar a Hazel y Freddy.

Jordan extendió una manta y envolvió a CJ sin decir nada.

No hubo discursos.

No fue necesario.

La unión estaba ocurriendo.

Entre lágrimas, consuelo, abrazos silenciosos y manos entrelazadas.

Wanda se acercó, con sus ojos brillando no de tristeza, sino de comprensión.

Se arrodilló ante Mal y acarició su mejilla.

—El dolor no desaparece, pero se transforma —dijo en voz baja—.

Y tú, Mal… ya estás transformando el tuyo en algo que los demás necesitan.

Eso… eso es heroico.

Mal asintió, mordiéndose los labios.

Y luego, la abrazó.

Fuerte.

De verdad.

Esa noche, en medio del humo del pasado, las ruinas de la Isla y los escombros de sus corazones… las chicas construyeron algo nuevo.

No magia.

No alianzas políticas.

Una familia.

Una que no se forma con sangre ni linaje… sino con empatía, con elección, con amor.

Y aunque Sholan no estaba allí físicamente, cada una de ellas lo sentía presente.

Porque cuando alguien te ve… y te salva sin pedir nada a cambio… esa huella no se borra.

Jamás.

— [Auradon – Residencia de los chicos] En otro lado del campus, Jay, Carlos, y Peter estaban sentados en el suelo, mirando el techo con aburrimiento.

—Las chicas tienen una pijamada mágica, dulces, chismes, y nosotros aquí…

—se quejó Jay.

—¿Y qué hacemos nosotros?

¿Entrenar hasta sangrar?

—refunfuñó Carlos.

Peter se rió y se encogió de hombros.

—No se preocupen.

Sholan lo logrará.

Los chicos lo miraron, expectantes.

—He visto cómo ha detenido dos guerras apocalípticas por sí solo.

—¿Qué pasó ahí?

—preguntó Jay.

—Estábamos rodeados de villanos, el cielo literalmente estaba ardiendo.

Pero Sholan llegó… y todo cambió.

Fue como ver al orden entre el caos.

— [Cueva de las Maravillas – Tiempo Interior: Día 22 de entrenamiento] Un zumbido constante resonaba en el centro de la Cueva.

Sholan, bañado en sudor, jadeaba mientras su cuerpo brillaba con energía acumulada.

Su pelo ondeaba con cada ráfaga de poder celestial.

Pero no se detenía.

Sabía que no bastaba con ser fuerte.

Debía ser invencible.

Y aún le quedaba tiempo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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