Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 332

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC
  4. Capítulo 332 - 332 El Final de las Almas
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

332: El Final de las Almas 332: El Final de las Almas El día en Auradon se quebró como vidrio bajo presión.

Sin previo aviso, sin ruidos místicos ni portales dimensionales… llegaron.

Demonios.

Como una plaga de langostas cayendo del cielo, descendieron a velocidad imposible, cubriendo el horizonte en cuestión de segundos.

Alas membranosas, cuerpos deformes por el odio, múltiples ojos brillando con ansias de sangre.

Cada uno portaba una esencia negra, pura, corrosiva.

No eran meros monstruos… eran las herramientas de cosecha de Blackheart.

El caos se desató.

Guardias gritaron al ser alcanzados.

Algunos fueron arrancados del suelo y despedazados en el aire, otros empalados por colas afiladas o desgarrados por garras como guadañas.

Las defensas de Auradon no estaban preparadas para algo tan salvaje.

Las armas encantadas resistían por segundos, hasta que eran quebradas por pura brutalidad.

Wanda, con su armadura de Twilight Majade, barría demonios como si fueran espigas secas.

Cada tajo de su guadaña de caos armónico dejaba un surco de energía púrpura que desintegraba enemigos al contacto.

Peter, en su forma de Spider Kumonos, se movía entre enemigos con sus telarañas, colgando demonios de árboles y faroles antes de rematarlos con explosiones del Venomix Shooter.

Su red era un campo de ejecución, cada nudo un punto de muerte.

Pero aun así, eran demasiados.

Los chicos —Evie, Mal, Jay y Carlos— estaban siendo rodeados.

Jay se había cubierto el brazo con una armadura rota.

Carlos respiraba agitado, retrocediendo con un cuchillo tembloroso.

Evie usaba una vara caída como arma.

Mal invocaba fuego, pero se consumía tan rápido como lo creaba.

—¡No puedo más!

—gritó Mal entre lágrimas—.

¡Nos están matando!

—¡No somos soldados!

—añadió Evie, cayendo de rodillas.

—¡No queremos solo sobrevivir!

—gritó Jay—.

¡Queremos luchar también!

Wanda y Peter los protegían, cubriéndolos como dos columnas inamovibles.

Cada demonio que se acercaba era triturado, incinerado o partido, pero el agotamiento empezaba a pesar.

Hasta que… las sombras cambiaron de tono.

Una brisa negra cruzó el campo.

Y del centro del jardín principal de la escuela, cuatro figuras surgieron, envueltas en oscuridad…

pero no hostiles.

Eran unas sombras obedientes, poderosas… familiares.

—Beru descendió como una avispa infernal, clavando sus garras en la garganta de un demonio alado.

—Iron embistió como una muralla, aplastando dos bestias con su hacha sin esfuerzo y con su habilidad haciendo que los demonios se concentraran en atacarlo.

—Tusk conjuró fuego negro y escarcha púrpura, convirtiendo enemigos en cristales rotos.

—Igris, veloz como un latido, apareció detrás de los descendientes y en un solo tajo decapitó tres enemigos.

—“Por orden del Maestro Sholan…” —dijo Igris con voz hueca— “…la caza comienza.” La marea cambió.

El suelo tembló ante cada golpe de Iron.

Las llamas de Tusk alzaban columnas abrasadoras.

Los descendientes vieron, por primera vez, lo que significaba tener a Sholan como aliado.

Monstruosidades antes imparables eran ahora solo presas.

Y, cuando el último demonio fue reducido a cenizas, La Hada Madrina alzó su varita una vez más, conjurando un hechizo de observación global que cubrió el cielo.

A través de una pantalla de luz flotante, todos en Auradon podían ver en tiempo real lo que sucedia en la Isla de los Perdidos.

— [00:07:20] El combate era brutal.

Sholan, con su dogi azul hecho jirones nuevamente, empuñaba el Nyoibō, encogido como báculo de precisión.

Blackheart rugía con furia, blandiendo una espada negra envuelta en energía carmesí.

Pero entonces… algo le hizo detenerse.

—…Esa espada… —murmuró, ojos brillando con la visión de sus Ojos del Infinito—.

No es solo energía oscura… es un receptáculo.

Sholan fijó su mirada en la hoja y comprendió.

“Gehenna’s Fang” no era una simple arma maldita.

Era una segadora de almas.

Estaba almacenando energía vital, acumulando poder desde que Blackheart llegó a este mundo.

Y lo peor…cada vez que la usa, el tiempo se acorta.

Sholan desvió la mirada hacia el cielo.

El cronómetro omniversal seguía bajando.

En ese momento se dio cuenta que no era solo una cuenta regresiva… Era un contador de cosecha.

Mientras más se usaba la espada, más cerca estaban de la catástrofe.

—¡NO MÁS!

—rugió, expandiendo su Ki.

La atmósfera rugió con él.

Nyoibō se alargó, cubierto en luz dorada.

Blackheart intentó atacar, pero Sholan giró, esquivó el tajo y golpeó directamente la empuñadura de la espada.

Se escuchó un eco dimensional, y entonces con un último tajo, canalizó a través del Nyoibō su Ki, su Haki del emperador y el poder alquímico potenciado por la habilidad de Decay obtenida de Tomura.

La espada colapsó sobre sí misma, explotando en un estallido negro que levantó una nube de ceniza sobrenatural.

Blackheart gritó.

El alma misma del arma lo había lastimado desde dentro.

Pero… —¿Qué…?

—Sholan miró a la ventana de emergencia.

El cronómetro seguía bajando.

[00:03:18] Un silencio antinatural se apoderó del campo de batalla… hasta que una risa rasposa, gutural y burlona, emergió de entre el polvo y las ruinas.

—¿Y qué si rompió la espada…?

—la voz de Blackheart resonaba como una carcajada en el corazón mismo del infierno—.

¡¿De verdad pensó que eso bastaría?!

Desde entre los escombros, su figura se levantó lentamente.

Su cuerpo estaba destrozado: media cara calcinada, su pecho abierto por energía pura… pero, aun así, su carne se regeneraba a un ritmo antinatural, con chasquidos húmedos, músculos latiendo, huesos reacomodándose con un sonido repulsivo.

No importaba qué le hicieran.

No importaba cuánto Sholan lo destruyera.

Él se rehacía.

Más fuerte.

Más retorcido.

Y mientras su cuerpo se recomponía, él reía.

Una risa hueca, sarcástica, cruel.

—No era solo la espada… —susurró con voz áspera, como si cada palabra arrancara una maldición.

Hizo una pausa, dejando que el horror se asentara… y entonces sonrió.

—…Soy yo.

Yo soy el catalizador.

La espada fue solo el dedo que apretó el gatillo… pero el arma soy yo.

Y el disparo… ya fue hecho.

Del suelo emergieron raíces de sombra, girando como tentáculos, extendiéndose como si el planeta mismo comenzara a suplicar.

El aire temblaba.

Las almas lo sentían.

—Desde el instante en que percibí su presencia… —escupió con un odio que ardía como fuego negro—, supe que este mundo me serviría.

Que lo convertiría en mi cosecha.

Abrió los brazos con teatralidad cruel, mientras las heridas seguían sanando y su poder aumentaba.

—Liberé la habilidad final de la espada.

Una que solo puede usarse una vez… cada míseros cien años.

Una única activación.

Una segadora de almas total.

Todas las almas del planeta, arrancadas en un solo latido.

Miró con burla hacia Auradon sabiendo que lo observaban.

Ya no se molestaba en siquiera fingir.

Estaba disfrutando cada segundo.

—¿Querían esperanza?

¿Un milagro?

¿Un héroe?

—bufó—.

¡Nadie puede salvarlos!

Pueden seguir gritando, resistiendo, derramando lágrimas… Pero la verdad es simple.

Se señaló a sí mismo.

—Mientras yo exista… mientras siquiera un fragmento de mi esencia maldita flote en este plano… Volveré.

Y la segadora de almas total se activará.

Su sonrisa se ensanchó, casi infantil, pero grotesca.

—¿Saben qué es lo más hermoso de esto?

Que yo no necesito ganar esta pelea.

Solo necesito que el tiempo siga avanzando.

Porque la cosecha ya comenzó.

Sus ojos brillaban con una luz cruel, inclemente.

—Y tú, maldito mono… —gruñó con voz grave y venenosa—.

Puedes golpearme, puedes gritar, puedes ser el héroe perfecto… Se inclinó hacia el frente, con una sonrisa que destilaba veneno puro.

—Pero al final… solo vas a ver cómo los que intentaste proteger caen.

Uno por uno.

Mientras se arranca de tu cuerpo tu patética alma… sin poder hacer nada.

Sholan apretó los dientes.

Ya no había tiempo para contenerse.

Sus ojos ardieron.

Su Ki estalló.

La tierra tembló.

El Nyoibō brilló en dorado.

Y entonces… —¡HAAAAAAAAAAAAA!!!

Un estallido dorado, un pilar de luz.

Una explosión de poder que se vio incluso desde el castillo de Auradon.

Los descendientes, los guerreros sombra, la Hada Madrina, Wanda, Peter, todos alzaron la mirada al sentirlo.

—¡Es él!

—gritó Mal.

El Ki de Sholan se elevó como un sol, sus cabellos se tiñeron de oro puro.

Sus ojos verdes brillaban con decisión inquebrantable.

Super Saiyan.

Sholan ahora relucía como un guerrero de mito.

Un pilar de voluntad, nacido para salvar.

Se ajustó el Nyoibō bajo el brazo, apuntó a Blackheart, y declaró con voz resonante: —Esta dimensión ya no tiene lugar para ti.

Prepárate.

[00:02:45]

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo