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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 335

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  4. Capítulo 335 - 335 El Juicio de los Reyes
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335: El Juicio de los Reyes 335: El Juicio de los Reyes La devastación aún flotaba en el aire.

La Isla de los Perdidos había desaparecido del mapa, sustituida por una herida oscura en el océano.

El cielo, aún perturbado por los ecos de Shōmetsu, se tornaba lentamente a su azul original.

Pero lejos de esa cicatriz, en los amplios jardines del instituto Auradon, los ojos de todos estaban fijos en el cielo, donde un resplandor de luz dorada apareció por un instante…

y Sholan descendió entre ellos.

Cayó de pie.

Sus ropas estaban rasgadas, su cabello alborotado y su Ki fluctuaba como una llama a punto de apagarse.

Dio dos pasos tambaleantes… y se desplomó.

—¡Sholan!

—gritó Wanda corriendo hacia él.

Lo atrapó justo antes de que golpeara el suelo, sus brazos envolviéndolo con fuerza.

La energía de su cuerpo era mínima… pero estaba vivo.

—Shhh… estás conmigo… —murmuró Wanda, abrazándolo.

Horas después, en una recámara del castillo, Sholan abrió lentamente los ojos.

—¿Dónde…?

—susurró con voz débil.

Wanda lo abrazó con alivio, apoyando su frente contra la suya.

—Estás en Auradon.

Peter, Evie, Jay, Carlos y Mal estaban cerca, observándolo con preocupación.

—¿Qué fue eso, Sholan?

—preguntó Mal, con la voz temblorosa—.

Nunca vi un poder así.

Sholan respiró hondo antes de responder.

—Esa técnica… Shōmetsu… no solo consume mi energía.

Devora mi estamina.

Usarla una segunda vez en el mismo día podría matarme.

—Solo puedo invocarla una vez por ciclo de 24 horas… y solo si estoy en plena forma.

—cerró los ojos un momento—.

Es la espada definitiva.

Pero su precio… es tan absoluto como su poder.

Todos guardaron silencio.

Incluso Cortana bajó la cabeza con solemnidad.

—Entonces… sobreviviste.

—dijo Peter aliviado—.

Por un momento pensé que ibas a desaparecer junto con esa isla.

Sholan asintió con una mueca.

—Yo también.

— En la Sala del Consejo de Auradon el ambiente era tenso.

El Rey Bestia estaba en pie, con rostro severo.

A su lado, la Reina Bella cruzaba los brazos.

A la derecha, la Hada Madrina miraba en silencio.

Al fondo, representantes de otros reinos —ministros, reyes, duques y generales— discutían acaloradamente.

—¡Esto fue un desastre!

—rugió un rey del norte—.

¡Debemos reubicar a los hijos de los villanos en otra isla aislada, más segura!

—¿Y qué tal mantenerlos vigilados aquí?

—preguntó una ministra—.

Con controles mágicos, por supuesto.

—¿Aquí?

¡¿Entre nuestros hijos?!

¡Imposible!

—¡No podemos permitirlo!

¡No después de lo que pasó!

La Hada Madrina trató de intervenir.

—Por favor… escuchen.

Todos vimos lo que ocurrió.

Blackheart fue derrotado gracias a Sholan, y los hijos de los villanos también lucharon… —¡Pero no cambia lo que son!

¡Son herencia de la oscuridad!

La puerta se abrió de golpe.

Todos callaron.

Sholan entró.

Aún estaba agotado, pero su mirada ardía con el mismo fuego de siempre.

Caminó lentamente al centro de la sala.

—…Hipócritas.

La palabra fue un susurro.

Pero se sintió como una sentencia.

—Escuché lo que estaban discutiendo.

Ustedes… castigan a los hijos de los villanos por los pecados de sus padres.

¿Y sus propios hijos qué?

¿Han mirado lo que están criando?

Engreídos, arrogantes, crueles.

Los he visto: tienen todo… y no respetan nada.

Si alguien merece estar encerrado, son varios de los jóvenes de Auradon, no de la isla.

Un murmullo incómodo recorrió la sala.

Uno de los miembros del consejo, un hombre grueso con cara de noble arrogante se puso de pie.

—¡¿Cómo te atreves?!

¡Nosotros somos la autoridad de este mundo!

¡Y tú no eres nada más que un—!

¡SLAP!

La bofetada de Sholan fue tan rápida como inesperada.

El hombre cayó al suelo con la mejilla roja y el labio roto sangrando.

—¿Cómo te atreves?

—dijo el hombre sin levantar la voz.

El hombre trató de reincorporarse.

¡SLAP!

Volvió a caer.

¡SLAP!

Un silencio sepulcral llenó la sala.

Algunos ministros estaban pálidos.

Otros, sudaban.

—¿Alguien más quiere seguir hablando estupideces?

—preguntó Sholan con calma escalofriante—.

Porque si siguen insistiendo… haré lo mismo que hice con la Isla de los Perdidos en sus reinos.

Muchos tragaron saliva.

Otros bajaron la mirada.

Sholan se giró y salió de la sala sin decir más.

— En las ruinas del puerto Sholan se detuvo frente a los hijos de los villanos, que lo miraban con ansiedad e incertidumbre.

Mal, Evie, Carlos, Jay… y decenas de chicos más.

—Escuchen bien —dijo—.

Aquí… ya no hay nada para ustedes.

Solo rechazo, prejuicio y miedo.

Pero si vienen conmigo, les prometo algo que nunca han tenido: Un hogar.

Un verdadero futuro.

Los chicos se miraron entre sí, con lágrimas en los ojos.

Uno a uno, asintieron.

Sholan sacó una carta maestra.

Un poder activado por su aura envolvió a todos los hijos de los villanos presentes, excepto a Mal, Evie, Jay y Carlos.

—¿Eh?

¿Por qué nosotros no?

—preguntó Mal confundida.

—Porque ustedes… son llaves.

Vínculos con los fragmentos del corazón del mundo.

El sistema no puede tocarlos.

Todos los demás fueron transformados en cartas selladas con un suave brillo azul, listas para ser liberadas en su nuevo hogar.

— Sholan con ayuda de Cortana abrió un portal que los llevaría de regreso a casa.

Jane lo abrazó con fuerza, entre lágrimas.

El Hada Madrina le ofreció una última reverencia de respeto.

Bella besó su mejilla con gratitud y Bestia no dijo nada solo estrechó su mano.

En ese corto instante y sin que ellos dos se dieran cuenta un fulgor dorado los cubrió por un instante —Adiós a todos.

—murmuró Wanda, tomando a Sholan de su mano.

Mal, Carlos y Jay cruzaron el portal con temor, pero también con emoción por un nuevo comienzo.

Evie, sonriendo, cruzó el portal colgada del brazo de Peter, riendo como si, por fin, fuera libre.

—– Cuando se fueron y el portal se cerró, el Rey Bestia habló por fin.

—¿Quién es realmente ese joven?

El Hada Madrina bajó la cabeza y respondió con calma.

—Según textos antiguos, decodificados por el mago Yen Sid… existe un ser que aparece cuando el equilibrio de todo lo que existe es alterado.

Un guardián que actúa cuando nadie más puede hacerlo.

Bella palideció.

—¿Quieres decir que Sholan…?

—Es ese ser.

Y todo lo que ha hecho, por duro o radical que parezca… siempre ha sido para restablecer el equilibrio.

Bestia tragó saliva.

—¿Y dices que el equilibrio estaba roto?

La Hada Madrina lo miró con seriedad.

—Sí.

Para los ciudadanos de Auradon, todo era armonía.

Pero en la Isla de los Perdidos, los hijos de los villanos sufrían… sin haber cometido pecado alguno.

Castigados por quienes eran sus padres.

Un castigo sin juicio.

Sin esperanza.

Sin justicia.

Las palabras de la Hada Madrina aún flotaban como cuchillas de verdad en el aire: —Y eso… —continuó ella— es lo que los convierte a ustedes… en tiranos con corona.

Han criado descendientes con derechos, pero sin responsabilidad.

Y están dispuestos a sacrificar la libertad y dignidad de los inocentes por mantener una paz artificial.

Una paz basada en la sangre de inocentes.

Un silencio denso cubrió la sala.

Las palabras resonaron como una condena.

Muchos bajaron la cabeza.

Otros se alejaron, sin poder sostener la mirada.

La imagen que tenían de sí mismos… se había roto.

Sholan les había enseñado la verdad.

Y sin embargo, aún quedaba algo más.

La Hada Madrina se giró hacia Bella y Bestia, que habían estado envueltos en la luz dorada que Sholan les había proyectado solo unos minutos antes.

Aún brillaban tenuemente, como si la esencia de algo sagrado los envolviera.

Ella alzó su varita.

La magia azulada danzó en el aire.

Sus ojos brillaban con concentración mientras examinaba el fulgor que los rodeaba.

—Esto es… extraordinario —murmuró—.

Este fulgor dorado que Sholan usó fue una restauración del desequilibrio que ambos llevaban dentro.

Bella se quedó inmóvil.

Su respiración se cortó.

—¿Qué…?

—preguntó con un hilo de voz.

La varita brilló intensamente al acercarse a su vientre.

Un resplandor suave, cálido, rodeó su abdomen.

La Hada Madrina sonrió.

Y por un segundo, hasta su voz pareció romperse.

—Estás embarazada, Bella.

Sholan les ha devuelto aquello que creían perdido para siempre.

El silencio fue reemplazado por un sollozo.

Bella se llevó ambas manos a la boca mientras las lágrimas brotaban de sus ojos.

Bestia cayó de rodillas, temblando, con el rostro descompuesto por la emoción.

Él también lloraba.

Sin vergüenza.

Como un hombre que, después de todo lo que había perdido… acababa de recuperar su mayor esperanza.

Bella cayó sobre él, abrazándolo con fuerza, y ambos se fundieron en un llanto de felicidad que conmovió a todos los presentes.

La Hada Madrina los miró con dulzura, y por un instante, la solemnidad que siempre la caracterizaba desapareció.

Allí no había protocolos, ni realeza, ni títulos.

Solo un milagro.

Solo gratitud.

—Gracias, Sholan —susurró Bella entre lágrimas—.

Gracias por darnos… una familia.

— [Plano: Dimensión Infernal – Trono de los Condenados, Fortaleza de Mephisto] El ambiente está en constante combustión: cenizas flotan como nieve ardiente, los pilares están formados de almas retorcidas y el aire hierve con odio antiguo.

En el centro, sobre un trono hecho de cráneos encadenados por fuego negro, Mephisto observa el vacío, pensativo… como un dios esperando que el tablero se mueva.

Una grieta oscura corta el aire.

Dark Wanda aparece entre la niebla púrpura, envuelta en un manto rasgado de sombra y rabia.

Camina sin temor, sin palabras, hasta detenerse frente a él.

Y se arrodilla.

—Mi señor Mephisto… Mephisto la contempla en silencio durante un largo segundo.

Luego se reclina en su trono, sonriendo como si acabara de domesticar a una bestia salvaje.

—Ah… mi muñeca rota.

Volviste arrastrándote desde el vacío donde fuiste arrojada.

Qué espectáculo tan… patético.

Wanda aprieta los dientes, pero no responde.

—¿Sabes qué pasó después de que la Anomalía te expulsó de la dimensión?

—continúa él con tono venenoso—.

Ese tal Sholan acabó con Blackheart… apareció como una grieta en la lógica misma.

No pertenece a este mundo, ni a ningún otro.

Se inclina hacia ella.

—Y por eso… lo quiero fuera del juego.

—¿Qué haremos con los cuatro?

—pregunta Dark Wanda, aún de rodillas.

—Los hijos de los villanos… Mal, Carlos, Jay, Evie.

—Ellos tienen la llave.

Son el código vivo del Reino.

Su herencia es más que sangre: son fragmentos del Núcleo.

Y yo lo necesito todo.

Mephisto se levanta.

Su capa ondea como humo fundido.

—Voy a cazarlos, uno a uno.

No importa dónde se escondan.

No importa cuántas veces Sholan los proteja.

No voy a detenerme… hasta que esa puerta sea mía.

Wanda finalmente levanta la mirada.

—¿Y cuando tengas lo que deseas…?

Él sonríe… esa sonrisa que puede romper galaxias.

—Entonces, te daré lo que prometí.

Volverás a tener a tus hijos para siempre.

Por ahora confórmate con esto.

Mephisto hace aparecer a unos adolescentes Billy y Tommy que la llaman mamá, pero actúan como autómatas sin voluntad.

Ella se pone de pie y con alegría los toma de las manos y se gira con ellos para marcharse.

—Gracias, mi señor —dice con voz neutra—.

Cumpliré con mi papel.

Pero mientras se aleja, con la espalda expuesta… Mephisto ladea la cabeza y deja escapar una risa lenta, agrietada y cruel.

Una carcajada que carcome la esperanza.

—Pobre muñeca rota… Su voz se desliza como una maldición por las paredes infernales.

—¿De verdad crees que vas a tener algo?

Eres solo un títere útil… un cristal quebrado al que le queda un último destello antes de romperse del todo.

El trono vuelve a alzarse entre los gritos de las almas condenadas.

—Y cuando ya no me sirvas… te aplastaré con los restos de tu propio vacío.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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