Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 337
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- Capítulo 337 - 337 Nuevos Miembros de la Familia
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337: Nuevos Miembros de la Familia 337: Nuevos Miembros de la Familia La sala principal de la mansión estaba bañada por la luz cálida del atardecer cuando Sholan se volvió hacia todos los presentes.
A su lado, Mal, Evie, Carlos y Jay observaban en silencio, aun procesando que ese lugar increíblemente grande, lleno de tecnología y calidez, sería su nuevo hogar.
—Familia —anunció Sholan, con la voz serena pero firme—.
Quiero presentarles a los nuevos integrantes de nuestra familia: Mal, Evie, Carlos y Jay.
Tony levantó una ceja con una sonrisa en los labios.
—¿Tenemos nuevos adolescentes problemáticos?
Encantado.
Steve les dio un apretón de manos a cada uno con amabilidad.
—Bienvenidos.
Ya verán que aquí pueden encontrar su lugar.
—Pórtense bien, chicos —agregó Pepper mientras pasaba junto a ellos, una mano descansando sobre su vientre de madre casi a punto de dar a luz—.
Aquí todos somos algo extraños… pero nos cuidamos entre nosotros.
—Sean libres, pero recuerden tener responsabilidades —dijo Peggy con dulzura maternal.
Luego miró a Wanda—.
Y tú… descansa mientras puedas.
Estas niñas te van a volver loca.
Wanda rió.
Después de unas despedidas rápidas, los cuatro adultos se marcharon.
Los padres de Wanda, Oleg e Irina, también se despidieron con afecto, sabiendo que su hija y su familia estaban en buenas manos.
En cuanto la puerta se cerró, las cinco pequeñas Saiyans rodearon a los recién llegados como una mini tropa de interrogadoras adorables.
—¡¿Cómo se llaman?!
—preguntó Esme saltando frente a Carlos.
—¿Tú sabes pelear?
—cuestionó Irma a Jay, mirándolo con ojos brillantes.
—¡Tu cabello es increíble!
—dijo Sophie a Mal mientras tiraba suavemente de uno de sus mechones trenzados.
—Evie, ¡te ves como una muñeca!
—declaró Celeste con una sonrisa deslumbrante—.
¡Quiero una como tú!
Phoebe, la más tímida, solo se aferró a Wanda y observó a los cuatro con ojos curiosos.
Mal y Carlos estaban sin palabras, tratando de seguir tantas preguntas a la vez.
Jay se inclinó con una sonrisa para responderlas todas, mientras Evie, algo sonrojada, acariciaba su cabello con timidez.
—¡Niñas, calma!
—dijo Wanda con una pequeña risa, aunque sin detenerlas del todo.
Sholan entonces los presentó a Bucky y Cammy, quienes se acercaron con una sonrisa acogedora.
—Nos alegra tenerlos aquí —dijo Cammy con calidez—.
Cualquier cosa que necesiten, pueden contar con nosotros.
—Y si alguien intenta hacerles daño —añadió Bucky con su típica mirada intensa—, ya saben quién tienen de su lado.
Las niñas procedieron a contar con su inocencia habitual lo que pasó cuando la tropa de Ross los atacó —¡Yo usé mi henshin y brillaba morado!
—dijo Sophie de pronto.
—¡Y yo salí corriendo y pateé al malo!
—dijo Esme.
—¡Yo hice así y brilló una luna en mi pecho!
—Celeste alzó los brazos imitando su transformación.
Los chicos estaban maravillados viendo cómo las pequeñas contaban su experiencia de combate con tal emoción y orgullo.
Mal se cruzó de brazos y murmuró: —¿Y luego dicen que nosotros éramos los problemáticos… En ese instante, una sombra redonda, azul y peluda cayó desde el segundo piso haciendo una voltereta.
—¡Alohaaaaa!
—¿¡Qué…!?
—jadeó Mal.
—¡Ay por favor!
—suspiró Evie con una sonrisa boba mientras corría a abrazar a Stitch—.
¡Eres la cosita más linda, tierna y esponjosa que he visto!
Stitch se dejó levantar con alegría, haciendo ruiditos suaves mientras Evie lo apretaba contra su pecho como si fuera una almohada viviente.
—Me… quedo… contigo… —susurró con voz soñadora.
Mal se acercó y lo acarició también, fascinada.
—Vale, lo admito… esto es mejor que cualquier dragón.
Poco después, Peter se acercó a Sholan, algo nervioso.
—Prometí a mis tíos que solo estaría un día… así que… debo volver.
—Claro —dijo Sholan, estrechando su mano con una sonrisa sincera—.
Gracias por acompañarnos, Peter.
Evie lo miró, caminó lentamente hacia él… y le dio un suave beso en la mejilla.
—Fue lindo pelear contigo, arañita —dijo con una media sonrisa.
Peter quedó completamente ruborizado, incapaz de emitir sonido alguno.
—N-Nos vemos… Y se fue, entre risas suaves de Mal y Jay.
—Y ahora… —anunció Sholan con voz más seria—.
Es hora de conocer la casa que usarán como hogar por ahora.
Los llevó a través del jardín, hasta llegar a la mansión de la piscina.
A simple vista parecía una villa de lujo, pero por dentro… era algo sacado de un sueño.
Pisos de mármol blanco, luces inteligentes que respondían a la voz, habitaciones grandes decoradas con tonos cálidos, camas suaves, ventanas inmensas, y un comedor enorme que daba a una piscina iluminada desde abajo.
—Tómense su tiempo.
Instálense.
En un par de horas, cenamos todos juntos —dijo Sholan antes de dejarlos solos.
Cuando cerró la puerta, el silencio se apoderó del lugar.
Los cuatro se miraron.
Carlos caminó hasta el ventanal y miró hacia el jardín.
—Esto es… otra vida.
Jay se dejó caer en uno de los sillones con los brazos abiertos.
—No sé ustedes, pero ya me enamoré de esta casa.
Mal se sentó lentamente, aun procesando todo.
—¿Y pensábamos que nunca saldríamos de la Isla de los Perdidos…?
Evie se dejó caer en el suelo, aún con Stitch en brazos.
—Es irreal.
Carlos miró al grupo y habló en voz baja: —¿No les da algo de… envidia?
Las hijas de Sholan… tienen todo.
Amor.
Seguridad.
Un padre que puede borrar toda una isla y aun así se agacha a ponerles los zapatos… Jay asintió.
—Sí.
Pero ahora nosotros también tenemos una oportunidad.
Mal sonrió, con una llama silenciosa en sus ojos.
—Y esta vez… no vamos a desperdiciarla.
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