Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 338
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- Capítulo 338 - 338 Bienvenida a Casa
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338: Bienvenida a Casa 338: Bienvenida a Casa La mesa del comedor estaba servida con todo tipo de platillos: sopas aromáticas, carnes jugosas, arroz perfumado, verduras asadas, frutas frescas y postres recién preparados por Wanda, Cammy, Bucky y Sholan.
Las risas suaves de las niñas y el murmullo del atardecer flotaban en el ambiente.
Todo estaba listo para la cena… pero Sholan aún tenía algo pendiente.
Sacó una carta especial de su inventario: una carta luminosa, grabada con símbolos del mundo de Boku no Hero Academia.
La sostuvo con cuidado, concentrándose.
Una onda suave de Ki Radiante envolvió la carta… y un parpadeo de energía distorsionó el aire.
—Es hora de que llegues a casa.
Con un estallido silencioso de luz blanca, la pequeña Eri apareció en medio del pasillo.
Parpadeó, aturdida, girando lentamente con sus grandes ojos rojos observando todo.
—¿Eh…?
¿Dónde… estoy…?
—Eri —dijo Wanda, con una dulzura maternal que se sentía como un abrazo cálido—.
Estás en casa, mi amor.
—¿Mami…?
¿Papi?
—susurró, aún incrédula.
Sholan se acercó y se arrodilló frente a ella.
—Sí, cielo.
Ya estás con nosotros.
Las cinco niñas ya estaban junto a ella, rodeándola como un torbellino de alegría ya que Sholan y Wanda les habían comentado sobre su “nueva” hermanita.
—¡Eriii!
—gritaron al unísono.
—¡Bienvenida a la familia!
—¡Eres nuestra hermanita ahora!
—¡Vamos a jugar y dormir juntas!
Eri se sonrojó intensamente, encogida al principio… pero cuando Phoebe la abrazó primero, seguida por Sophie y Esme, no pudo resistirse más.
Cerró los ojos y, por primera vez en mucho tiempo, se sintió a salvo.
Y querida.
—G-Gracias… Sholan presentó entonces a Eri ante los cuatro chicos.
—Mal, Evie, Carlos, Jay… ella es Eri.
También es parte de la familia.
—Hola, pequeña —dijo Mal con una media sonrisa—.
Vas a estar bien aquí.
—¡Eres adorable!
—añadió Evie, con ojos brillantes.
Carlos y Jay le chocaron los cinco suavemente.
—Bienvenida, chiquita —dijo Jay.
La cena transcurrió en un ambiente relajado, lleno de risas, anécdotas y conversaciones cruzadas.
Evie no soltaba a Stitch, Mal bromeaba con las niñas, y hasta Cammy se animó a contarles a los chicos las veces que había vencido a medio escuadrón de Shadaloo con una taza de té en la mano.
Wanda se levantó después de la cena, llevando a las niñas con ella.
—Hora de dormir, pequeñas guerreras.
Pero antes de irse, Sholan le tomó la mano.
—Wanda, ¿puedes hacerme un favor?
Me gustaría que agrandaras la habitación de las niñas para que puedan dormir las seis juntas.
Adáptala según los gustos de Eri, por favor.
Wanda sonrió con ternura.
—Por supuesto.
Se lo merece.
Unos minutos después, la antigua habitación de las cinco pequeñas se expandió en segundos gracias a la magia de Wanda.
Ahora era una sala de ensueño con seis camas flotantes, una cúpula brillante en el techo con luces de aurora, una sección llena de libros y otra con juguetes, y un rincón especial con decoraciones basadas en los gustos de Eri: flores de cerezo, pequeños conejitos, tonos suaves y cálidos.
Cuando Wanda terminó de arroparlas, Eri la abrazó con fuerza por primera vez.
—Gracias… mami.
Wanda sintió cómo se le llenaban los ojos de lágrimas, pero no dijo nada.
Solo la abrazó más fuerte.
— Los cuatro chicos —Mal, Evie, Jay y Carlos— estaban sentados en la sala de la mansión, todavía asimilando todo lo que había cambiado en tan poco tiempo.
La cena había sido cálida, el ambiente familiar…
pero la tranquilidad solo hacía que sus inseguridades afloraran con más fuerza.
Carlos fue el primero en hablar.
—Sholan…
¿realmente estamos seguros aquí contigo?
La pregunta cayó como una piedra en el silencio.
Sholan guardó silencio por unos segundos.
Su mirada se tornó seria, perdida por un instante en sus propios pensamientos.
Recordó a Blackheart, su poder anómalo, su vínculo con la Segadora de Almas… y entonces la pieza faltante encajó en su mente como un engranaje perfectamente aceitado.
Blackheart… era hijo de Mephisto.
Y Dark Wanda…
su comportamiento, su corrupción, la forma en que hablaba…
él la había manipulado también.
Con una exhalación lenta, Sholan bajó la mirada, su voz salió grave, pero sincera.
—No lo sé.
No les mentiré.
No puedo prometerles que nada malo pasará… porque lo que enfrentamos no es una amenaza común.
Los cuatro se tensaron.
—¿Qué quieres decir?
—preguntó Mal, entrecerrando los ojos.
Sholan se incorporó lentamente, caminando unos pasos hacia una de las ventanas.
Su voz sonó con un filo de preocupación.
—El responsable de todo…
el que ha estado manipulando las piezas desde las sombras…
es un demonio Interdimensional llamado Mephisto.
Un ser antiguo, astuto y poderoso.
Y por todo lo que descubrí en Auradon, es muy probable que él esté detrás de todo lo que vivieron en la Isla de los Perdidos.
El aislamiento, las condiciones, incluso la forma en que fueron excluidos del resto del mundo.
Todo formaba parte de su juego.
Además, Blackheart fue muy poderoso literalmente tomó todo mi poder el aniquilarlo y Mephisto es mucho más fuerte de lo que era Blackheart.
Los chicos se miraron entre sí, impactados.
—¿Pero por qué nosotros?
—preguntó Evie, con una mezcla de rabia e impotencia—.
¿Qué podríamos tener nosotros que ese demonio quiera?
Sholan giró hacia ellos, sus ojos encendidos por determinación.
—Porque ustedes son la llave.
Parte de un rompecabezas más grande.
Mephisto los necesita… y por eso los mantuvo encerrados, limitados, anulados.
Pero ahora están bajo mi protección… y eso es un problema para él.
—¿Entonces sí estamos en peligro?
—dijo Jay, apretando los puños.
—Sí —respondió Sholan con absoluta honestidad—.
Pero no estarán solos.
Yo haré todo lo necesario para protegerlos.
Si ese demonio quiere llegar a ustedes… tendrá que pasar por mí primero.
Evie frunció el ceño.
—¿Y todo esto lo haces por la llave?
¿Porque somos útiles?
Sholan negó con la cabeza.
—Cuando dije que ustedes serían mi familia… hablaba en serio.
Y yo hago lo que sea por mi familia.
Los cuatro lo miraron… y algo cálido creció en sus pechos.
Una llama suave, pero constante.
Nunca habían escuchado algo así.
Nunca les habían dicho algo así.
Nunca lo habían sentido.
Jay tragó saliva.
—Gracias, Sholan.
Sholan solo asintió, cruzándose de brazos, la mirada fija en ellos.
—No soy perfecto.
Pero si algo sé hacer… es luchar por mi familia.
Y ahora… ustedes lo son.
El silencio volvió a caer por unos segundos, pero esta vez era distinto.
No era miedo… era respeto.
Confianza.
—Bueno ahora hablemos de lo que sigue —dijo Sholan, cruzando los brazos con una expresión seria—.
Ustedes son parte de esta familia, así que necesito que tengan todo en regla.
Lo primero: sus identificaciones.
Chasqueó los dedos, y Cortana apareció en el aire con su forma holográfica.
—Cortana, contacta a Fury.
—Ya en eso, jefe —respondió ella con una sonrisa traviesa.
En la pantalla flotante apareció el rostro de Nick Fury.
Molesto, como siempre.
—¿Qué demonios quieres, Sholan?
¿Sabes qué hora es, motherfu— —Es urgente.
Tengo cuatro nuevos chicos y una niña sin papeles.
Necesito que los legalices y les consigas registros reales.
Pronto.
—¿Y por qué diablos haría eso?
Sholan le mostró, con un gesto, una tableta especial con un modelo tecnológico basado en quirks: una forma de almacenar y duplicar habilidades bajo condiciones específicas, traída del mundo de Boku no Hero Academia.
Fury se detuvo.
—… ¿Qué es eso?
—Algo que cambiará tu forma de hacer seguridad metahumana.
Si haces esto, te lo entrego en exclusiva.
Fury suspiró.
—Maldito seas… Está bien.
Envíame los datos.
Pero esto queda entre nosotros.
—Bien —Sholan se volvió a ellos—.
Ya casi tienen identidades.
—¿Y lo siguiente?
—preguntó Jay.
—Van a ir a la escuela.
Todos pusieron cara de horror.
—¿¡QUÉ!?
—Sí —dijo Sholan sin titubear—.
Midtown School.
Evie dejó de quejarse de inmediato.
—¿Dijiste… Midtown?
—Ajá.
La misma escuela donde va Peter —¡ME ENCANTA LA ESCUELA!
Mal la miró con cara de traición.
Sholan rió.
—Además de estudiar, van a entrenar.
Mal, Evie, ustedes aprenderán Wing Chun con Wanda.
Es un arte marcial perfecta para mujeres.
Carlos, Jay, ustedes estarán conmigo.
Aprenderán Muay Thai.
Quiero que sepan defenderse.
—¿Y después?
—preguntó Mal, cruzada de brazos.
Sholan se sentó más cerca.
—Hablé con Wanda.
Me dijo cómo se sintieron en Auradon.
Sus frustraciones.
Su impotencia.
Y decidimos algo.
Todos lo miraron con atención.
—Voy a darles poderes.
El silencio fue absoluto.
—¿Cómo…?
—dijo Carlos, incrédulo.
—Poderes acordes a sus personalidades.
Pero para eso, primero deben construir una base sólida.
Educación.
Disciplina.
Combate.
Solo entonces… serán dignos de recibir algo grande.
Carlos se rascó la nuca.
—Gracias… Sholan.
Jay asintió.
—No te defraudaremos.
Mal lo miró, luego bajó la vista, murmurando: —Yo tampoco… Evie solo se acercó y abrazó a Sholan sin decir nada, con una sonrisa en los labios y los ojos algo húmedos.
Y en el exterior, el cielo nocturno se extendía sobre Villa Loriana como un manto protector, mientras una nueva familia comenzaba a tejer sus lazos con lazos más fuertes que la sangre.
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