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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 340

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  4. Capítulo 340 - 340 Flores y Culpas
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340: Flores y Culpas 340: Flores y Culpas Mary Jane Watson POV Sabía que Peter era Spider-Man desde hace tiempo.

Aunque nunca lo dijo en voz alta, lo supe por sus desapariciones constantes, sus heridas inexplicables… y en especial cuando lo veía entrar y salir de su habitación desde la ventana realizando acrobacias imposibles para una persona normal y usando un llamativo traje rojo y azul.

Yo soy su novia.

O lo fui.

Hasta aquel verano.

Él se fue a un campamento de verano… uno de esos que le pueden asegurar un buen futuro a esos genios como Peter.

Y yo durante el tiempo que no estuvo… me dejé llevar.

Paul Rabin, un estudiante nuevo, simpático, algo torpe pero encantador en su rareza.

Nos hicimos cercanos.

Muy cercanos.

Y para cuando Peter volvió, Paul ya no era sólo un amigo.

Era mi novio.

Peter nunca me lo reclamó.

Ni una sola palabra.

Pero lo vi en sus ojos.

Dolor.

Decepción.

Aún me quería, y yo lo sabía.

Y desde entonces, lo tuve como mi “respaldo”.

Si algo no funcionaba con Paul, sabía que Peter estaría allí.

Siempre lo había estado.

Hasta ahora.

Todo cambió sorpresivamente cuando llegaron ellos.

Los autodenominados VK.

Un grupo de estudiantes nuevos que parecían haber salido de un cuento de aventuras.

En menos de una semana se volvieron los más populares de Midtown.

Jay fue el primero que noté.

Alto, fuerte, atlético.

Un verdadero deportista natural con una sonrisa despreocupada, pero una mirada que escondía cicatrices profundas.

Su carácter cálido lo hacía imposible de odiar.

Carlos, en cambio, era todo lo contrario físicamente, pero igual de impactante.

Inteligente como Peter… no, tal vez incluso más.

El tipo desarmaba y reconstruía drones por diversión, y ya estaba desarrollando una app para ayudar con la organización escolar de los VK.

Con su cabello blanco algo despeinado y sus auriculares, parecía un Stark en formación.

Y luego estaban… las flores.

Así les empezaron a decir en la escuela.

Mal tenía esa vibra gótica que mezclaba misterio y dulzura.

De temperamento fuerte, sí, pero tan generosa y valiente que muchas chicas la admiraban en silencio.

Su estilo único, su cabello violeta y su aura dulce de hada oscura la hacían destacar.

Parecía sacada de un cuento… una especie de guerrera mágica en jeans rotos.

Lo peor… desde que llegaron, los VK “adoptaron” a Peter.

Literalmente lo tomaron como parte de su grupo, y también a Ned.

Los rumores sobre ellos no tardaron.

Flash Thompson y su grupito trataron de intimidar a Jay y a Carlos en el gimnasio, y terminaron… bueno, noqueados sería quedarse corto.

Dicen que Flash se orinó encima del miedo.

En cuanto a las chicas que intentaron meterse con las flores… la reina de la escuela lleva un mes evitando mirarlas siquiera.

Nadie sabe exactamente qué pasó.

Sólo se dice que “esas flores tienen espinas”.

Ugh.

Y hablando de flores, la que de verdad me hace hervir la sangre… es Evie.

Sí.

Lo admito.

Evie es hermosa.

Pero no de esa forma que te hace pensar “qué linda”.

Noooo.

Es de ese tipo de belleza que hace que todos en la sala giren y se callen al verla.

Una presencia magnética, como si la realidad misma girara a su alrededor cuando camina.

Su cabello azul oscuro cae como seda, brillante, perfectamente peinado sin esfuerzo.

Su piel es de porcelana con ese brillo saludable y natural que ni siquiera necesita base.

Sus labios, perfectamente delineados, rojos, sin una pizca de maquillaje.

Y sus ojos… maldita sea, esos ojos.

Grandes, brillantes, con una mezcla de ternura, inteligencia y decisión que hipnotiza.

Siempre huele a jazmín y gardenias frescas mezcladas con duraznos dulces.

Ni siquiera sé cómo lo hace.

No es perfume, es su aroma natural.

Y su voz… su voz tiene esa calma que te desarma, como si todo el mundo fuera más ligero cuando ella habla.

Es como escuchar una canción de cuna hecha mujer.

Y para colmo, su estilo.

Es una mezcla entre una princesa de cuento de hadas, una influencer de moda parisina y una reina urbana con flow impecable.

Usa coronitas de oro y joyas rojas como si fueran parte de su día a día, blusas que le quedan a la perfección, faldas hechas a medida que combinan con accesorios de diseñador.

Lo más molesto es que no compra su ropa… la diseña ella misma.

Lo descubrí hace poco, y casi no lo creí.

Sin entrenamiento formal, sin clases, sin ayuda, Evie es su propia diseñadora.

Y lo hace mejor que muchas profesionales.

Y aparte de todo… puede hacer todo lo que yo hago, pero mejor.

Sabe bailar, canta bien, es una genio en historia y química, y hasta cocina como si fuera sacada de un canal gourmet.

Es como si alguien hubiera mezclado la inteligencia de una becada del MIT, la gracia de una supermodelo de Victoria’s Secret, y el alma dedicada de una ama de casa amorosa.

Ella es perfecta.

Y lo peor… Peter no deja de mirarla.

No lo culpo.

¿Cómo podría?

Pero duele.

Duele mucho.

Ese dolor fue el que me llevó a confrontarlo.

Esa tarde.

Lo esperé.

Peter llegó con su mochila colgada del hombro, los audífonos enredados y una expresión tranquila.

—Peter —le llamé.

Se detuvo en seco.

Su rostro cambió levemente.

Sabía lo que venía.

—¿Qué pasa, MJ?

—¿Podemos hablar?

Solo… unos minutos.

Asintió, aunque a regañadientes y fuimos cerca del patio trasero, donde nadie pasa a esa hora.

Él se apoyó contra la pared, con los brazos cruzados.

—Dime.

—Sé que aún sientes algo por mí —solté, directa.

Sin rodeos.

Él levantó una ceja.

No dijo nada.

—Sé que me miras a veces.

Que…

recuerdas lo que tuvimos.

Lo sé, Peter.

Lo sé.

A pesar de Evie, a pesar de lo que pasó con Paul… sé que algo queda.

Él apretó la mandíbula.

—¿Y qué esperas?

¿Qué te diga que sí?

¿Qué te abrace como si no hubieras elegido a otro mientras yo me rompía por dentro?

—¡No fue así!

Paul y yo…

—¡Claro que lo fue!

—explotó, por fin soltando su voz, con una mezcla de dolor y furia—.

Me fui un verano para construir lo que yo creía era un futuro para los dos.

Volví ilusionado por verte, MJ.

Y tú ya tenías a alguien más.

¡Ni siquiera me lo dijiste!

Lo descubrí viendo cómo se besaban y te reías con él en los pasillos.

Como si yo nunca hubiera existido.

Yo bajé la mirada, pero él continuó: —Y ahora que ves que alguien me quiere…

alguien que me ve como soy, ¿vuelves?

—¡No es eso!

Es solo que…

¡Evie es perfecta!

¡Es imposible competir con ella!

—¡Porque ella no está compitiendo!

—dijo Peter, con los ojos brillando de rabia contenida—.

Ella me trata con respeto.

Me escucha.

Me cuida.

Y ¿sabes qué?

Sí.

Es hermosa.

Es brillante.

Y, sobre todo, es fiel.

Me quedé congelada.

Peter respiraba agitado.

—¿Sabes cuántos chicos guapos, ricos y carismáticos la han intentado conquistar?

¿Sabes cuántos se le han acercado solo en este mes?

Y a todos les ha dicho lo mismo: “Ya tengo a alguien en mi corazón”.

A mí.

—Peter…

—No.

Basta.

Ya no hay lugar para ti en mi vida, Mary Jane.

Fuiste importante para mí, muchísimo.

Pero eso se acabó.

Yo quiero algo real.

Algo duradero.

Y con Evie… lo tengo.

El silencio se hizo pesado.

Yo no sabía qué decir.

Había perdido.

Y no solo a Peter.

Perdí el derecho a siquiera reclamar algo.

—¿Listo para irnos amor?

La voz de Evie rompió el silencio como una cuchilla de hielo y luz.

Se acercó por detrás de mí, serena, elegante.

Sonriente.

Tomó la mano de Peter con naturalidad y luego me miró directamente.

No había odio en sus ojos.

Solo seguridad.

Autoridad.

—MJ —dijo sin perder su tono amable, pero con un filo claro—.

No te confundas.

Peter no es tuyo.

Ya no.

La tensión aumentó.

Yo apreté los dientes.

—Tuviste tu oportunidad —continuó Evie, con la elegancia de una reina—.

Y lo perdiste.

No creas que no lo sé todo… incluso lo que hiciste con Paul mientras Peter se esforzaba por forjar un buen futuro.

Quise decir algo, pero Evie no me dejó.

—Ahora él está conmigo.

Y si de verdad alguna vez lo amaste, déjalo ser feliz.

Porque créeme, yo sí lo amo.

Y no pienso dejar que lo dañen otra vez.

Peter miró a Evie con dulzura.

Ella se giró, lo tomó del brazo y se lo llevó.

Sin mirar atrás.

Y yo… me quedé sola, entre los casilleros, tratando de tragarme un nudo en la garganta que sabía que no iba a desaparecer pronto.

Paul Rabin POV Su apartamento era un refugio.

Pequeño.

Frío.

Solitario.

Pero lejos del juicio.

Lejos del otro mundo.

—Aquí nadie me persigue.

Nadie me culpa —susurró con los ojos cerrados.

—Te equivocas.

La voz no provenía de su mente.

Era real.

Helada.

Firme.

Se giró con miedo.

—¿Quién…?

—Bloody Rose.

Una punzada, aguda, brutal.

Paul jadeó.

Miró su pecho.

Una rosa blanca lo atravesaba.

Su sangre comenzaba a teñir los pétalos.

Alzó la vista.

Frente a él, envuelto en un aura dorada, estaba Sholan.

—¿Qué… por qué?

—¿De verdad pensaste que podías escapar?

¿Después de provocar la muerte de ocho millones en tu mundo?

¿Después de atraer al Emisario a través de ti como faro dimensional…?

¿Y creíste que aquí ibas a estar tranquilo?

Paul apenas podía respirar.

Cada palabra era una daga.

—Miles de almas han estado gritando por justicia, Paul.

Y hoy, por fin, han sido escuchadas.

La rosa ahora era roja como la sangre.

Su vida se desvanecía con cada latido y podía ver como su apartamento se llenaban de las almas inocentes de las cuales él fue responsable por sus muertes.

Paul se desplomó de rodillas, tosiendo sangre.

—Pe… perdón… —No hay perdón.

Sólo la retribución que le permitirá a todas estas almas descansar en paz.

La rosa ahora era roja carmesí.

Su cuerpo ya no respondía.

—Ni tu cuerpo quedará.

Ni tus pecados.

Ni tus huellas.

Da gracias que por lo menos tu alma podrá ser juzgada.

Y si tu padre intenta venir… no quedará ni su existencia.

Sholan alzó una mano.

Un manto de luz envolvió todo.

—Starlight Extinction.

Y Paul Rabin dejó de existir.

No quedó polvo.

No quedó recuerdo.

El universo se limpió de su pecado y Paul Rabin fue borrado de el como si nunca hubiera existido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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