Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 341
- Inicio
- Todas las novelas
- Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC
- Capítulo 341 - 341 Entre arañas y coronas
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
341: Entre arañas y coronas 341: Entre arañas y coronas Evie POV A veces, me pregunto si las historias que crecimos escuchando sabían realmente lo que era el amor.
Hablan de besos que despiertan a princesas dormidas, de príncipes que luchan contra dragones, de bailes mágicos en salones iluminados por candelabros flotantes.
Pero nadie te prepara para enamorarte en una isla gris, infestada de caos, humo y muerte.
Mi historia no comienza con un vestido azul o una canción… Comienza con fuego.
Con miedo.
Con una mano salvándome de la oscuridad.
Estábamos en la Isla de los Perdidos cuando todo ocurrió.
Yo estaba escapando junto a Mal, Jay y Carlos después de que nuestros padres fueran asesinados cuando Blackheart atacó.
No sabíamos en ese momento su nombre, ni su propósito, solo que era una sombra viviente, una grieta en el infierno, y que lo que tocaba… moría.
El suelo temblaba.
El cielo se abrió como una herida roja.
Y por primera vez en años… tuve miedo.
Recuerdo el instante con claridad insoportable: Corría entre los callejones junto con Mal, intentando proteger a Lizzi mientras Carlos y Jay estaban con Cilia escapando de la “Bruja Roja”, cuando una de esas criaturas negras nos emboscó y nos acorralaron en todas direcciones.
Sentí el aire escapando de mis pulmones.
El terror me paralizó.
Y fue ahí… cuando él llegó.
No sé cómo describirlo sin sonar como una niña ilusionada.
Era una silueta blanca, dorada y negra.
Ágil, precisa, mortal.
Se movía entre los enemigos como si danzara, sus telarañas cortaban el aire como lanzas de luz y su daga destruía creaturas negras a diestra y siniestra.
Spider-Man, lo llamarían después.
Pero para mí, en ese momento… era un ángel que llegó a mi rescate cuando más lo necesitaba.
Cayó del cielo justo entre uno de los demonios y yo, lo detuvo con una multitud de telarañas que salían de su traje y lo decapitaba mientras lo lanzaba lejos.
Sus movimientos eran perfectos, como si supiera exactamente lo que iba a pasar antes de que sucediera.
Y cuando todo se calmó, se acercó a mí.
—¿Estás bien?
—dijo con voz distorsionada, metálica por el casco que cubría su cabeza.
Yo solo pude asentir.
Temblaba.
Y entonces, sin saber por qué, se quitó el casco.
Era un chico.
De mi edad.
Sudoroso, despeinado, con algunos rasguños en el rostro y las manos temblando.
Pero sus ojos…
Tenían una profundidad que no podía explicar.
Como si hubieran visto más de lo que un adolescente debería ver.
—Peter Parker —dijo con una sonrisa leve.
Y aunque el mundo ardía a nuestro alrededor, mi corazón encontró una calma extraña.
Ese fue el momento.
El instante exacto en que me enamoré.
En los días siguientes, ya de vuelta en Auradon, no pude dejar de pensar en él.
En cómo, sin conocerme, arriesgó su vida.
En cómo se movía como un héroe, pero hablaba como un chico normal.
En cómo su sonrisa era tímida y sus bromas, torpes.
En cómo sin tener obligación alguna seguía con nosotros protegiéndonos.
Cuando nos mudamos al nuevo mundo con Sholan, todo fue tan rápido que apenas tuve tiempo de procesarlo.
Naves, multiversos, tecnología increíble, chicas mágicas, soldados de sombra, inteligencias artificiales vivas…
Pero entre todo eso, él seguía ahí.
Peter Parker.
Siempre ayudando, siempre atento, siempre… real.
Y yo… bueno, yo no sabía cómo actuar.
Mal fue la primera en notarlo.
—Evie, tienes cara de “conocí al caballero blanco de mis sueños” —bromeó.
Y sí… era eso.
Solo que el caballero blanco tenía una mochila rota y una colección de cómics en su cuarto (esto último lo supe gracias a Ned (>ᴗ•)♡ ).
El problema es que tenía miedo…Miedo de ser demasiado obvia.
Demasiado intensa.
De que él aún no me viera como yo lo veía a él.
Hasta que un día, después de entrenar con Wanda, me acerqué a hablar con Sholan.
—Necesito contarte algo —le dije, bajando la mirada.
Él solo sonrió, como si ya supiera.
—Es Peter, ¿verdad?
Asentí, con el corazón en la garganta.
—Me gusta.
Desde el día en que me salvó.
Desde que vi que detrás de esa máscara… había un chico que se preocupaba de verdad.
Que se arriesgaba por otros.
Le conté a Sholan como poco a poco… me enamoré.
Sin aviso.
Sin plan.
Me enamoré de cómo se preocupaba por los demás antes que por él mismo.
Me enamoré de sus silencios incómodos, de cómo no sabía aceptar cumplidos, de cómo bajaba la mirada cuando lo llamabas “héroe”, como si no se creyera digno.
Me enamoré de su dolor.
Y de cómo lo enfrentaba solo.
Le conté a Sholan como lloré la primera vez que Peter me confesó cómo casi perdió a su tío por sus acciones y la culpa aplastante que siente por lo que casi pasa.
No lloré delante de él.
Esperé a estar en mi cuarto.
Me senté en la cama, abracé una almohada… y lloré.
Porque nadie debería cargar tanto, tan joven.
Pero Peter lo hace.
Y sigue adelante.
Con valentía.
Con bondad.
Con una fuerza que no grita, pero que todos sienten.
Cuando terminé de abrir mi corazón Sholan me habló con una voz que fue firme pero cálida.
—Evie… No hay nada más fuerte que amar con el corazón limpio.
Y tú tienes uno de los corazones más puros que he visto.
Si Peter te hace feliz… entonces me hace feliz a mí.
Y sé que tú puedes ser la persona que él necesita.
Lloré.
Sí, me abracé a él como si fuera mi padre.
Porque en ese momento… lo sentí así.
Desde entonces, empecé a mostrarle a Peter cuánto me importaba.
Pequeñas cosas.
Le llevaba café cuando lo veía cansado.
Le ayudaba con los ajustes de sus guantes.
Estudiaba con él, aunque ya me supiera el tema.
Le dejaba notitas con mensajes ocultos, escondidas entre sus libros de química.
A veces se ponía nervioso.
Otras solo sonreía con esa sonrisa que me derrite.
Y entonces… una tarde… él habló.
Estábamos sentados frente a la piscina de Villa Loriana.
Peter se notaba inquieto, movía la pierna, sus dedos tamborileaban contra la banca.
—Evie… ¿puedo contarte algo?
—me preguntó.
—Claro, Peter.
Lo que sea.
Él respiró hondo, como si fuera a abrir una herida.
Me habló de Mary Jane.
De cómo la amó.
De cómo ella lo traicionó con Paul Rabin cuando él no estaba.
De cómo su mundo se rompió y de cómo sintió que ya no podía confiar en nadie.
De cómo el dolor lo convirtió en otra persona.
—Y entonces llegaste tú —me dijo con una sonrisa tímida—.
Con tu risa.
Tu dulzura.
Tu fuerza.
Y en semanas… lo que no pude sanar solo, tú lo hiciste.
Le tomé la mano y lo abracé.
Y él no se apartó.
Desde entonces, hemos sido inseparables.
Mal me guiña el ojo cada vez que lo ve acercarse.
Jay le ofreció “entrenamiento para defender a la reina Evie”.
Carlos construyó una pequeña app que nos sigue repitiendo: “ship confirmado”.
Wanda incluso me dio un collar protector, “por si el nerd se pone demasiado tonto”.
Y yo… Yo solo puedo decir que soy feliz.
Más feliz de lo que jamás imaginé.
En este nuevo mundo, con nueva gente, nuevas reglas, nuevos peligros… Encontré algo viejo y verdadero: El amor.
Gracias a Peter Parker, conocí la clase de amor que no necesita magia ni destino.
Gracias a Sholan y Wanda, tengo una familia que me cuida y me permite crecer.
Y gracias a mis amigos… sé que no estoy sola.
Así que, si alguna vez alguien te dice que los caballeros con armadura ya no existen… Diles que se equivocan.
Porque yo conocí a uno.
Y su nombre es Peter Parker.
Y su armadura… es una máscara de araña, un corazón herido, y la fuerza de seguir creyendo a pesar del dolor.
Peter POV Me han llamado muchas cosas en mi vida.
Un nerd.
Un genio.
Un héroe.
Un problema.
Pero nunca pensé que alguien pudiera mirarme como si fuera suficiente.
Hasta que Evie lo hizo.
No soy el tipo de chico que cree en cuentos de hadas.
Soy el tipo de chico que ve al villano en los cuentos y se pregunta cuántas horas de terapia necesitaba.
El que estudia la lógica detrás de los finales felices.
El que, después de perder a tanta gente en la vida, dejó de esperar su propio “y vivieron felices por siempre”.
Y entonces llegó ella.
No como un milagro.
Sino como una constante.
Como una verdad.
La conocí en medio del caos.
La Isla de los Perdidos ardía.
Blackheart había convertido todo en un campo de guerra.
La misión era evacuar.
Salvar a los inocentes.
No destacar.
No conectarse.
Pero lo vi.
Una de esas cosas demoníacas estaba a punto de aplastar a una chica de cabello azul.
No lo pensé.
Solo actué.
Me lancé desde una de las torres oxidadas, activé mis redes, y con precisión quirúrgica deslicé una telaraña que inmovilizó a la criatura.
Caí entre el monstruo y ella.
Desplegué el poder del Dancing King del KumonoSlayer y disparé energía venenosa con el Venomix Shooter directamente al punto débil.
Era rápido.
Limpio.
Eficiente.
Pero el caos se detuvo para mí cuando la miré.
Y ella me miró como si no pudiera creer que estaba viva.
Como si yo hubiera hecho algo imposible.
Me preguntó mi nombre.
Y por alguna razón que aun no entiendo… me quité la máscara.
—Peter Parker.
Así me presenté.
Sin máscara.
Sin identidad oculta.
Y ella… me sonrió.
No sé cuándo exactamente empecé a esperarla en los pasillos de Auradon.
O a buscar una excusa para sentarme junto a ella.
Pero lo hice.
No porque quisiera estar con ella.
Sino porque necesitaba estar cerca para protegerla.
Al principio pensé que era solo una conexión por haberla salvado.
Pero no… Era más.
Mucho más.
Evie… es única.
No solo por lo hermosa que es —porque sí, ella es hermosa, en un nivel que desarma—, sino porque tiene esa clase de belleza que te reconcilia con el mundo.
Que te recuerda que todavía hay algo bueno que vale la pena proteger.
Me observaba con una mezcla de curiosidad y ternura.
Como si viera mis rarezas… y las encontrara agradables.
Y para alguien como yo —que siempre ha sentido que debe esconder su mundo interior para no espantar a los demás— eso… eso fue desarmante.
Ya de regreso a mi mundo.
ella no se despegó de mí.
Y yo… tampoco quise hacerlo.
Evie empezó a dejarme pequeños detalles.
Un café caliente cuando estudiaba tarde.
Una sonrisa cuando sentía que el peso del mundo volvía.
Una flor azul en mi locker con una tarjeta que decía: “Porque hasta los héroes merecen que alguien piense en ellos.” Y cada vez que la veía… el dolor que llevaba dentro pesaba menos.
Una tarde cuando sentía que necesitaba hablar con alguien fui a la cocina de la tía May.
Había un olor a pan recién horneado.
La radio sonando bajito.
Y ellos estaban ahí.
Tía May.
Tío Ben.
—Hola, cariño —dijo la tía May, sentándose a mi lado con una taza de té.
—¿Cómo has estado campeón?
—añadió el tío Ben con una sonrisa amable, apoyando su mano sobre mi hombro.
—Estoy confundido —dije—.
Tengo miedo.
Hay una chica, Evie.
Es increíble.
Pero… —¿Pero temes volver a confiar?
—interrumpió Ben, con esa voz paciente de siempre.
Asentí.
—Mary Jane me rompió.
Y ahora Evie está… me está haciendo sentir partes de mí que pensé que estaban muertas.
Y eso… da miedo.
May me tomó la mano.
—Peter, el hecho de que aún puedas sentir… es lo más valiente que hay.
—¿La amas?
—preguntó Ben.
—Sí.
Más de lo que creí posible.
—Entonces ámala —dijo con firmeza—.
No vivas a medias, Peter.
No tengas miedo de ser feliz.
Y recuerda… el poder que tienes también incluye el poder de sanar.
No solo a los demás… sino a ti mismo.
Con las palabras del tío ben y la tía May tomé valor y le hablé.
Porque ya no podía callarlo.
Estábamos junto a la piscina de la casa de Sholan, Con Stitch en brazos de Evie como ya era costumbre.
Y con las manos sudorosas y el corazón acelerado, le conté lo que llevaba cargando.
—Evie… Antes… hubo alguien.
Se llama Mary Jane.
Y la amaba.
Le conté del verano en que me fui… Del chico con el que me reemplazó… De cómo regresé a descubrir que yo había sido solo un “mientras tanto”.
De cómo eso me rompió en partes que nunca creí que volverían a encajar.
—Desde entonces… me cerré.
Dejé de creer en el amor.
La miré.
Y lo dije.
—Hasta que llegaste tú.
Evie se quedó callada un instante.
Y luego… me tomó la mano y me abrazó.
No dijo “lo siento”.
No intentó justificar nada.
Solo estuvo ahí.
Presente.
Real.
En las semanas siguientes, sentí algo que nunca había sentido antes.
Paz.
No esa paz superficial de los días sin enemigos.
Sino la paz de tener a alguien que te ve… y no quiere cambiarte.
Alguien que conoce tus cicatrices… y aun así te abraza más fuerte.
Evie lo hizo.
Lo sigue haciendo.
Mal me dijo una vez: —Nunca la había visto así de feliz.
Y eso es por ti, Peter.
No lo arruines.
Carlos me dio un pulgar arriba y me dijo que ya había programado nuestros celulares para proyectar corazoncitos cada vez que nos besáramos.
Jay me retó a un partido de básquet “para ver si era digno de ella”.
Y Wanda… bueno, Wanda solo me sonrió y dijo: —Sé lo que es encontrar un amor así de profundo.
Cuídala, Peter.
A veces, me despierto en este mundo nuevo —tan brillante, tan lleno de posibilidades, tan diferente al Queens que conocía— y me sorprende lo que siento.
No culpa.
No remordimiento.
No vacío.
Sino amor.
Pleno.
Verdadero.
Por Evie.
Ella no es solo mi novia.
Es la luz en medio de mi caos.
La artista que coloreó mi mundo otra vez.
La razón por la que ya no le tengo miedo al futuro.
Sé que hay peligros allá afuera.
Que hay villanos y guerras y secretos por descubrir.
Pero también sé esto: Mientras ella esté a mi lado, no hay nada que no pueda enfrentar.
Porque Spider-Man puede balancearse entre edificios… Pero es Peter Parker el que encontró su lugar colgando del corazón de Evie.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com