Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 342
- Inicio
- Todas las novelas
- Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC
- Capítulo 342 - 342 Más allá del muro … y algo más
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
342: Más allá del muro … y algo más 342: Más allá del muro … y algo más Mal POV Nunca pensé que lo diría… pero me siento en paz.
No es algo que diga a la ligera.
La paz nunca fue parte de mi mundo.
Crecí entre paredes oxidadas y promesas rotas, donde confiar era peligroso y sonreír era una debilidad.
Pero desde que llegamos aquí, desde que Sholan nos trajo a este nuevo mundo, algo dentro de mí se ha ido soltando… como si una parte que tenía encadenada finalmente pudiera respirar.
Villa Loriana es…
como vivir en un sueño que no sabía que deseaba.
Las mañanas tienen ese olor a pan recién horneado y flores húmedas por el rocío, y las noches están llenas de risas y luces cálidas.
Me despierto sin miedo.
Me acuesto sin un cuchillo debajo de la almohada.
Nadie me mira como si esperara que hiciera algo malo.
Nadie me juzga por ser “la hija de Maléfica”.
Aquí, soy solo Mal.
Solo yo.
Las hijas de Sholan… son otro mundo.
Nunca fui buena con niños, pero esas pequeñas han hecho trizas cualquier defensa que pudiera tener.
Son seis mini torbellinos de energía y ternura, cada una más única que la otra.
Celeste, con sus silencios sabios.
Esme, que me reta a duelos de espadas imaginarias.
Irma, siempre con mil preguntas.
Phoebe, que se esconde detrás de mí si hay demasiada gente.
Sophie… que ha robado más galletas de las que puedo contar y siempre me hace reír.
Y Eri esa pequeñita que es la dulzura encarnada.
Son irresistibles.
A veces pienso que si yo hubiera tenido algo así de pequeña… tal vez no me habría vuelto tan dura.
Tal vez habría aprendido a confiar antes.
Y aunque no lo diga en voz alta, me siento responsable por ellas.
Quiero protegerlas.
No por orden de nadie, sino porque ya las quiero.
Como si fueran mis hermanitas.
Cammy y Bucky también han sido un gran apoyo.
Bucky me entiende más de lo que esperaba.
Tiene esa forma de mirar el mundo como si aún estuviera ajustándose a que es libre.
Nos parecemos más de lo que creí.
Cammy, por su parte, es como un torbellino de energía rebelde, pero hay algo muy honesto en su forma de vivir.
Me gusta tenerlos cerca.
Me recuerdan que ser fuerte no es lo mismo que estar sola.
Y la escuela… sí, no todo es perfecto.
Pero por primera vez no me siento la chica rara, ni la sombra en el fondo.
Somos respetados.
Incluso temidos por algunos.
Flash Thompson y sus idiotas intentaron intimidarnos al principio, claro… pero después de “el incidente” en el gimnasio (que nadie ha confirmado oficialmente, pero todos murmuran), no volvieron a molestar.
Y las chicas que se burlaban de Evie… dejaron de hacerlo después de que alguien “accidentalmente” publicara sus conversaciones crueles.
Qué curioso.
Pero hay algo —alguien— que me ha tenido pensando más de lo que me gustaría admitir… Pietro Maximoff.
No sé bien cuándo empezó.
Tal vez fue la primera vez que lo vi corriendo por los pasillos de la mansión como si el tiempo no lo afectara.
O cuando se detuvo justo frente a mí con una sonrisa ladeada y con el cabello plateado desordenado como si acabara de salir de una tormenta eléctrica.
Me dijo “¿todo bien, Mal?” como si fuéramos viejos conocidos.
Y no sé… desde entonces lo noto más.
Lo veo cada vez que entra a una habitación.
Me doy cuenta cuando se ríe un poco más si estoy cerca.
Hay momentos en los que nuestras miradas se cruzan y hay un segundo de silencio en el que todo se apaga.
A veces pasa junto a mí tan rápido que deja una ráfaga de viento que me eriza la piel.
Y otras veces, camina lento.
Muy lento.
Solo para quedarse un rato más.
No sé si él lo nota… o si lo hace a propósito.
No me atrevo a decirlo en voz alta.
Ni a Evie.
Ni a nadie.
Porque esto es nuevo para mí.
Querer algo que no tenga que ver con poder o control.
Solo querer… a alguien.
Tal vez es una locura.
Tal vez estoy imaginando cosas.
Pero… cuando me felicita después de un entrenamiento.
Cuando me da agua antes de que yo la pida.
Cuando me mira como si me viera de verdad… …siento que no es solo cosa mía.
Y eso me asusta.
Pero también me da esperanza.
Porque, por primera vez, siento que mi historia no tiene que estar escrita en sombras.
Que hay lugar para la luz.
Para la posibilidad de un nosotros.
Y si ese “nosotros” incluye a Villa Loriana, a las niñas, a mis amigos… y tal vez a Pietro… Entonces sí.
Me gusta este nuevo mundo.
Me gusta mucho más de lo que jamás me atreví a imaginar.
Jay POV Nunca pensé que viviría en una mansión.
Y no una cualquiera.
No una de esas casas de millonarios de revistas que uno roba en la Isla de los Perdidos.
Esta es diferente.
Villa Loriana no es solo lujo.
Tiene alma.
Tiene historia en cada piedra, en cada pasillo, en cada sonido de pasos lejanos entre el mármol y la madera antigua.
Aquí todo huele a hogar.
No a polvo, óxido y desesperación como en la Isla.
Y yo… yo me siento vivo.
Al principio fue extraño, claro.
Demasiado espacio.
Demasiada comida.
Demasiadas cosas suaves.
Me daba miedo sentarme en los sillones por si los rompía.
Me servía poca comida por costumbre.
Dormía con un ojo abierto.
Pero todo eso cambió rápido.
Tal vez fue por la gente.
Tal vez por las risas.
O por lo que encontramos aquí.
Lo que yo encontré aquí.
Libertad.
Y algo mucho más inesperado: familia.
Nunca creí que diría esto, pero creo que Sholan es lo más cercano a una figura paterna real que he tenido.
No solo por su fuerza o presencia —que, admitámoslo, es impresionante—, sino por cómo nos mira.
Como si realmente creyera en nosotros.
Como si viera algo más allá de lo que fuimos.
Y luego están las niñas.
Las seis.
Aun no entiendo cómo alguien tan poderoso puede tener hijas tan encantadoramente traviesas.
Son pequeñas…
pero tienen más energía que un ejército y una imaginación que ni siquiera Mal puede controlar.
Celeste es tan calmada que me recuerda a mí en mis momentos más serios, pero tiene esa mirada afilada que ve más de lo que dice.
Esme ya me ha retado a carreras por todo el jardín al menos veinte veces —y la dejo ganar…
algunas—.
Irma hace preguntas imposibles y me arrastra a sus experimentos como si fuera su conejillo de indias personal.
Phoebe me toma de la mano cuando está nerviosa, y no sé por qué… pero eso me hace sentir grande.
Fuerte.
Sophie me ha robado todos mis dulces y ni siquiera me molesta —aunque planeo vengarme un día de estos—.
Y Eri…
esa pequeña es otra historia.
Tiene una mirada antigua, como si recordara cosas que nadie más sabe.
Siempre se trepa a mis hombros como si fueran su trono personal.
Y me encanta.
No sé en qué momento me convertí en su parque de diversiones humano, pero no me importa.
Me hace sentir… importante.
Necesario.
Como si ya no tuviera que demostrarle nada a nadie.
Y luego está el entrenamiento.
Aquí no se trata solo de pelear o de ser el más fuerte.
Se trata de superarse, de ser mejor, de proteger.
Sholan nos entrena con un nivel de exigencia que a veces me deja sin aliento, pero siempre termina con una palabra de aliento, una mirada que dice “lo lograste”.
Y eso me empuja más que cualquier grito.
He mejorado.
Me siento más rápido.
Más preciso.
Más completo.
Y, por primera vez, tengo metas.
No solo sobrevivir.
No solo vencer.
Sino construir.
Proteger.
Ser un escudo, no solo una lanza.
A veces, por las noches, salgo al balcón de mi habitación y miro las estrellas.
Recuerdo cómo robábamos pedazos de pan en la isla.
Cómo fingíamos que no teníamos miedo.
Y me digo: “Lo lograste.” No estoy solo.
Tengo a Carlos, que ha florecido como nunca —aunque a veces lo noto más cansado de lo normal, y me preocupa, pero no digo nada aún—.
A Evie, más feliz de lo que jamás la vi.
A Mal… que ha cambiado tanto.
Está más luminosa.
Más libre.
Incluso sonríe más.
Creo que Pietro tiene algo que ver con eso, pero no me meto.
Si Mal es feliz, yo también lo soy.
Y, sobre todo… tengo una vida.
Una vida real.
Con futuro.
Con familia.
Con sentido.
Tal vez no nací en este mundo.
Tal vez mi sangre venga de sombras.
Pero ahora sé algo que nadie puede quitarme: Pertenezco aquí.
Y haré todo lo que esté en mis manos para proteger este nuevo hogar.
Por Sholan, por las niñas, por mis amigos… y por mí.
Carlos POV Yo era el chico que arreglaba las cerraduras oxidadas de la Isla.
El que pirateaba candados con un clip y hacía funcionar radios viejas con piezas de neveras rotas.
No porque me gustara la chatarra… sino porque no había otra cosa.
Pero aquí, en Villa Loriana… Tienen un laboratorio.
Con tecnología de otro mundo.
De varias, en realidad.
Cortana me dejó acceder a los sistemas internos.
Red Queen y White Queen discutieron conmigo sobre ética de IA en nuestra primera conversación.
Y luego me dieron un código de acceso.
Un código de verdad.
Uno con mi nombre.
Carlos De Vil.
Ingeniero de sistemas.
Científico en formación.
Y —aunque suene loco— hermano mayor postizo de seis niñas que me pintan las uñas mientras programo con una mano y me hacen preguntas existenciales.
Y no lo cambiaría por nada.
Desde que llegamos, todo ha sido tan… diferente.
Ya no estoy ocultando partes de mí.
Ya no camino como si tuviera que evitar que alguien me robe el suéter.
Ya no espero traición con cada mirada.
Aquí puedo crecer.
Aquí soy feliz.
Los entrenamientos con Sholan han sido intensos.
No soy el más fuerte físicamente, pero compenso con estrategia y tecnología.
Él lo ve.
Me corrige cuando fallo, me alienta cuando avanzo.
Me trata como a un igual.
Nunca pensé que alguien así confiaría en mí.
Y después están ellas.
Las seis.
Las pequeñas tornados de energía y cariño.
Celeste me pide que le enseñe a usar una tablet pero termina hackeándola mejor que yo.
Esme me ayuda a calibrar sensores… después de convencerla de que no exploten.
Irma quiere aprender todo.
Todo.
Una vez me pidió que le explicara cómo funcionaba una máquina del tiempo.
Phoebe me sigue como mi sombra, en silencio, como si escucharme respirar ya fuera interesante.
Sophie intentó meter un dron en la bañera para ver si flotaba.
No lo hizo.
Y Eri… Eri es especial.
Hay algo en su mirada.
Como si entendiera cada línea de código que escribo, incluso sin leerla.
Cada una me ha dado más de lo que jamás creí merecer.
Y aunque no soy padre, ni lo seré pronto, creo que empiezo a entender lo que se siente tener a alguien que depende de ti.
Alguien a quien protegerías con todo.
Mi mamá siempre decía que ser De Vil significaba tener la sangre del control, del diseño, de la creación.
Yo siempre creí que era una maldición.
Ahora sé que estaba equivocado.
Es un don.
Uno que pienso usar para mejorar este mundo.
Uno que, gracias a Sholan, ya no me da miedo abrazar.
A veces me siento tan pleno que me dan ganas de llorar.
No lo hago, claro.
Soy Carlos.
Me limito a poner música y a trabajar en algo que haga sonreír a las niñas o les facilite la vida a todos en casa.
Siempre hay algo nuevo que diseñar.
Siempre una mejora, un sistema que optimizar.
Aunque… últimamente… me canso más rápido.
Es raro.
No es como fatiga de correr o entrenar.
Es… Como si mi cuerpo dijera “alto” cuando mi mente aún quiere seguir.
Como si las cosas pesaran más de lo que deberían.
A veces me cuesta levantarme por las mañanas.
No le he dicho a nadie.
Tal vez es el cambio de clima.
O simplemente estrés.
¿No?
Después de todo, esto es un nuevo comienzo.
Uno grande.
Uno hermoso.
Y no voy a dejar que nada me lo arrebate.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES LausDeo Feliz Navidad a todos acá tienen 5 capitulos como regalo de navidad.
Creation is hard, cheer me up!
Like it ?
Add to library!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com