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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 346

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  4. Capítulo 346 - 346 El Precio de Proteger
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346: El Precio de Proteger 346: El Precio de Proteger Ya era verano y en el jardín principal de Villa Loriana se encontraban varias figuras fácilmente reconocibles.

—¿Están listos para ser forjados?

La voz de Sholan resonó sobre el campo de entrenamiento en Villa Loriana.

Frente a él estaban Peter, Mal, Jay, Evie y Carlos, de pie, decididos, expectantes.

—¿Qué viene ahora?

—preguntó Jay, rotando sus hombros.

Antes de que les permita usar y explorar sus poderes por medio de las OhgerCalibur deben superar el entrenamiento que llamo Katana.

Peter alzó una ceja.

—¿Katana?

¿Eso es como meditación o…

cortar cosas?

Sholan sonrió…

sin humor.

—No.

Es un entrenamiento que los preparará para usar todo el potencial de las OhgerCalibur, de hecho el primer objetivo del entrenamiento es caminar veinte metros hasta esa mesa.

Todos giraron la cabeza.

Al otro lado del campo, una mesa de piedra, sobre la cual reposaban las espadas, parecía inofensiva.

Lo era… hasta que Sholan cambió eso.

La primera etapa del entrenamiento era el forjar la voluntad así que una ola invisible cayó sobre ellos.

El Haki del Emperador de Sholan se desató con todo su poder.

El aire se volvió denso como plomo.

El suelo tembló.

Incluso el cielo pareció oscurecerse.

Carlos cayó de rodillas de inmediato.

Mal se dobló por la presión.

Evie, con lágrimas en los ojos, intentó avanzar, pero sus piernas no respondían.

Jay respiraba con dificultad.

Peter apretaba los dientes, sosteniéndose de una rama.

—Si uno cae —dijo Sholan desde el otro extremo—, todos vuelven al inicio.

Y así fue.

Una vez.

Otra vez.

Una docena de veces.

Cada paso era una guerra mental.

Cada metro ganado era una victoria contra uno mismo.

Una semana después de iniciado el entrenamiento “Katana” el cielo era gris.

El sudor empapaba la tierra.

El suelo de entrenamiento estaba salpicado de marcas de colapso y sobre todo… silencio.

Los chicos llevaban toda una semana entera enfrentando la pura voluntad de Sholan, su instinto de batalla manifestado como opresión absoluta.

Después de otra ronda fallida de “caminar hacia las espadas”, los chicos cayeron por quinta vez ese día.

El Haki del Emperador había sido brutal.

Carlos aún lloraba en silencio, Mal se abrazaba los brazos, Peter tenía las manos sangrantes por haber caído mal, y Jay miraba al suelo con los ojos perdidos.

Evie, con el maquillaje corrido por el sudor y el llanto, habló con lo que le quedaba de fuerza: —Sholan… ¿esto es necesario?

Mal lo dijo sin rodeos: —¿Nos estás entrenando… o castigando?

Peter apretó la mandíbula.

—¿Cuál es el punto de todo esto?

¿Rompernos antes de construirnos?

Sholan, que hasta entonces los había observado en silencio desde la sombra de un árbol de cerezo en flor, se levantó con lentitud.

Caminó hacia ellos.

—vengan conmigo, tomemos un corto descanso—dijo con calma.

Y los llevó a la sala de proyecciones de Villa Loriana.

Los sillones de cuero eran cómodos, pero nadie podía disfrutarlo.

El grupo estaba demasiado destrozado física y emocionalmente.

El ambiente era denso.

Silencioso.

Sholan habló con voz seria.

—Código “Archivo Extinción” —dijo con tono grave—.

—Autenticado —respondió Cortana.

—Advertencia —añadió Red Queen—: los contenidos a visualizar contienen imágenes de sufrimiento extremo, trauma emocional y combates de escala catastrófica.

Sholan miró a los cinco jóvenes con seriedad.

—Ustedes creen que lo que han vivido estos días es duro.

Pero esto… —hizo una pausa— esto es lo que significa ponerse de pie cuando el mundo se cae.

Quiero que vean lo que yo no le he contado ni siquiera a Wanda.

Lo que callé… La sala se oscureció.

Video 1: Sholan vs Satán El mundo en ruinas.

Cielos desgarrados.

Montañas volcadas como papel.

El Rey Demonio Satán flotaba en lo alto.

Una presencia que hacía temblar la realidad.

Su voz resonaba como un trueno: —¿Un simple mortal?

Eres solo polvo… Y allí estaba Sholan.

Sin ningún método de recuperación.

No tenía el lujo de usar las Semillas del Ermitaño ya que el enemigo no se lo permitía.

No había magia de curación.

Cada herida era definitiva.

Cada hueso roto, cada músculo desgarrado, permanecía así.

Los chicos vieron cómo el combate se extendía durante horas mientras se desataba literalmente el apocalipsis.

Cómo el cuerpo de Sholan se volvía cada vez más lento, más dañado.

Pero él no se detenía.

Lo vieron resistir cuando Satán le atravesó el costado.

Gritar cuando una pierna se le rompió completamente.

Seguir peleando.

Sangrando.

Casi ciego del agotamiento.

Y en el último instante, como uso la genkidama para aniquilar al príncipe de las tinieblas.

Cuando el cuerpo de Satán desapareció… Sholan no celebró.

Solo cayó… y no volvió a moverse por un buen tiempo.

Archivo 2: Sholan vs Vearn La imagen se encendió con una escena completamente diferente.

Wanda era atravesada por el poder oscuro de Vearn y caía al suelo con los ojos vacíos.

—¡WANDAAAAAA!

—gritó Sholan, una explosión de poder rugiendo a su alrededor.

—Esto… esto fue lo peor —susurró Sholan desde el fondo de la sala mientras sentía una ligera punzada en su cabeza—.

En ese momento… no quería vivir.

Lo que los chicos vieron fue desgarrador.

No fue solo poder.

Fue rabia, desesperación, locura.

Sholan se volvió bestia.

La tierra se abría con su voz al transformarse como Super Saiyan.

Cada golpe suyo al enemigo venía con un grito lleno de dolor impulsado por el duelo más profundo, por el miedo de perderlo todo.

Peter comenzó a llorar en silencio.

Jay desvió la mirada.

Evie y Mal se aferraban las manos.

Carlos apretaba los dientes con los ojos muy abiertos.

Archivo 3: Sholan vs Doomsday La pantalla tembló cuando Doomsday apareció.

Era la encarnación de la destrucción.

Cada golpe de ese monstruo quebraba la tierra.

Cada grito destruía edificios.

Y allí estaba Sholan.

El combate fue interminable.

Lo vieron caer.

Huesos rotos, músculos desgarrados, sangre en los ojos.

Y entonces, el sistema de emergencia: una Semilla del Ermitaño era consumida automáticamente.

Su cuerpo se regeneraba… y el ciclo se repetía.

—¡Otra vez!

—gritaba Sholan, con los brazos sangrando—.

¡No voy a caer… otra vez!

Una y otra y otra vez.

Cientos de veces.

Evie se tapó los oídos cuando vieron a Sholan ser atravesado por el brazo de Doomsday.

Mal sintió náuseas.

Jay bajó la cabeza.

Carlos no podía parpadear.

Peter… simplemente temblaba.

Sholan sufría, agonizaba, y se recuperaba.

Y nunca se rendía hasta el instante que logró acabar con Doomsday.

—– La pantalla se apagó.

La sala quedó en penumbras.

Peter, con los puños apretados, susurró: —¿Todo eso… por proteger a los demás?

Sholan no respondió.

Mal se levantó primero y junto con Evie lo abrazaron fuertemente sin decir nada.

Carlos no dejaba de mirar sus manos, temblorosas.

Jay tenía la mirada fija en el suelo, pensativo, tocándose el pecho.

—¿Por qué?

—dijo Peter—.

¿Por qué seguir?

¿Por qué no dejarlo todo?

—Porque si yo no lo hago… personas como ustedes morirían.

—La voz de Sholan fue un susurro, pero cayó como trueno.

—Las vidas de todos… valen más que mi sufrimiento.

Ese es el peso que llevo.

El que ustedes están empezando a cargar.

Todos callaron.

Carlos, con la voz quebrada, susurró: —No vamos a fallarte, Sholan.

—Ni a nosotros mismos —añadió Evie.

Sholan se giró.

Dio la espalda.

Y mientras salía de la sala, dijo: —Nos vemos mañana al amanecer.

El entrenamiento…

continua.

La segunda etapa del entrenamiento era forjar la resistencia del cuerpo, así que al día siguiente, los llevó a un terreno rocoso bajo una cúpula de contención creada por Wanda.

—Esta fase es simple —dijo Sholan—.

Deben resistir dolor real.

No ilusiones.

No magia.

Dolor puro.

Extendió su dedo.

—Aguja Escarlata.

Miles de luces rojas como diamantes se materializaron en el aire.

Eran finas, veloces y letales, y volaron directamente hacia ellos.

La técnica de Milo de Escorpio, adaptada por Sholan, no mataría… pero sí dolería.

Mucho.

Carlos gritó mientras sentía que le ardían los músculos.

Jay rodó por el suelo, tratando de esquivarlas.

Evie y Mal se cubrieron mutuamente.

Peter usó su cuerpo para proteger a Evie, recibiendo docenas en la espalda.

—¡AHH!

¡¿Por qué arden tanto?!

—gritó.

Sholan los observaba en silencio, evaluando cada reacción.

Sus cuerpos estaban siendo pulidos, rotos y reforjados.

Cada fibra regenerada se volvía más resistente.

Una semana después, podían caminar bajo la lluvia de agujas sin vacilar.

La tercera y última etapa del entrenamiento consistía en reforzar la mente.

La noche cayó como una cortina.

Bajo tierra, en una caverna sellada, Sholan los esperó con los ojos cerrados.

Cuando llegaron, les dio una sola instrucción: —Cierren los ojos.

Lo hicieron.

Entonces, Sholan usó su técnica El Puño Fantasma del fénix.

Oscuridad.

Y luego… los terrores personales.

Peter revivió la noche en que su tío Ben murió… una y otra vez.

Y luego, se vio perdiendo a Evie, solo, roto.

Mal vio la imagen de su madre dominándola, transformándola en una marioneta cruel.

Jay se vio huyendo de sí mismo, de su padre, de la responsabilidad.

Evie vio a Peter sangrando… y su propia mano empuñando la daga.

Carlos se vio a sí mismo muriendo, olvidado, invisible… sin saber por qué.

No era una ilusión.

Era el reflejo más oscuro del alma.

Y sin embargo… se mantuvieron firmes.

Después de tres días, abrieron los ojos… más fuertes, más templados, más ellos mismos.

— —Bueno chicos se lo ganaron, ahora beban los viales —dijo Sholan con una sonrisa sincera mientras colocaba las espadas frente a ellos.

Evie tomó su vial Shugod Kamikiri.

Su energía vibraba con precisión, como unas tijeras místicas que podían cortar incluso el destino.

Mal alzó el vial Shugod Papillion, sintiendo una ligereza mágica recorrer su cuerpo como si pudiera volar y renacer.

Jay sostuvo el Shugod Hachi, cuya fuerza y persistencia rugían en su pecho como un enjambre protector.

Carlos observó su vial Shugod Tombo.

Su luz era precisa, veloz, y… cálida.

Luego, alzaron las OhgerCalibur, que respondieron a sus manos como si siempre les hubieran pertenecido.

—Aún no pueden desatar todo su poder —aclaró Sholan—.

Pero ya están listos para lo que viene.

—Por cierto… los cuatro me pidieron esto antes.

Extendió su celular.

—Ya confirmaron su asistencia al prom.

Y necesitan un chaperón.

—¡Vamos!

¡Di que sí!

—gritó Mal.

— ~ Por favor ~ —dijo Evie poniendo ojos de cachorrito.

Sholan suspiró… vencido.

—Está bien.

Iré.

—– Felicia Hardy observaba la luna desde el balcón de su apartamento.

En su mano tenía una foto: ella de niña… junto a su padre.

—Un gran ladrón.

—Lo dijo en voz baja, como si al pronunciarlo, doliera menos.

Hace solo días había descubierto la verdad, su padre, su héroe era un ladrón de alto perfil.

Lo que la consolaba era Jay.

Desde que lo conoció en la escuela se hicieron inmediatamente amigos, Felicia desde un inicio se sintió atraída físicamente por él, con el tiempo se dio cuenta que él la entendía.

La escuchaba.

Y pasaban tiempo juntos.

Ella pensaba invitar a Jay al baile del prom hasta que se enteró que Mal le pidió ir con ella para evitar que los tontos pretendientes la atosigaran.

Jay, con una sonrisa, aceptó.

Felicia apretó la mandíbula ya que esto no le cayó nada bien.

—Está bien… iré con Ryan.

Se levantó de un salto del sofá y susurró: —¿Qué es lo peor que puede pasar?

La luna no respondió.

Pero el viento se llevó su pregunta… y la oscuridad se llevó la paz de su corazón.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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