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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 348

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  4. Capítulo 348 - 348 La Chica Que Cayó de Pie
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348: La Chica Que Cayó de Pie 348: La Chica Que Cayó de Pie Esa noche era tranquila en Villa Loriana, pero Felicia Hardy no lo estaba.

Sentada sola en uno de los sofás del jardín cubierto, sostenía una taza humeante de té entre sus manos.

Llevaba un conjunto cómodo, suelto, y el cabello recogido en un moño improvisado.

La brisa fresca acariciaba las enredaderas que trepaban por las columnas de piedra, y la fuente al fondo marcaba el silencio con su murmullo suave.

Entonces, Sholan apareció.

Caminó en silencio hasta ella.

Felicia no se giró.

No necesitaba hacerlo.

Ya sabía que era él.

—¿Estás bien?

—preguntó con calma.

—Podría estar peor —respondió ella, dando un pequeño sorbo—.

Pero no lo estoy, gracias a ti y a Jay.

Sholan asintió.

Se sentó a su lado sin decir más.

Durante unos segundos, solo los sonidos del jardín llenaron el espacio entre ellos.

—Ryan no volverá a molestarte jamás—dijo Sholan con calma.

—¿Qué le hiciste?

—preguntó ella sin rodeos, sin adornos.

Sholan no dudó.

—Le borré todos los recuerdos de lo que intentó hacerte esta noche.

No recordará la bebida, ni la intención, ni su propio deseo.

Felicia lo miró, en silencio.

Quería más.

Sholan lo supo.

—Y le quité algo más —continuó, con una voz firme y sin sombra de culpa—.

Ya no podrá volver a funcionar como hombre.

Nunca más.

Felicia entrecerró los ojos.

—¿Qué quieres decir?

Sholan la miró de frente, con la misma tranquilidad con la que alguien afirma que el sol saldrá mañana.

—Cada vez que quiera estar con una mujer… su cuerpo lo traicionará.

No sentirá nada.

No podrá hacer nada.

Felicia se quedó quieta.

—Eso es…

brutal.

—Eso es lo mínimo —respondió Sholan, sin levantar la voz—.

Por atreverse a ponerte en peligro por su propio egoísmo e inseguridad.

Ella bajó la mirada, el corazón latiéndole con fuerza.

No por miedo.

Por lo que significaba.

Por lo que alguien estaba dispuesto a hacer por ella una desconocida total.

—Gracias —susurró.

—No me des las gracias.

Solo recuerda esto —dijo él—: nadie puede obligarte a nada que no quieras hacer.

Felicia no respondió.

Solo asintió, con una sonrisa pequeña, y volvió a mirar hacia la fuente.

Más tranquila.

Más segura.

Más protegida.

Y por primera vez en mucho tiempo… menos sola.

— La tarde era tranquila en Villa Loriana.

El cielo, teñido de naranja, bañaba los pasillos de la mansión con una luz cálida y suave.

La brisa entraba por los ventanales abiertos, agitando levemente las cortinas.

A pesar del reciente susto, la atmósfera era serena.

Felicia estaba recostada en un sofá mullido, envuelta en una manta y con una taza de chocolate caliente entre las manos.

A su alrededor estaban los Descendientes, Wanda, Peter y Sholan.

Nadie decía nada al principio.

Todos la miraban con afecto y alivio.

—¿Te sientes mejor?

—preguntó Wanda, sentándose a su lado con una sonrisa dulce habiendo sido informada de lo que sucedió en el prom la noche anterior.

Felicia asintió lentamente.

—Física y emocionalmente…

sí.

Gracias a ustedes.

Pero tengo que confesar algo…

Todos la miraron.

Felicia desvió la mirada, sintiéndose un poco avergonzada.

—La verdad…

me sentí celosa de Mal.

Pensé que ella y Jay…

eran algo más.

Hubo un breve silencio… y luego Jay y Mal estallaron en carcajadas.

Felicia frunció el ceño, molesta.

—¡Oigan!

Jay levantó las manos, entre risas.

—Perdón, perdón, es solo que… ¡Mal es como mi hermana!

Vamos, crecimos juntos.

Hemos dormido en el mismo sofá, llorado juntos, robado manzanas juntos.

Nunca ha sido algo romántico.

—Lo que tenemos es familia —añadió Mal con una sonrisa suave, sentándose junto a ella—.

No te preocupes, Felicia.

No eres tonta por sentir lo que sentiste.

Te entiendo.

Wanda se agachó frente a Felicia y le tomó las manos con calidez maternal.

—Los celos pueden venir del miedo… del miedo a perder algo que ni siquiera sabemos si tenemos.

Pero lo importante es cómo te sientes ahora.

¿Lo ves más claro?

Felicia bajó la mirada, sonrojada.

—Sí… me siento algo tonta, pero también… agradecida.

Nunca había tenido a tantas personas a mi alrededor que se preocuparan tanto.

Entonces Sholan se adelantó.

Su voz fue suave, pero con esa firmeza que siempre le caracterizaba.

—Felicia… sé sobre tu padre.

Felicia se tensó.

—Sé que descubriste recientemente que era un ladrón profesional, un criminal de alto perfil —continuó él—.

Y también sé que eso te sacudió.

Que te hizo cuestionar quién eres.

Lo que vales.

Felicia asintió con los ojos ligeramente húmedos.

—Odié sentirme débil… tan…

tan vulnerable frente a Ryan.

Me sentí…

como si nada de lo que había aprendido sirviera de algo.

Sholan se agachó frente a ella.

—Escúchame bien.

Primero, ya borré los recuerdos de Ryan sobre lo que pasó.

No recuerda nada.

Segundo… le dejé un “regalito”.

Carlos se inclinó hacia adelante.

—¿Qué clase de regalito?

Sholan sonrió con una calma escalofriante.

—Digamos que usé All Fiction y eliminé su capacidad de abusar de cualquier mujer de forma permanente Jay, Peter y Carlos palidecieron.

—¿Lo…

dejaste…?

—susurró Peter.

Sholan solo respondió con una sonrisa mientras se volvió a Felicia y los chicos se cubrían la entrepierna con las manos.

—Pero ahora viene la verdadera pregunta.

¿Quieres el poder para que nunca más vuelvas a sentirte así?

¿Para protegerte a ti… y a los tuyos?

Felicia apretó los puños sobre su manta.

—Sí.

Sí lo quiero.

No quiero volver a sentirme así nunca más.

—Puedo dártelo —dijo Sholan—.

Pero hay un precio.

Ella lo miró con determinación.

—Necesito una espía —explicó él—.

Cortana es buena, pero hay cosas que no se pueden hackear.

Cosas que deben infiltrarse.

Recuperar.

Observar.

Necesito que seas mis ojos y oídos donde ella no llega.

Y para eso, necesito que vivas aquí, en Villa Loriana.

Como parte del equipo.

Felicia lo pensó por apenas dos segundos.

—Acepto.

Total… no tengo a nadie más.

Mi madre me abandonó hace años.

Mi familia está en otra ciudad.

Esto… esto ya se siente como un hogar.

Wanda la abrazó con ternura, igual que Mal.

Jay la tomó de la mano con cuidado.

—Bienvenida, espía gata —le dijo con una sonrisa.

En las semanas siguientes, Felicia comenzó su nuevo entrenamiento.

Jay la entrenaba en parkour y carterismo.

—Tú no vas a luchar de frente.

Vas a entrar, salir y desaparecer.

Como el viento.

O como…

un susurro en una joyería cerrada —bromeaba él.

Carlos se encargó de enseñarle habilidades computacionales.

—Necesitas saber hackear una puerta, un celular, un sistema de seguridad.

Porque lo que no abras con tus manos, lo abrirás con código.

Mal la guiaba en hechizos menores y encantamientos ilusorios.

—Solo lo suficiente para nublar cámaras o confundir sensores.

No necesitas ser una maga, pero sí una sombra con aroma de magia.

Evie, con una sonrisa coqueta, tomó su brazo.

—Y yo… te enseñaré algo igual de útil: cómo usar tu belleza para conseguir respuestas, atención y pasos claves.

Pero nunca cederás más de lo que tú quieras.

Serás un espejo, no un premio.

Felicia asintió a cada uno, absorbiendo todo como una esponja.

Por primera vez en mucho tiempo… sentía que tenía un propósito.

— Meses después una noche, sentada en la azotea de la mansión, Felicia observaba el cielo estrellado mientras se probaba su nuevo traje negro personalizado.

Ligero, flexible y elegante.

Sholan se acercó y se sentó junto a ella.

—¿Lista para tu primer misión?

Felicia sonrió con una chispa en los ojos.

—Nací para esto.

Y en su mente, lo supo con claridad: ya no era la chica rota por su pasado… era una mujer construyendo su futuro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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