Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 349
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- Capítulo 349 - 349 Entrevista con el Mephisto
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349: Entrevista con el Mephisto 349: Entrevista con el Mephisto Sholan apenas había terminado de subir el último escalón rumbo a su habitación.
La tenue luz del pasillo, cálida y familiar, bañaba los retratos colgados con cariño en las paredes de Villa Loriana.
El silencio nocturno envolvía todo como una manta reconfortante.
Se permitió un leve suspiro.
Por fin podría descansar.
Pero en el siguiente parpadeo, ya no estaba allí.
El murmullo suave de una cafetera automática reemplazó al silencio.
Música jazz instrumental flotaba en el aire, junto con el aroma a café recién hecho.
Las luces cálidas colgaban del techo como luciérnagas cautivas.
Estaba en una cafetería elegante, casi irreal, como sacada de un sueño…
o una trampa.
No hizo ni el más mínimo gesto externo, pero internamente, Sholan activó su modo de alerta máxima.
—Cortana, no digas ni hagas nada… quédate en silencio hasta que te lo ordene —susurró mentalmente.
Enseguida, abrió los Ojos del Infinito.
Y entonces lo supo.
El hombre que estaba sentado en la mesa frente a él no era ningún cliente casual.
Tez clara, barba oscura y poblada que se unía perfectamente al bigote, el cabello largo peinado hacia atrás cayéndole hasta los hombros.
Su camisa blanca tenía el cuello desabrochado, revelando parte de su pecho.
Encima llevaba una chaqueta de solapas oscura, con un patrón brocado de damasco que brillaba apenas bajo la luz ámbar del local.
Sus ojos, aunque parecían humanos, ardían con un poder antiguo, cruel y desalmado.
El Sistema fue claro: ✦ Entidad detectada: MEPHISTO.
✦Nivel de amenaza: CLASE DEMONÍACA SUPREMA.
✦ Recomendación: NO CAER EN NINGÚN TRATO.
NO ACEPTAR NINGUNA REALIDAD ALTERADA.
NO CONFIAR EN LA LÓGICA TRADICIONAL.
El demonio sonrió con tranquilidad, alzando una ceja mientras le indicaba con un leve gesto que tomara asiento frente a él.
—Qué bueno verte, Sholan.
Me preguntaba cuándo podríamos charlar sin interrupciones —dijo, con voz melosa y tono informal.
Sholan se sentó lentamente.
No desvió la mirada.
La mesa que los separaba era de mármol blanco.
Inocente a la vista.
Una trampa disfrazada de cortesía.
—Deja la farsa… Mephisto —soltó con frialdad.
El demonio parpadeó.
La sonrisa desagradable que se extendió por su rostro no fue fingida esta vez.
Estaba divertido… y molesto al mismo tiempo.
—Vaya, ni siquiera te tomaste un café antes de lanzarme la daga.
Me gusta eso.
Directo al grano.
—No vine por gusto.
Y tú lo sabes.
Mephisto entrelazó los dedos con elegancia sobre la mesa, tamborileando con los pulgares.
Su mirada, afilada y burlona, se clavó en la de Sholan.
—Entonces vamos a lo que vinimos.
Te propongo algo simple: tu alma a cambio de que deje en paz a tu familia.
Sin trucos.
Sin segundas vueltas.
Solo eso.
Sholan alzó una ceja.
—¿De verdad crees que soy idiota?
Mephisto se encogió de hombros, como quien juega a hacerse el inocente.
—Tienes cara de alguien con valores anticuados.
Los del tipo que se sacrificaría por amor.
—Sé perfectamente lo que buscas.
Y no es mi alma —respondió con tono seco.
—¿Ah, no?
—Mephisto sonrió como un niño travieso—.
Entonces, ilústrame, sabihondo.
Sholan no se movió.
Su voz fue cortante como acero: —Buscas el poder del Kingdom Hearts.
Y para eso necesitas a Evie, Mal, Carlos y Jay.
El efecto fue instantáneo.
La sonrisa del demonio desapareció.
Sus ojos chispearon con un odio ardiente, sus uñas se volvieron negras, y su voz se tornó ronca, más profunda: —¡INSOLENTE!
¡Miserable engendro entrometido!
¡Podría acabar contigo aquí mismo y llevarme sus cuerpos ante ti solo para verte suplicar!
Sholan no se inmutó.
—Y sin embargo… aquí estás.
Gritando como un actor malo, sentado frente a mí, sabiendo que no puedes hacer nada.
Se inclinó hacia adelante, con voz baja pero firme.
—Porque TOAA (The One Above All) nos está observando.
Y tú lo sabes.
Intenta levantar un dedo contra mí, y tu existencia sería borrada en un chasquido.
Él ya sabe sobre los chicos, y eso les da una capa de protección que tú no puedes romper.
Así que ladrar es lo único que puedes hacer aquí.
Mephisto apretó los dientes.
Su rostro volvió a su forma más humana, pero sus ojos ahora eran un pozo hirviente de frustración contenida.
—Bien, bien… —bufó—.
Si vamos a jugar sucio, entonces juguemos sucio.
Chasqueó los dedos.
Un remolino de sombras y fuego surgió al lado de la mesa.
Una figura se alzó del humo: alto, musculoso, cubierto de tatuajes arcanos.
Ojos sin pupilas, sonrisa retorcida, y una voz como si rompiera cadenas oxidadas.
—Has sellado un contrato al sentarte —dijo Mephisto con tono triunfante—.
Y eso invoca al Djinn de los Mil Engaños.
Te concederá tres deseos.
Pero cada uno viene con su trampa.
Y cuando el tercero se cumpla…
tu alma será mía.
Sholan no parpadeó.
—¿Así que es una trampa de nivel multiversal con cláusula de condena eterna?
—preguntó con fingido interés.
—Exactamente —respondió Mephisto, lamiéndose los labios.
El Djinn se cruzó de brazos.
—Habla, mortal.
Te escucho.
Sholan suspiró y miró al techo pensando a toda velocidad y sin que nadie lo notara haciendo uso de la librería del camino del cielo.
Después de lo que pareció solo un instante y con una sonrisa apenas perceptible, dijo en un solo respiro: —Muy bien.
Mi primer deseo es que hagas lo opuesto a mi segundo deseo, mi segundo deseo es que no me cumplas mi tercer deseo y mi tercer deseo es que ignores mi primer deseo.
El Djinn se congeló.
Un temblor eléctrico recorrió sus tatuajes.
—…espera… no… no puede ser… —murmuró con los ojos abiertos de par en par.
Empezó a revisar mentalmente las cláusulas del contrato.
Las energías de la lógica, la contradicción y el vínculo se entrelazaban en un bucle infinito e irresoluble.
Y entonces gritó: —¿¡QUÉ ACABAS DE HACER!?
¡ESTO NO ES UN CONTRATO MÁGICO, ES UN ACERTIJO DEL DEMONIO!
Su cuerpo empezó a descomponerse en fragmentos de luz púrpura y fuego negro.
La cafetería tembló.
Las tazas se resquebrajaron.
Las luces parpadearon como si lloraran.
El Djinn ancestral, cuyo nombre había sido temido durante eones por reinos enteros, explotó en mil pedazos, desintegrado por la contradicción lógica del deseo que no se podía cumplir ni ignorar sin romper las reglas del contrato.
Mephisto se levantó de golpe, furioso.
—¡Tú…
MALDITO ENGAÑADOR!
¡Te atreves a jugar!
¡Conmigo!
Sholan también se puso de pie.
—Aprendí del dios de las mentiras ¿Qué esperabas?
—dijo Sholan con una pequeña sonrisa.
En ese momento Sholan sintió un cambio en el aire solo perceptible para él.
—Bueno Mephisto, no fue un placer ver tu horrible cara —dijo con calma—.
Pero debo despedirme, la próxima vez será mejor que me enfrentes de frente ya que cuando nos veamos nuevamente solo uno de los dos saldrá con vida.
En ese momento, una columna de luz dorada descendió sobre él, pura y perfecta.
Mephisto retrocedió con un rugido, cubriéndose los ojos como si la presencia misma lo quemara.
Y Sholan desapareció en el fulgor, dejándolo solo, derrotado en su juego…
y rabioso.
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