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Fusión Omniversal: Un Saiyajin entre Marvel y DC - Capítulo 351

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  4. Capítulo 351 - 351 El análisis y la llave olvidada
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351: El análisis y la llave olvidada 351: El análisis y la llave olvidada La oficina del Dr.

Stephen Strange estaba en el piso 42 de un hospital privado de Manhattan, elegante, moderno y con más diplomas colgados en las paredes de los que alguien podría contar en un solo vistazo.

El aire olía a desinfectante caro, cuero nuevo y ego.

Sholan estaba sentado en una camilla de evaluación, sin moverse, mientras Stephen Strange terminaba de revisar los últimos resultados de la resonancia que él mismo había supervisado.

En su bata blanca, con los brazos cruzados, Strange mantenía esa expresión de seguridad absoluta que lo había hecho famoso tanto como sus manos: brillantes, firmes, infalibles.

—He revisado los resultados tres veces —dijo finalmente, sin mirar a Sholan—.

No hay daño físico, no hay malformaciones, ni tumores, ni lesiones.

El sistema nervioso está impecable.

Lo que sea que te esté afectando… es mental.

Sholan asintió, sin sorprenderse.

—Entonces no es físico.

—Claramente no —replicó Strange, levantando finalmente la mirada—.

Aunque si viniste hasta aquí creyendo que tus “bloqueos mentales” se resolverían con una pastilla o una operación, me temo que malgastaste tu tiempo.

Pero bueno, eso les pasa a muchos que creen que el dinero puede comprar una mente estable.

Sholan lo observó sin inmutarse.

—No vine buscando respuestas fáciles, doctor.

Vine por confirmación.

Y la tengo.

Del bolsillo interior de su chaqueta, Sholan sacó una tarjeta negra con una inscripción dorada.

Se la tendió con calma.

—Aquí está mi información de contacto.

Si algún día necesitas ayuda… o quieres conocer el otro lado de la realidad.

Strange ni siquiera hizo el ademán de tomarla.

—¿Crees que no tengo ya demasiados contactos influyentes?

Sholan se inclinó apenas hacia adelante, con voz firme: —¿Eres tan tonto como para rechazar una tarjeta de alguien con acceso directo a Tony Stark, Steve Rogers… y recursos que harían babear a cualquier médico de este país?

Stephen la tomó sin decir palabra.

Sholan sabía que el destino del Dr.

Stephen Strange acababa de entrar en movimiento.

Lo sintió.

Como si una puerta silenciosa se hubiese abierto en ese instante, solo perceptible para quienes escuchaban más allá del tiempo.

Salió de la oficina sin mirar atrás.

— La brisa tibia del Himalaya en Kamar-Taj le acariciaba el rostro.

El incienso flotaba en el aire como una fragancia ancestral que cruzaba las eras.

El silencio del lugar no era solo físico, era espiritual.

Sholan se encontraba de pie frente a la Ancestro, quien meditaba sobre una roca flotante.

Ella abrió los ojos y lo recibió con una leve sonrisa.

—Sholan.

—Ancestro —respondió él, inclinando la cabeza con respeto.

—Has venido con una inquietud.

El eco de tu alma viajó antes que tú.

Sholan se sentó frente a ella, sobre una roca igual de austera.

—Dormammu ya no es una amenaza.

Pero el enemigo esta vez… es otro.

—Mephisto —dijo ella sin que él lo mencionara.

Su voz fue grave, más densa que de costumbre.

—Sí.

Hace poco “hablé” con él.

Me ofreció un trato, pero su juego era otro.

Y aunque logré frustrarlo… me quedó claro que en mi estado actual no podría derrotarlo si quisiera pelear contra mí en serio.

La Ancestro lo miró por un largo momento, como si lo estuviera observando a través de él, más allá de las formas visibles.

—Hay algo que te frena.

Sholan asintió.

— Un muro mental, no físico.

Ya lo confirmé con Strange.

Pero es más que una barrera… es una jaula.

No puedo ver qué hay del otro lado, ni con los Ojos del Infinito.

La Ancestro cerró los ojos.

Inspiró.

—Gracias a los Señores del Orden y del Caos, se me permitió ver un pequeño fragmento de tu camino.

No una visión… un rastro.

Y ese rastro me mostró una caja.

Sholan reaccionó de inmediato.

—¿La caja de la maldición?

Sacó de su inventario una pequeña caja negra, cubierta de inscripciones cambiantes, que parecía mutar su textura con cada movimiento.

—¿Es esta?

La Ancestro asintió.

—Sí.

Esa.

Sholan la colocó frente a él.

La miró por unos segundos… y entonces la abrió.

Un resplandor antiguo emergió, no brillante, sino tenue.

Dentro, una llave de dungeon, antigua, oxidada, marcada por el tiempo y el uso.

En su costado, aún se podían leer fragmentos del nombre, desgastados: Di – yru – rore Pero lo que lo inquietó no fue eso… sino los tres símbolos que la acompañaban: El primer símbolo con dos formas onduladas que se entrelazaban y se superponían.

El segundo símbolo que son tres medias lunas dispuestas en triángulo, con los lados curvos hacia afuera.

El tercer símbolo eran tres semicírculos concéntricos en forma de onda expandiéndose hacia afuera.

Algo se removió dentro de él.

Eso lo había visto antes.

Pero el recuerdo estaba fuera de su alcance.

Envuelto en la neblina del muro.

Quiso activarla… concentró energía en ella.

Nada.

La llave no respondió.

—¿Está dañada?

—preguntó con frustración.

La Ancestro negó con calma.

—No.

Al parecer la caja te dio lo que necesitabas.

Y en este momento, no necesitas usar esa llave.

Sholan bajó la llave y la guardó en su inventario, cerrando los ojos con un suspiro.

—Entonces debo seguir con esto… seguir intentando.

—Sí —dijo la Ancestro—, pero no entregues todo tu tiempo al muro.

El exceso de urgencia te hará vulnerable.

Apóyate en tu familia, Sholan.

Y en los chicos nuevos.

Ellos pueden ayudarte más de lo que imaginas.

Él asintió con respeto.

—Gracias, Ancestro.

Enviaré a varios de ellos a Kamar-Taj.

Necesitan fortalecerse.

Lo que viene… será peor que todo lo anterior.

— La familia estaba reunida.

Wanda, Peter, Felicia, Evie, Jay, Carlos, Mal… todos estaban allí, sentados alrededor de la mesa en Villa Loriana.

Sholan se puso de pie.

—Hoy necesito contarles algo importante.

Hace poco tuve una pequeña confrontación con Mephisto.

Una ola de incomodidad recorrió la sala ya que todos sabían gracias a Sholan que él fue el causante de todo lo que pasó con Auradon y La Isla de los Perdidos.

—No peleamos.

Pero sí nos medimos.

Y entendí algo, él va a venir por nosotros.

No sabemos cuándo… pero lo hará.

Y no estaremos listos si seguimos como estamos.

Se hizo silencio.

—Por eso he decidido que el resto del verano… será de entrenamiento.

Real, profundo.

Por separado.

Con propósitos específicos.

—¿Y nosotros?

—preguntó Mal.

—Ustedes tres —dijo mirando a Mal, Carlos y Felicia— van a Kamar-Taj.

Carlos tragó saliva.

—¿Con monjes?

—Con hechiceros, y con personas que entienden cómo se enfrenta lo intangible.

Ustedes tres tienen potencial… pero deben aprender a ver lo que no se muestra.

Mal y Felicia intercambiaron miradas.

Jay simplemente asintió, entendiendo.

—Este no es solo un entrenamiento —continuó Sholan—.

Es parte de un camino para que todos tengamos una oportunidad de sobrevivir lo que viene.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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